(El número de diciembre, 2009, de la revista Dharma World-for living Buddhism and Interfaith dialogue- está dedicado a la oración en las religiones. Traduzco un resumen del artículo de Nichiyo Niwano, Presidente de la Asociación budista seglar Koseikai y co-presidente de la Conferencia mundial de religiones por la paz (WCRP).
Juntamos las manos en un gesto de reverencia. Al reconocer la vida de Buda en nuestro interior, dirigimos esa reverencia hacia lo hondo de nosotros mismos. Si somos capaces de juntar así las manos ante nosotros mismos, también las juntaremos e inclinaremos la cabeza reverentemente ante cualquier persona.
(Hoy traduzco de la grabación de una sesión de estudio en el Instituto Interreligioso de Estudios para la Paz, Tokyo, 13 de nov. 2009, unos párrafos del debate que siguió a una ponencia sobre derechos humanos e implicación de las religiones en su defensa. En la foto, acompañando al Dr. Suzuki; al fondo el templo central de Koseikai, en Tokyo, y sede de WCRP 'World Conference of Religions for Peace- y del Instituuto Interreligioso para la Paz, citado aquí).
Masiá: Me gusta la parábola de la arboleda, en el Sutra del Loto. Dice así: “Una flora variopinta crece en zonas montañosas o fluviales. Cae una lluvia uniforme, cuya humedad fertiliza por doquier hierbas y árboles. Con la lluvia de una sola nube lograrán, conforme a su naturaleza original, crecer, florecer y dar frutos. Nacidos en un mismo suelo y fertilizados con una misma lluvia, plantas y árboles son todos diferentes.”

Respondiendo a la petición de uno de los comentaristas del post anterior, que deseaba un comentario cristiano sobre los difuntos, a continuación del comentario budista, reproduzco aquí hoy el post del año pasado sobre el Purgatorio como refrigerio.En japonés, KIYOME, es decir, Purificación)
Diálogo cristiano/budista para el día del Domund
Masiá. Señor Suzuki, al comenzar la andadura de este blog, quiero empezar agradeciendo el fruto de estos siete a;os de reuniones interreligiosas en Nerima, a las que usted nos convocó. Hemos aprendido mutuamente.
Al episcopado japonés le preocupan las injusticias y desigualdades sociales, la crisis económica mundial y los problemas sociales. Quieren despertar la conciencia creyente a la importancia de defender los derechos humanos.
Se acerca la beatificación, el próximo 24 de noviembre en Nagasaki, de 188 víctimas martirizadas en Japón entre 1603 y 1639.
Con esta pregunta desconcertante nos impacta la memoria histórica de la era cristiana, cuestionando algunos olvidos en nuestra celebración de los mártires japoneses, cuya beatificación tiene lugar el 24 de este mes de noviembre.
Unas personas comulgaban y otras eran bendecidas. Unas extendían las manos para recibir el pan de vida y otras las juntaban e inclinaban la cabeza.
El despliegue de fuegos artificiales en la inauguración olímpica y en la clausura de los juegos, ampliamente difundido por la televisión japonesa, producía una impresión ambigua para quienes lo contemplábamos desde Tokyo. Beijing y Tokyo, dos ciudades tan cerca y tan lejos, pensábamos. China y Japón: dos tradiciones con vínculos de sangre cultural, pero sin acabar de reconciliarse.
Al regresar el maestro a su apartamento modesto, encuentra la puerta abierta y la habitación vacía. “Maestro, nos han despojado de todo”, dice el discípulo. Pero el maestro sonríe, se sienta tranquilamente sobre el suelo de esterilla y dice, señalando al cielo: “El ladròn no ha podido quitarnos lo mejor de esta casa: la luna vista desde la ventana”.
“Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”, dice la fe budista al dirigirs al bodisatva Kanzeon (Kannon, en japonés), uno de los equivalentes simbólicos que corresponden al imaginario mariano en las culturas mediterráneas.
Sábado, 21 de noviembre
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Siro López
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández
Urbano Sánchez García
Julián Moreno Mestre
JC Rodríguez, A Eisman
Jesús Rojano
Vicente Haya