Convivencia de religiones

Obispos japoneses con Amoris laetitia (antes y después)

13.03.17 | 05:31. Archivado en Japón, Iglesia católica

Lo dijeron en 2001. Lo repiten en 2017.

(Antes, en y después de dada a luz Amoris laetitia.

“Cuando, tras lamentar un divorcio, se produce el encuentro con una nueva pareja, la iglesia ha de estar cercana y acogedora para apoyar a los cónyuges que emprenden un nuevo camino para rehacer su vida. La iglesia, que les acompañó con corazón de madre durante el recorrido de preparación prematrimonial, desea seguir acompañándoles en el nuevo camino y estar cercana como comunidad con la que consulten sus pesares y ansiedades. Es misión de la iglesia proporcionar nueva luz y esperanza,acogiendo a cualquier persona sin excluirla, sea cual fuere su pasado”.

Estas palabras, corroboradas por una cita del n. 242 de Amoris laetitia, son el colofón de los párrafos dedicados al amor, matrimonio y divorcio, en la carta pastoral Mirada de Dios sobre la vida (en japonés, Inochi he no manazashi) , publicada al comienzo de esta Cuaresma de 2017 por el episcopado japonés, que la firmó por total unanimidad el 1 de enero de 2017, Jornada mundial por la paz.

No es la primera vez que lo afirman. En realidad, esta carta pastoral es una reedición, en versión corregida, aumentada y actualizada, de la que, con el mismo título, hicieron pública en 2001 para tratar a comienzo del nuevo milenio las cuestiones del amor, la familia y la ética de la vida.

(Una presentación de aquella carta pastora, en: Homenaje a Javier Gafo, por la Catedra de Bioética de la UPComillas, 2002, "Boética y fe según el episcopado japonés", pp.947-958)

Aquella carta, en la que adoptaban una postura positiva, acogedora y abierta, a la vez que responsable, ante las cuestiones de sexualidad, bioética, natalidad, etc, se difundió con diez reimpresiones y diez mil ejemplares durante la primera década del siglo, algo inédito e inaudito en el caso de documentos oficiales del episcopado en este país...

En la versión actual reiteran lo que dijeron entonces sobre familia o sobre ecología, pero ahora lo hacen citando al Papa Francisco en Laudato si y Amoris laetitia.

El cardenal Shirayanagi (q.e.p.d, de agradecida memoria) fue uno de los pocos obispos que se atrevió a pedir, en el Sínodo sobre la familia, de 1980, alguna de las reformas hoy favorecidas por el Sínodo de 2015 y por el Papa Francisco, pero que solo tuvieron un eco tímido y minimalista en el n. 84 de Familiaris consortio (Juan Pablo II), obsesionado con la cuestión de la participación en los sacramentos (un pseudoproblema superado hace tiempo en la práctica pastoral, y hoy al fin superado en la enseñanza oficial eclesiástica después del último Sínodo).

Los obispos japoneses, en la versión de 2017, reiteran una de las afirmaciones más fuertes de su carta del 2001 (la novedad es que lo hacen citando a pie de página los nn. 242 y 299 de Amoris laetitia) :

Su preocupación pastoral como obispos les lleva a decir así, sin tapujos:

"Nosotros tenemos que reconocer, arrepintiéndonos, que la iglesia se ha venido comportando hasta hace poco más bien como juez que como madre, por lo que se refiere a las personas que no han podido salvar su matrimonio. Pero hoy pensamos que se debe acoger y abrazar cálidamente, como hizo Jesucristo, el sufrimiento de las personas, y que debemos apoyarlas y animarlas, acompañándolas en el camino para rehacer de nuevo su vida”. (n. 34, pag. 61 del texto oficial japonés)


Del proselitismo al silencio: cristiandad protegida y cristianismo perseguido

04.03.17 | 16:57. Archivado en Japón, Iglesia católica

El filme reciente de Scorsese (Silencio, 2017) y su trasfondo en la novela Silencio (1966), de Endô Shûsaku (1923-1996), invitaban a reflexionar sobre el conflicto interior de la fe puesta a prueba en la encrucijada de “martirios y apostasías”. (cf. mis dos posts anteriores).

Pero el examen de conciencia sobre la memoria histórica del cristianismo misionero en sus encuentros y desencuentros con otras cuturas y religiones, aconseja reconocer honestamente las ambigüedades de la misión cristiana cuando la propagación de la fe olvida el respeto a las culturas, confunde la evangelización con el proselitismo y, en el peor caso, se deja utilizar por intereses colonizadores.

