Convivencia de religiones

Ni el uno apóstata, ni el otro suicida, sino nuevo bautismo para los dos

15.02.17 | 23:41. Archivado en Japón, Compañía, Iglesia católica

También Sebastián y Francisco, en "Silencio" de Scorsese son mártires, testimonios de bautismo y muerte salvadores.

Fui a ver “Silencio” por tercera vez, acompañado por unos amigos japoneses, un matrimonio joven de antiguos alumnos míos en la universidad Sophia. No son católicos, pero están familiarizados con lo cristiano por su contacto con jesuitas. Quería conocer su reacción espontánea ante la proyección de los martirios y torturas. Por eso guardé silencio , para no condicionar su interpretación con la mía.

A la salida del cine, hacia la cafetería, caminábamos los tres sin decir palabra. Silencio japonés significativo. Como si los tres presintiéramos que cualquier comentario precipitado estropearía la impresión con que nos ha tocado hondo el impacto de las escenas martiriales.

Sentados ya a la mesa, tras el primer sorbo de té, dice mi amigo: Yahari yokatta , que significa,”Muy bien, por supuesto, me gustó...”.

¿Y a tí también?, digo dirigiéndome a su mujer. “Sí, mucho, me ha emocionado”, dice ella, y añade: “... Sasuga, ano futari... Aquellos dos misioneros hicieron lo que propio de ellos...” “(Sasuga significa “como era de esperar”, ano futari significa “aquellos dos”. Sin duda se refiere a Sebastián y Francisco, los dos protagonistas)

“Precisamente sobre esos dos quería yo saber vuestra reacción”. “ ¿Cuál de los dos...?”, digo sin acabar la frase, con ambiguedad japonesa.

A lo que responde él: “Los dos sufren y les cuesta dar el paso que dan”.

Y añade ella: “Los dos están dando la vida tirándose al agua para salvar a otros”

(En japonés, al pie de la letra, mi wo nagedasu significa “arrojar la propia persona”, es decir, arriesgar la propia vida dándola como quien se tira al agua desde un trampolín).

Tienes razón, Teruko-san, los dos dan la vida. Dices bien, Iwao san, los dos sufren al dar ese paso. Yo también le he percibido así. Creo que los tres hemos captado la genialidad de Scorsese al filmar en cámara lenta a Sebastián pisando el icono, en paralelismo con la escena de Francisco arrojándose al agua, mientras grita que lo lleven a él para ahogarlo en lugar de los que iban a ser martirizados. Más aún, la imagen de Sebastián, boca abajo en el suelo después de pisar, puede parangonarse con la del cadáver de Francisco, al salir a flote.

Me satisfizo comprobar que mis amigos, antiguos alumnos, habían captado intuitivamente el mismo vínculo de motivación que aúna dos opciones diferentes. Merecía la pena esforzarse en clase por aprender la ética del amor en situación, para poder vivir y convivir desviviéndose por los demás...

Hasta aquí mi comentario en torno a la charla con mis amigos japoneses. Pero mi lectura de la obra maestra de Scorsese va mucho más lejos, prolongando su intuición en una reflexión teológica, con la que no era oportuno fatigarles a ellos en aquel momento. Mi lectura en clave teológica de las dos escenas mencionadas es la siguiente.

Francisco no es un mártir suicida, al elegir ofrecerse como víctima en lugar de otros (como haría en otro caso, por ejemplo, el P. Maximiliano Kolbe )
Sebastián no es un “apóstata al pie de la letra” (ni rechaza creencias, ni rechaza a Cristo), sino hace una opción de morir a sí mismo de algún modo redentor.

Francisco y Sebastián se sumergen en un agua de bautismo, muerte y resurrrección.

