Convivencia de religiones

No confundir eutanasia injusta con buen morir o eutanasia responsable

27.06.18 | 14:09. Archivado en Bioética, Eutanasia

Escribir sobre este tema no apetece. Dirán: “ya está muy visto”. Pero se repiten los malentendido cada vez que se debate sobre regular el buen morir y la necesidad de legislarlo. Hay que aclarar la cuestión y divulgar la aclaración. De momento, cinco puntosas:

1. Estar en contra de la regulación no significa ser pro-vida. Estar a favor no es ser anti-vida. (Como tampoco ser católico significa votar a determinado partido, ni la opinión de dicho partido representa la ética católica).

2. El buen morir respetando la dignidad de la persona (que puede conllevar a veces una solicitud de eutanasia justa) no se debe confundir con la eutanasia irresponsable.

3. Una eutanasia justa (cumplidas las condiciones de respeto a la dignidad y libertad de la persona) no se puede equiparar con el homicidio, como tampoco puede ni debe llamarse suicidio al asumir responsable y libremente la propia muerte.

4. La opción responsable por una eutanasia justa no significa optar por la muerte y contra la vida, sino elegir cómo vivir cuando se muere (how to live while dying, R. Mc Cormick).

No se debe llamar a esa opción “muerte digna”, sino respeto de la dignidad en el proceso de morir.

Por eso sería deseable una legislación sobre buen morir, como título general, que incluyera en determinados casos particulares las condiciones para que una splicitud de eutanasia sea justa y aiutónoma y pueda llamarse “buen morir responsable de la persona digna hasta el final”. (Véase el estudio Humanizar el proceso de morir. Ética de la asistencia en el morir, Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Comisión interprovincial, Madrid, 2007).

5. En los debates sobre regularización legislativa no debería plantearse el tema del recurso a paliativos como si fuera un dilema entre paliativos y eutanasia. Hay que garantizar, ante todo, el acceso equitativo al uso de paliativos, así como el de la sedación terminal debidamente consentida y protocolizada. Pero, eso supuesto, teniendo en cuenta las situaciones de solicitud de eutanasia, habrá que garantizar las condiciones para que sea justa, es decir, “buen morir responsable de la persona digna”.

Hace ya años que, con la guía de pioneros de la bioética católica en nuestro país (como Javier Gafo SJ y Francesc Abel SJ), se venían debatiendo y estudiando profesionalmente estas cuestiones con la colaboración de la Cátedra de Bioética de la U.P. Comillas, en Madrid, y en el Instituto Borja de Bioética, en Cataluña. Me permito remitir a mi ensayo de divulgación Cuidar la vida. Debates bioéticos, Herder, Barcelona 2012, del que tomo la cita siguiente del Informe del Instituto Borja (que fue un hito significativo en el giro del debate desde el doble punto de vista de una ética civil y religiosa :

“Presupuesta la apuesta por la vida de toda persona, con la debida atención sociosanitaria y la exigencia de asumirla responsablemente como un don, pero teniendo en cuenta aquellas situaciones en que la vida se percibe solo como carga en la espera dolorosa y agónica de la muerte, hay que reflexionar sobre las condiciones médicas, legales y éticas para la protección del buen recorrido del proceso de morir en los diversos casos, incluidos aquellos de solicitud de eutanasia justa. Dice así el citado Informe:

‘ Lucidez y responsabilidad en el :ultimo acto de la vida pueden significar una firme decisión de anticipar la muerte ante su irremediable proximidad y la pérdida extrema y significativa de calidad de vida. En estas situavciones se debe plantear la posibilidad de prestar ayuda sanitaria para el bien morir, especialmente si ello significa apoyar una actitud madura que concierne al sentido global de la vida y de la muerte ‘.