Historiadores católicos acredItados como el investigador J. Schütte, especialista sobre san Francisco Javier, han reconocido las ambigüedades de la cristiandad japonesa protegida por gobiernos locales de daimyös regionales con anterioridad al rechazo del cristianismo por parte de las políticas de expulsión de misioneros, prohibición del cristianismo y persecución de los cristianos (1587,1597 y 1612).

Cuando, en 1580, el daimyô (gobernador) cristiano Omura Sumitada cede el puerto de Nagasaki a los jesuitas, crece la situación de cristiandad protegida en algún área de Japón.

En 1587, Toyotomi Hideyoshi promulga decretos controladores de la práctica cristiana y de expulsión de misioneros extranjeros. Se pasa de la situación de cristiandad protegida a la era del cristianismo perseguido, que culmina en el edicto de Tokugawa Ieyasu, en 1612, una de las marcas del aslacionismo japonés durante más de dos siglos

Los historiadores han constatado actos de agresividad misionera y violencia contra la cultura y religión locales por parte de cristiandades en las que la conversión al cristianismo del señor feudal había conllevado conversiones en masa de sus súbditos.

Por ejemplo, en la década siguiente a la conversión del gobernador de Omura (actualmente provincia de Aichi), se registra un aumento de cuarenta mil bautizados y del número de iglesias hasta ochenta y siete, a la vez que se citan actos de destrucción de templos budistas o sintoistas en 13 aldeas de dicha provincia. Este caso es solo una muestra entre la decena de ejemplos que leemos en el Archivum Romanum Societatis Iesu.

Estos hechos son de la década anterior al decreto citado de 1587, en que se critica al cristianismo diciendo que “acercarse al pueblo de nuestras provincias y distritos y convertirlos en sectarios cristianos, hacerles destruir los santuarios de sus divinidades y los templos de los budas es algo inaudito...”

Hoy día nos resulta inconcebible esta intolerancia exclusivista. Pero los europeos del siglo XVI, aunque no tuvieran la facilidad de comunicar rápidamente navegando por nuestras redes mediáticas, sí tenían acceso a la información sobre aquel proselitismo intolerante a través de las cartas de misioneros.

Un reflejo de esa mentalidad en el arte religioso: la estatua inmensa conocida con el nombre de “Triunfadora sobre los ídolos”, que contemplamos en la iglesia del Gesú, en Roma, junto al altar de san Ignacio. Es una imagen de María pisando una serpiente y unos libros paganos. La inscripción reza así: “Camis, Fotoques, Amidas, Xacas
(Es decir, divinidades sintoistas,Kami;Budas; el Buda Amida y el Buda Shakamuni"

Pero el problema del proselitismo exclusivista no se reduce a episodios del pasado. En plena actualidad, y en el contexto de la llamada a una nueva evangelización, los obispos japoneses se han visto confrontados con la irrupción en la iglesia japonesa desde España, Filipinas o Brasil de grupos –supuestamente evangelizadores-, enviados por nuevos movimientos eclesiales (con etiquetas de “carisma”, “catecumenado” “neo-espiritualidad” etc.,.) con características de proselitismo fanático, exclusivismo eclesiástico e intolerancia dogmática y rechazo de la cultura, a la vez que rechazo de las directrices del Concilio Vaticano II.

Otra es la orientación del Papa Francisco, en su carta La Alegría del Evangelio: “Que la predicación del Evangelio, expresada con categorías propias de la cultura donde es anunciado, provoque una nueva síntesis con esa cultura”(Evangelii gaudium, 129).

“No podemos pretender los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia” (id., 118) .


Ni el uno apóstata, ni el otro suicida, sino nuevo bautismo para los dos

15.02.17 | 23:41. Archivado en Japón, Compañía, Iglesia católica

También Sebastián y Francisco, en "Silencio" de Scorsese son mártires, testimonios de bautismo y muerte salvadores.

Fui a ver “Silencio” por tercera vez, acompañado por unos amigos japoneses, un matrimonio joven de antiguos alumnos míos en la universidad Sophia. No son católicos, pero están familiarizados con lo cristiano por su contacto con jesuitas. Quería conocer su reacción espontánea ante la proyección de los martirios y torturas. Por eso guardé silencio , para no condicionar su interpretación con la mía.

A la salida del cine, hacia la cafetería, caminábamos los tres sin decir palabra. Silencio japonés significativo. Como si los tres presintiéramos que cualquier comentario precipitado estropearía la impresión con que nos ha tocado hondo el impacto de las escenas martiriales.