Si en las escenas de los mártires crucificados, el oleaje de la marea protagonizaba el mensaje bautismal de muerte y ascensión, también la curva cóncava en cámara lenta de la caída de Sebastián sobre el icono (caída en la que pisar se torna abrazo), en el momento siguiente se hace plana sobre el suelo para pasar a convexa y elevarse conectando en el plano inmediatamente siguiente con el alzar del brazo que da la orden de elevar a los mártires colgados para liberarlos.

Sebastián no pisa el icono para librarse de torturas, ni lo pisa para quejarse del silencio divino. Lo pisa abrazando al crucificado, dejándose bautizar, es decir, morir con él para conseguir así liberar de sus cruces a los otros crucificados.

En japonés la apostasía se llama haikyô (que significa “dar la espalda a la creencia”) o kikyô (que significa “tirar o desechar la creencia”). Pero de los cristianos que pisaron el icono se dice que “cayeron tropezando” (en japonés, koronda) La ambigüedad del verbo korobu (tropezar y caer) abre la puerta a lecturas diferentes: ¿caer en pecado escandalizando o caer abrazando compasivamente al “Caído y Pisoteado” para unirse a su acción redentora que libra los que iban a ser ejecutados?...

Creo que Scorsese, con la hondura de estas escenas, ha superado al fin la “última tentación”. En el caso de su película La última tentación, tanto el público que le acusaba de blasfemo como quienes le alababan la originalidad, no percibían el enigma del silencio de Dios vivido por el mismo Cristo. Pensaba la gente que la tentación era Magdalena. Pero la última tentación para Jesús era la tentación de bajarse de la cruz (Véase Lc 4, 13: relacionado con Lc 22, 41-46)

Esta vez Scorsese no oculta que Jesús es el primero en angustiarse en la pasión ante el silencio de Dios. Ese Cristo no es un Pantocrator dominador, amenazante y exclusivista (que hubiera dicho: “prohibido pisarme”), sino un Cristo redentor y misericordioso (que dice: “puedes pisarme, que para eso he venido, para dejarme pisar y que puedan ser así desclavados de sus cruces otros crucificados”).

Esto es reconfortante para quienes creemos en Jesucristo, no porque nos resuelva el problema teórico del mal, ni porque nos resuelva el problema existencial del silencio de Dios, sino a pesar de que no los resuelva racionalizándolos, sino haciéndonos capaces de quedarnos junto con él en silencio ante el misterio y sumergirnos en el bautismo y éxodo pascual de muerte y resurrección liberadoras.

La última escena, con la serenidad y paz profunda que sugiere la despedida de la esposa, nos lleva de nuevo al mundo de lo misericordioso y maternal: la tinaja que sirve de féretro evoca un útero maternal y la esposa introduce discreta y silenciosamente en su interior la cruz que Sebastián ha conservado a escondidas. Este epílogo es una ascensión, como también en el pórtico de la película, con los tres jesuitas bajando y subiendo a la vez aquellas escalinatas, jugaba con la imagen de la ascensión: subir hacia abajo para llenarlo todo (cf. Ef 4, 10). Obertura y final han marcado el mismo ritmo que la escena del clímax, en la que caer tropezando es caer abrazandoy caer hacia arriba, sumergirse bautismalmente para ascender pascualmente...


P.Arturo Sosa: cultura común jesuita del discernimiento

14.10.16 | 15:17. Archivado en Compañía, Iglesia católica

En la página web de la Curia jesuita en Roma se ha seguido día a día el desarrollo de la 36 Congregación General. En ella se nos informaba la semana pasada que la Congregación , ejerciendo su derecho a cambiar el orden de proceder, había decidido retrasar unos días la elección para disponer de más tiempo para conocerse sus participantes.

Lo comentaba en uno de los videoclips con estas palabras el P. Arturo Sosa Abascal, que ahora ha sido elegido como como sucesor del P. Adolfo Nicolás.