Sentados ya a la mesa, tras el primer sorbo de té, dice mi amigo: Yahari yokatta , que significa,”Muy bien, por supuesto, me gustó...”.

¿Y a tí también?, digo dirigiéndome a su mujer. “Sí, mucho, me ha emocionado”, dice ella, y añade: “... Sasuga, ano futari... Aquellos dos misioneros hicieron lo que propio de ellos...” “(Sasuga significa “como era de esperar”, ano futari significa “aquellos dos”. Sin duda se refiere a Sebastián y Francisco, los dos protagonistas)

“Precisamente sobre esos dos quería yo saber vuestra reacción”. “ ¿Cuál de los dos...?”, digo sin acabar la frase, con ambiguedad japonesa.

A lo que responde él: “Los dos sufren y les cuesta dar el paso que dan”.

Y añade ella: “Los dos están dando la vida tirándose al agua para salvar a otros”

(En japonés, al pie de la letra, mi wo nagedasu significa “arrojar la propia persona”, es decir, arriesgar la propia vida dándola como quien se tira al agua desde un trampolín).

Tienes razón, Teruko-san, los dos dan la vida. Dices bien, Iwao san, los dos sufren al dar ese paso. Yo también le he percibido así. Creo que los tres hemos captado la genialidad de Scorsese al filmar en cámara lenta a Sebastián pisando el icono, en paralelismo con la escena de Francisco arrojándose al agua, mientras grita que lo lleven a él para ahogarlo en lugar de los que iban a ser martirizados. Más aún, la imagen de Sebastián, boca abajo en el suelo después de pisar, puede parangonarse con la del cadáver de Francisco, al salir a flote.

Me satisfizo comprobar que mis amigos, antiguos alumnos, habían captado intuitivamente el mismo vínculo de motivación que aúna dos opciones diferentes. Merecía la pena esforzarse en clase por aprender la ética del amor en situación, para poder vivir y convivir desviviéndose por los demás...

Hasta aquí mi comentario en torno a la charla con mis amigos japoneses. Pero mi lectura de la obra maestra de Scorsese va mucho más lejos, prolongando su intuición en una reflexión teológica, con la que no era oportuno fatigarles a ellos en aquel momento. Mi lectura en clave teológica de las dos escenas mencionadas es la siguiente.

Francisco no es un mártir suicida, al elegir ofrecerse como víctima en lugar de otros (como haría en otro caso, por ejemplo, el P. Maximiliano Kolbe )
Sebastián no es un “apóstata al pie de la letra” (ni rechaza creencias, ni rechaza a Cristo), sino hace una opción de morir a sí mismo de algún modo redentor.

Francisco y Sebastián se sumergen en un agua de bautismo, muerte y resurrrección.

Si en las escenas de los mártires crucificados, el oleaje de la marea protagonizaba el mensaje bautismal de muerte y ascensión, también la curva cóncava en cámara lenta de la caída de Sebastián sobre el icono (caída en la que pisar se torna abrazo), en el momento siguiente se hace plana sobre el suelo para pasar a convexa y elevarse conectando en el plano inmediatamente siguiente con el alzar del brazo que da la orden de elevar a los mártires colgados para liberarlos.

Sebastián no pisa el icono para librarse de torturas, ni lo pisa para quejarse del silencio divino. Lo pisa abrazando al crucificado, dejándose bautizar, es decir, morir con él para conseguir así liberar de sus cruces a los otros crucificados.

En japonés la apostasía se llama haikyô (que significa “dar la espalda a la creencia”) o kikyô (que significa “tirar o desechar la creencia”). Pero de los cristianos que pisaron el icono se dice que “cayeron tropezando” (en japonés, koronda) La ambigüedad del verbo korobu (tropezar y caer) abre la puerta a lecturas diferentes: ¿caer en pecado escandalizando o caer abrazando compasivamente al “Caído y Pisoteado” para unirse a su acción redentora que libra los que iban a ser ejecutados?...

Creo que Scorsese, con la hondura de estas escenas, ha superado al fin la “última tentación”. En el caso de su película La última tentación, tanto el público que le acusaba de blasfemo como quienes le alababan la originalidad, no percibían el enigma del silencio de Dios vivido por el mismo Cristo. Pensaba la gente que la tentación era Magdalena. Pero la última tentación para Jesús era la tentación de bajarse de la cruz (Véase Lc 4, 13: relacionado con Lc 22, 41-46)

Esta vez Scorsese no oculta que Jesús es el primero en angustiarse en la pasión ante el silencio de Dios. Ese Cristo no es un Pantocrator dominador, amenazante y exclusivista (que hubiera dicho: “prohibido pisarme”), sino un Cristo redentor y misericordioso (que dice: “puedes pisarme, que para eso he venido, para dejarme pisar y que puedan ser así desclavados de sus cruces otros crucificados”).

Esto es reconfortante para quienes creemos en Jesucristo, no porque nos resuelva el problema teórico del mal, ni porque nos resuelva el problema existencial del silencio de Dios, sino a pesar de que no los resuelva racionalizándolos, sino haciéndonos capaces de quedarnos junto con él en silencio ante el misterio y sumergirnos en el bautismo y éxodo pascual de muerte y resurrección liberadoras.

La última escena, con la serenidad y paz profunda que sugiere la despedida de la esposa, nos lleva de nuevo al mundo de lo misericordioso y maternal: la tinaja que sirve de féretro evoca un útero maternal y la esposa introduce discreta y silenciosamente en su interior la cruz que Sebastián ha conservado a escondidas. Este epílogo es una ascensión, como también en el pórtico de la película, con los tres jesuitas bajando y subiendo a la vez aquellas escalinatas, jugaba con la imagen de la ascensión: subir hacia abajo para llenarlo todo (cf. Ef 4, 10). Obertura y final han marcado el mismo ritmo que la escena del clímax, en la que caer tropezando es caer abrazandoy caer hacia arriba, sumergirse bautismalmente para ascender pascualmente...


Misioneros bautizados por inmersión en "Silencio"

03.02.17 | 08:53. Archivado en Japón, Iglesia católica

También Sebastián y Francisco son mártires, testimonios de bautismo y muerte salvadores.

Fui a ver “Silencio” por tercera vez, acompañado por unos amigos japoneses, un matrimonio joven de antiguos alumnos míos en la universidad Sophia. No son católicos, pero están familiarizados con lo cristiano por su contacto con jesuitas. Quería conocer su reacción espontánea ante la proyección de los martirios y torturas. Por eso guardé silencio , para no condicionar su interpretación con la mía.

A la salida del cine, hacia la cafetería, caminábamos los tres sin decir palabra. Silencio japonés significativo. Como si los tres presintiéramos que cualquier comentario precipitado estropearía la impresión con que nos ha tocado hondo el impacto de las escenas martiriales.

Sentados ya a la mesa, tras el primer sorbo de té, dice mi amigo: Yahari yokatta , que significa,”Muy bien, por supuesto, me gustó...”.

¿Y a tí también?, digo dirigiéndome a su mujer. “Sí, mucho, me ha emocionado”, dice ella, y añade: “... Sasuga, ano futari... Aquellos dos misioneros hicieron lo que propio de ellos...” “(Sasuga significa “como era de esperar”, ano futari significa “aquellos dos”. Sin duda se refiere a Sebastián y Francisco, los dos protagonistas)

“Precisamente sobre esos dos quería yo saber vuestra reacción”. “ ¿Cuál de los dos...?”, digo sin acabar la frase, con ambiguedad japonesa.

A lo que responde él: “Los dos sufren y les cuesta dar el paso que dan”.

Y añade ella: “Los dos están dando la vida tirándose al agua para salvar a otros”

(En japonés, al pie de la letra, mi wo nagedasu significa “arrojar la propia persona”, es decir, arriesgar la propia vida dándola como quien se tira al agua desde un trampolín).

Tienes razón, Teruko-san, los dos dan la vida. Dices bien, Iwao san, los dos sufren al dar ese paso. Yo también le he percibido así. Creo que los tres hemos captado la genialidad de Scorsese al filmar en cámara lenta a Sebastián pisando el icono, en paralelismo con la escena de Francisco arrojándose al agua, mientras grita que lo lleven a él para ahogarlo en lugar de los que iban a ser martirizados. Más aún, la imagen de Sebastián, boca abajo en el suelo después de pisar, puede parangonarse con la del cadáver de Francisco, al salir a flote.

Me satisfizo comprobar que mis amigos, antiguos alumnos, habían captado intuitivamente el mismo vínculo de motivación que aúna dos opciones diferentes. Merecía la pena esforzarse en clase por aprender la ética del amor en situación, para poder vivir y convivir desviviéndose por los demás...