“Como ven ustedes, aquí tenemos todo un pluralismo cultural, están reunidos jesuitas de más de cien países, que traen todos unos bagajes culturales muy diversos. Pero hay una cultura común que todos comparten; el discerminiento aprendido en los Ejercicios Espirituales de san Ignacio. Lo acabamos de poner en práctica al decidir el orden de proceder estos días y, fíjense qué interesante, lo pronto que alcanzamos unanimidad”.

Hoy, al conocer la noticia de la elección, me apresuré a escuchar de nuevo el videoclip, que anticipaba, como guiño del Espíritu, el retrato de quien toma el testigo en la carrera postconciliar de relevos: de Arrupe a Kolvenbach y de Kolvenbach a Nicolás, inseparables mística y política, indisociables fe y justicia, hoy más que nunca cuando en la cultura común del discernimiento se abrazan Arturo y Francisco...


De Arrupe a Nicolás, por Benedicto

16.11.08 | 02:06. Archivado en Compañía

Viendo la exposición del bicentenario del Conde de Floridablanca los jesuitas sienten ambivalencia ante José Moñino y Redondo (1728-1808), sabiendo su papel en la expulsión de la orden por Carlos III (1767), y su influjo como embajador para conseguir del Papa la supresión de la Compañía (1773).

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Cincuenta años en la Compañía de Jesús

13.09.08 | 06:38. Archivado en Compañía

Me permito contestar a través del blog (ante la dificultad de hacerlo uno por uno personalmente), para agradecer a quienes me han felicitado con motivo de mis bodas de oro en la Compañía de Jesús, animándome para los años restantes de vida.

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Sexualidad, celibato y Evangelio (3)

13.03.08 | 20:06. Archivado en Compañía, Religion y sociedad

Prosigue la entrevista. Ahora la periodista dispara con bombas de racimo y pregunta: “¿Cree que es compatible una vocación como la suya con una vida sexual de pareja? Si la Iglesia lo permitiera, sería en su caso una opción a contemplar?”

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Afrontar riesgos o evitar peligros

05.02.08 | 13:30. Archivado en Compañía, Religion y sociedad

Son dos talantes distintos; el talante miedoso de “profetas de desastres” (como fue en sus días el cardenal Ottaviani, o sus sucesores actuales, algunos más pesimistas aunque mucho menos conspicuoss que él) y el talante audaz de “escuchar y otear los signos de los tiempos” (como hicieron en sus días Juan XXIII, Suenens, Lercaro, Tarancón, Díaz Merchán, Jubany y tantos otros después como Martini y un larguísimo etcétera, en el que últimamente faltan nombres españoles).

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Tres visiones complementarias: Ratzinger, Kolvenbach, Nicolás

27.01.08 | 03:30. Archivado en Compañía

La dogmática-sistemática de Ratzinger, la lingüística de Kolvenbach y la socio-pastoral de Nicolás son complementarias. Si Ratzinger es comunión y Kolvenbach comunicación, Nicolás es mediación (esa palabra tan típica de la filosofía de Paul Ricoeur).

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En vez de "marines del Papa", "colegas de Jesús"

27.10.07 | 02:35. Archivado en Compañía

Atinado el reportaje (El País, 10-X) sobre jesuitas. La Compañía podría firmar su 99 por ciento, con otro títular. “Marines” huele a “guerra preventiva” y, por tanto, “tufillo de Satanás”: como diría Ignacio, “cola serpentina”. Mejor “colegas” del Jesús que trajo esperanza y liberación a oprimidos y opresores, al precio de ser ajusticiado por el orden política y religiosamente “correcto”.

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Jesuitas en turno de noche

23.10.07 | 07:25. Archivado en Compañía, Justicia y paz

Reunidos un grupo de jesuitas para orar juntos y discernir los signos de los tiempos de cara a la misión de la Compañía en el mundo actual, llegamos a la conclusión de que se nos pide “estar despiertos” (Lc 12, 35), como en turno de noche, aguardando en esperanza en puestos fronterizos “como espera la aurora el centinela” (Ps 129-130-).

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