Hasta aquí mi comentario en torno a la charla con mis amigos japoneses. Pero mi lectura de la obra maestra de Scorsese va mucho más lejos, prolongando su intuición en una reflexión teológica, con la que no era oportuno fatigarles a ellos en aquel momento. Mi lectura en clave teológica de las dos escenas mencionadas es la siguiente.

Francisco no es un mártir suicida, al elegir ofrecerse como víctima en lugar de otros (como haría en otro caso, por ejemplo, el P. Maximiliano Kolbe )
Sebastián no es un “apóstata al pie de la letra” (ni rechaza creencias, ni rechaza a Cristo), sino hace una opción de morir a sí mismo de algún modo redentor.


Francisco y Sebastián se sumergen en un agua de bautismo, muerte y resurrrección.

Si en las escenas de los mártires crucificados, el oleaje de la marea protagonizaba el mensaje bautismal de muerte y ascensión, también la curva cóncava en cámara lenta de la caída de Sebastián sobre el icono (caída en la que pisar se torna abrazo), en el momento siguiente se hace plana sobre el suelo para pasar a convexa y elevarse conectando en el plano inmediatamente siguiente con el alzar del brazo que da la orden de elevar a los mártires colgados para liberarlos.

Sebastián no pisa el icono para librarse de torturas, ni lo pisa para quejarse del silencio divino. Lo pisa abrazando al crucificado, dejándose bautizar, es decir, morir con él para conseguir así liberar de sus cruces a los otros crucificados.

En japonés la apostasía se llama haikyô (que significa “dar la espalda a la creencia”) o kikyô (que significa “tirar o desechar la creencia”). Pero de los cristianos que pisaron el icono se dice que “cayeron tropezando” (en japonés, koronda) La ambigüedad del verbo korobu (tropezar y caer) abre la puerta a lecturas diferentes: ¿caer en pecado escandalizando o caer abrazando compasivamente al “Caído y Pisoteado” para unirse a su acción redentora que libra los que iban a ser ejecutados?...

Creo que Scorsese, con la hondura de estas escenas, ha superado al fin la “última tentación”. En el caso de su película La última tentación, tanto el público que le acusaba de blasfemo como quienes le alababan la originalidad, no percibían el enigma del silencio de Dios vivido por el mismo Cristo. Pensaba la gente que la tentación era Magdalena. Pero la última tentación para Jesús era la tentación de bajarse de la cruz (Véase Lc 4, 13: relacionado con Lc 22, 41-46)

Esta vez Scorsese no oculta que Jesús es el primero en angustiarse en la pasión ante el silencio de Dios. Ese Cristo no es un Pantocrator dominador, amenazante y exclusivista (que hubiera dicho: “prohibido pisarme”), sino un Cristo redentor y misericordioso (que dice: “puedes pisarme, que para eso he venido, para dejarme pisar y que puedan ser así desclavados de sus cruces otros crucificados”).

Esto es reconfortante para quienes creemos en Jesucristo, no porque nos resuelva el problema teórico del mal, ni porque nos resuelva el problema existencial del silencio de Dios, sino a pesar de que no los resuelva racionalizándolos, sino haciéndonos capaces de quedarnos junto con él en silencio ante el misterio y sumergirnos en el bautismo y éxodo pascual de muerte y resurrección liberadoras.

La última escena, con la serenidad y paz profunda que sugiere la despedida de la esposa, nos lleva de nuevo al mundo de lo misericordioso y maternal: la tinaja que sirve de féretro evoca un útero maternal y la esposa introduce discreta y silenciosamente en su interior la cruz que Sebastián ha conservado a escondidas. Este epílogo es una ascensión, como también en el pórtico de la película, con los tres jesuitas bajando y subiendo a la vez aquellas escalinatas, jugaba con la imagen de la ascensión: subir hacia abajo para llenarlo todo (cf. Ef 4, 10). Obertura y final han marcado el mismo ritmo que la escena del clímax, en la que caer tropezando es caer abrazandoy caer hacia arriba, sumergirse bautismalmente para ascender pascualmente...


Abba de misericordia y Buda de compasión

06.02.16 | 13:31. Archivado en Japón, Religion y sociedad

Coincidiendo con la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional (proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución 65/5 de 2010), en una pequeña “comunidad de base cristiano-budista” , que se reúne en el barrio de Nerima (Tokyo), hemos celebrado un día de retiro y meditación sobre el perdón y la reconciliación en medio del mundo conflictivo actual.

Para orar juntos por la paz en una liturgia interconfesional, se eligieron dos lecturas, una budista y otra cristiana. La budista fue el capítulo 20 del Sutra del Loto: El bodisatva despreciado que a nadie despreció”; la cristiana, el Padre Nuestro, en el contexto del capítulo 6 del Evangelio según la tradición de Mateo.

Los versos del Sutra del Loto sobre el bodisatva Sin Menosprecio rezan así:

Eran los días del Dharma en decadencia / los monjes especulaban con teorías / carentes de autenticidad / El bodisatva Sin Menosprecio / se les acercaba y decía: / No os menosprecio, estáis llamados a la Iluminación. / Ellos, al oirle, se burlaban y le injuriaban. / Pero él lo soportaba inmutable. / Gracias a este bodisatva, mucha gente se convirtió / y caminó hacia la iluminación.

Para compartir el Padre Nuestro, nos sirvió la paráfrasis compuesta hace unos años en un taller de espiritualidad interconfesional. La he recogido traducida en mi libro Vivir. Espiritualidad en pequeñas dosis, Desclée, 2016. Dice así:

Oración desde la vida a la Vida:

Fuente de la Vida, que estás en la vida, que estás en mi vida, que estás en todas partes, vivificándolo todo. ¡Gracias por la Vida que nos vive!

Que nos demos cuenta de que está llegando siempre el Reinado de la Vida. Que lo construyamos vivificándonos, dándonos vida mutuamenye y dando en todo un sí a la Vida.

Que recibamos fuerza de vivir, fortaleza de cuerpo y espíritu con pan de vida y esperanza.

Que nos capacitemos para vivir en reconciliación, recibiendo y dando perdón,y para convivir con las personas más desfavorecidas, con quienes son diferentes y con quienes nos muestran enemistad.

Que seamos liberados de todo mal: del mal en nuestro interior, y del mal que vulnera las relaciones humanas. Y que de fruto el trabajo por la liberación del mal social.

(Vivir. Espiritualidad en pequeñas dosis, Ed. Desclee, 2016, cap. 66)


Protesta de Justicia y Paz contra el gobierno japonés

08.08.15 | 14:41. Archivado en Japón, Religion y sociedad, Justicia y paz

El Consejo Nacional Católico de Justicia y Paz, presidido por el obispo
Katsuya Taiji, de la diócesis de Sapporo, ha elevado una fuerte protesta al gobierno japonés de Abe Shinzo en los términos siguientes:

"Protestamos seriamente por la aprobación forzada (el 15 de Julio, 2015)de los proyectos de ley relacionados con el Tratado de Seguridad.
Ya en 2014 (el 27 de Junio), en vísperas de la decisión en gabinete gubernamental de aprobar la presentación del proyecto de ley (reinterpretadora de la Constitución) sobre el ejercicio del derecho a la autodefensa colectiva, enviamos al gobierno la siguiente declaración de oposición:
 
 “Ante el 70 Aniversario del fin de la guerra, nosotros reiteramos nuestra fidelidad, respeto y defensa de la Constitución, especialmente por lo que se refiere al llamamiento para construir la paz internacional, el juramento del prólogo de la Constitución, que expresa el compromiso perenne con la paz, y el artículo 9 que determina la renuncia a la guerra. Gracias a esta postura constitucional, Japón, estando como antes en medio de una sociedad internacional en que no cesan los conflictos bélicos, no ha dado lugar a ninguna víctima mortal de guerra, ni en el propio país ni en el extranjero.Sin embargo, el Gabinete de Gobierno del Primer Ministro Abe, al arrogarse reinterpretar la Constitución, pretende bajar el telón después de 70 años de postguerra y reconocer el ejercicio del derecho a la autodefensa colectiva.
 Hasta ahora la interpretación de la Constituciónpor por parte del gobierno se mantuvo fiel a limitarse al ejercicio del derecho a la autodefensa en el marco reconocido por el artículo 9 de la Constitución, es decir, queda fuera del marco constitucional la posibilidad de reconocer el ejercicicio del derecho de autodefensa colectiva cuando el propio país no está siendo atacado directamente. Sin embargo, el gobierno actual pretende cambiar ampliamente la interpretación de la Constitución para dar cabida a ese caso excluído por ella.”

 Tal cambio de interpretación viola el principio fundamental de la Constitución. Llevar a cabo ese cambio por solo un Consejo de Ministros constituye una negación de la constitucionalidad. Es algo inadmisible que no se debe permitir.

El gobierno del Primer Ministro Abe no prestó oidos a esta protesta nuestra, llevó a cabo (el 1 de Julio) la decisión ministerial de reconocer el ejercicio de autodefensa colectiva. Además, basándose el gobierno en esta decisión ministerial, presentó en el Congreso, en un solo paquete, 11 proyectos legislativos muy importantes, relacionados con el Tratado de Seguridad, y forzó su aprobación en el Comité especial del Congreso sobre la paz y seguridad (el pasado 15 de Julio).

 El gobierno de Abe, pretextando la tensión en las relaciones internacionales, insiste en que precisamente como camino hacia la paz, hay que reforzar la capacidad militar disuasoria. Sin embargo, el reconocimiento del ejercicio del derecho a la autodefensa colectiva más bien acentúa el peligro de aumentar las tensiones internacionales y ocasionar el surgimiento del terrorismo, abre el camino a la carrera armamentística, y facilita decisiones autoritarias unilaterales del gobierno para participar en intervenciones bélicas en el extranjero.

 El reconocimiento del ejercicio del derecho a la autodefensa colectiva constituye una violación de la Constitución. Así ha sido afirmado hasta ahora como opinión oficial por los gobiernos de nuestro país. La Asociación Nacional de Abogados y muchos especialistas en derecho constitucional coinciden en esta opinión. La aprobación de esta legislación para llevar a cabo el ejercicio del derecho a la autodefensa colectiva significa ignorar la Constitución y amenaza los cimientos de un estado constitucional. Cuando el estado constitucional se derrumba, después de él solo queda el poder dictatorial.

 La paz no consiste an la ausencia de guerra, ni en mantener en equilibrio disuasorio a las partes enemigas, ni se logra con poderes dictatoriales. Lo que hace falta para establecer la paz en la tierra es la voluntad firme de respetar la dignidad de las otras personas y los otros pueblos y la práctica del amor fraternal, como proclama la Constitución pastoral soobre la Iglesia en el Mundo actual, del Concilio Vaticano II.

Así lo entendemos nosotros, en el Consejo Nacional Católico de Justicia y Paz. La legislación relativa al Tratado de Seguridad, para llevar a cabo el ejercicio del derecho a la autodefensa colectiva, se opone frontalmente a nuestra manera de entender la paz, porque acentúa las tensiones internacionales, incita los ánimos a la guerra,amenaza al estado constitucional y abre el camino hacia una sociedad gobernada dictatorialmente.

 Nosotros, desde este Consejo Nacional Católico de Justicia y Paz, nos oponemos y protestamos firmemente por la aprobación, forzada en el Comité especial del Congreso para la Paz y la Seguridad,、de esta legislación relacionada con el Tratado de Seguridad.


Iglesia pro-paz en Japón: 70 años tras la bomba atómica

03.08.15 | 00:25. Archivado en Japón, Religion y sociedad, Iglesia católica

En el 70 aniversario del fin de la guerra, los obispos japoneses reiteran el mensaje de paz. Copiamos los párrafos centrales de su declaración:

"La ocupación colonial japonesa de Corea hasta 1945 y las agresiones contra China y otros países asiásticos causaron gran sufrimiento y numerosas víctimas. La Segunda Guerra Mundial fue una experiencia horrible también para el pueblo japonés. Tras los bombardeos sobre Tokio (Marzo, 1945), ataques aéreos en gran escala golpearon ciudades japonesas. En los combates en tierra tras el desembarco en Okinawa, además de numerosas tropas japonesas y extranjeras, hubo muchas víctimas civiles. Finalmente, cayeron bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (1945).

De estas experiencias nació el propósito de paz de la Constitución Japonesa (1946), basada en la soberanía del pueblo, la renuncia a la guerra, y el respeto a los derechos humanos básicos.

La vocación de paz de la Iglesia japonesa, influída por el horror de las armas nucleares, nace también del hondo remordimiento por la actitud de la Iglesia japonesa antes y durante la guerra.

Setenta años después, la memoria se diluye. Hay intentos de escribir la historia negando lo que ocurrió. El gobierno promueve leyes para proteger secretos de estado, permitir el derecho a la autodefensa colectiva, modificar la Constitución (arículo 9) y posibilitar acciones militares en ultramar.

Es preocupante la situación en Okinawa, sus bases militares (norteamericanas) tienen gran capacidad bélica y se está construyendo una nueva base (norteamericana) contra la voluntad de la población.

En diversos lugares del mundo surgen conflictos bélicos y terrorismo, sembrando violencia en nombre de la religión. Minorías étnicas y religiosas son amenazadas y mueren. Responder con violencia a la violencia conduciría a la destrucción de la humanidad.

En un mundo dominado por la globalización de los sistemas financieros, no podemos ignorar la pobreza, el deterioro del medio ambiente, la desigualdad y la exclusión.

Jesucristo nos llama a no permanecer indiferentes ante estos problemas: “Dichosos los que construyen la paz” (Mt 5, 9). Junto con otros cristianos, creyentes de otras religiones y todas las personas que desean la paz, renovamos el propósito de construirla.

(Texto completo del mensaje, en japonés y en inglés: http://www.cbcj.catholic.jp/ ).


Pacifismo eclesial en Japón frente a belicismo gubernamental

06.05.15 | 10:20. Archivado en Japón, Justicia y paz, Iglesia católica

“Dichosos quienes hacen realidad la paz. Ahora es el momento de construir la paz sin recurrir a las armas”.
Así reza el mensaje de los obispos japoneses, dirigido “A nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y a cuantas personas anhelan la paz”, en el año que conmemora el setenta aniversario del fin de la guerra.

Desde los editoriales de comienzo de año, prosigue casi a diario en los medios de comunicación japoneses la confrontación de dos posturas ante el intento de falsear la memoria histórica por parte del gobierno conservador de Abe: las voces pro- paz de partidos de la oposición y grupos religiosos frente a los revisionistas de la Constitución por intereses políticos de reforzar el tratado de seguridad con USA y futuras cooperaciones bélicas internacionales, así como por intereses económicos de fomentar tratados de liberalización comercial a nivel de “Asia del Pacífico” en favor del sistema financiero munbdialmente dominante.

En ese contexto los obispos japoneses reflexionan así sobre los setenta años de postguerra inacabada:

“Dichosos quienes hacen realidad la paz. Ahora es el momento de construir la paz sin recurrir a las armas”.

>> Sigue...


Convivir en la tierra y con la tierra

02.12.09 | 08:54. Archivado en Bioética, Japón, Religion y sociedad


De cara a la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático (del 6 al 18 de diciembre, en Copenhage), la Universidad budista del Monte Koya (centro del budismo Shingon en Japón) convocó el pasado 25 de abril una asamblea interreligiosa para sumarse a las reclamaciones que surgen en todo el mundo, apelando a dirigentes de la política y economía para que reaccionen responsablemente ante la crisis ecológica que amenaza al futuro del planeta.
Budistas, sintoístas y cristianos (en el panel de la foto) dialogamos para preparar la declaración que se ha enviado a la cúpula de la Conferencia.

>> Sigue...


En contacto con el Buda Eterno

20.11.09 | 23:16. Archivado en Mística, Japón

(El número de diciembre, 2009, de la revista Dharma World-for living Buddhism and Interfaith dialogue- está dedicado a la oración en las religiones. Traduzco un resumen del artículo de Nichiyo Niwano, Presidente de la Asociación budista seglar Koseikai y co-presidente de la Conferencia mundial de religiones por la paz (WCRP).

Juntamos las manos en un gesto de reverencia. Al reconocer la vida de Buda en nuestro interior, dirigimos esa reverencia hacia lo hondo de nosotros mismos. Si somos capaces de juntar así las manos ante nosotros mismos, también las juntaremos e inclinaremos la cabeza reverentemente ante cualquier persona.

>> Sigue...


Mujeres explotadas por redes de prostitución

15.11.09 | 16:05. Archivado en Japón

(Hoy traduzco de la grabación de una sesión de estudio en el Instituto Interreligioso de Estudios para la Paz, Tokyo, 13 de nov. 2009, unos párrafos del debate que siguió a una ponencia sobre derechos humanos e implicación de las religiones en su defensa. En la foto, acompañando al Dr. Suzuki; al fondo el templo central de Koseikai, en Tokyo, y sede de WCRP 'World Conference of Religions for Peace- y del Instituuto Interreligioso para la Paz, citado aquí).

>> Sigue...


Las religiones, múltiples. El Misterio, uno

07.11.09 | 23:26. Archivado en Mística, Japón

Masiá: Me gusta la parábola de la arboleda, en el Sutra del Loto. Dice así: “Una flora variopinta crece en zonas montañosas o fluviales. Cae una lluvia uniforme, cuya humedad fertiliza por doquier hierbas y árboles. Con la lluvia de una sola nube lograrán, conforme a su naturaleza original, crecer, florecer y dar frutos. Nacidos en un mismo suelo y fertilizados con una misma lluvia, plantas y árboles son todos diferentes.”

>> Sigue...


Sábado, 27 de mayo

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Mayo 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031