Dejad que Lázaro se marche dignamente hacia la Vida

29.03.17 | 17:53. Archivado en Bioética, Eutanasia, Iglesia católica

No pensaba escribir una vez más sobre Lázaro (quinto Domingo de Cuaresma), para no abusar de repeticiones hermenéuticas. Pero veo que todavía abundan las lecturas literales que confunden la resurrección con el revivir. Lázaro no revive, no vuelve a esta vida, sino sale de esta vida hacia la Vida, es un éxodo hacia la verdadera vida (cf. J. Mateos-J. Barreto, El Evangelio de Juan, Cristiandad, 1982, p. 518)

Tampoco pensaba escribir una vez más sobre la dignidad en el morir, sobre el respeto a la dignidad de la persona moribunda durante y a lo largo de todo el proceso de morir. Pero veo que no desaparecen los malentendidos en los debates de proyectos legislativos sobre limitación o regulación de los esfuerzos terapéuticos y el uso de los recursos paliativos y sedación; todavía no desaparece la confusión entre un “buen morir, digno y justo” y un “mal morir, sin respetar la dignidad y autonomía de la persona paciente”. (cf. Cuidar la vida. Debates bioéticos, Herder, 2012, pp.123-162).

Curiosa coincidencia en torno a estos dos temas: las mismas mentalidades que se escandalizaron cuando apoyé el rechazo de Inmaculada Echeverría a la respiración asistida (2007) o el uso responsable de la sedación terminal por el doctor Montes en el Severo Ochoa (2005) o la ley andaluza sobre Derechos y garantías de la persona en el proceso de morir (2010), esas mismas personas se escandalizaron cuando comenté (en Religión Digital, 6 abril, 2015)la palabra clave de la perícopa sobre la muerte( y éxodo hacia la vida de Lázaron en el evangelio según Juan (Jn 11, 44).

En un caso, falta de fe en la resurrección; en otro caso, falta de respeto a la dignidad personal. Y en ambas casos, falta, sobre todo, de crítica, de hermenéutica y de esperanza.

Reavivaré aquí la reflexión sobre Jn 11, 44: dejadlo que se marche. Quédese para el siguiente post la reflexión sobre el buen morir, que no se indigeste la consumición de ambos platos en el mismo menú...

¿Nos damos cuenta de que el versículo 44 sugiere el sentido de: Dejadlo irse más allá, dejadlo irse hacia la Vida de la vida?

“Jesús gritó muy fuerte: -¡Lázaro, sal fuera de este mundo! Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario. Les dijo Jesús: -Desatadlo y no lo retengáis, dejadlo que se marche junto a Abba...

La mentalidad dualista no sale de la disyuntiva entre literalidad y ficción. Por eso le cuesta tanto comprender los evangelios. El lenguaje religioso es cien por cien simbólico. Sin sensibilidad para la creatividad mitopoética es imposible dejarse transformar por la relectura evangélica. Pero el problema se remonta a la escuela elemental: aprender a leer, releer e interpretar.

Releamos, por tanto, y reinterpretemos recreando la narración a la luz de las palabras de Jesús: Yo soy la Resurrección y la Vida.

“Dejadlo irse, dejadlo que se marche”: es la palabra que Juan pone en labios de Jesús ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn 11, 44). Lázaro no resucita de la tumba para volver a esta vida. Este episodio del evangelio según Juan no es un milagro de resurrección, sino la puesta en escena del mensaje de Jesús: “Yo soy la Resurrección y la Vida” (Jn 11, 25). Si Lázaro saliera vivo de la tumba, lo normal sería que los familiares se precipitaran a abrazarlo, darle algo de comer y beber o ponerle ropa de abrigo.

En una escena así parece que no es apropiado decir: “Dejadlo que se marche” (A menos que la relectura se tome la libertad de traducir libremente: “Dejadlo marcharse de este mundo”). Parece que no cuadra el guion con esa escena. Para entenderla hay que darse cuenta de que no se trata de una salida de la tumba para volver a esta vida. Jesús, que ha levantado los ojos al cielo, mira ahora fijamente a la tumba donde sigue estando el cadáver. Sabe Jesús que no es ese el lugar de buscar entre los muertos a quien va a vivir desde ahora en el seno de la vida divina; “sal fuera” no es “sal fuera de la tumba”, sino “sal de esta vida y entra en la vida de Abba”.

“Dejadlo ir (Jn 11, 44)” significaría: “Dejadlo que siga atravesando la muerte para entrar en la vida. Lázaro no está donde están sus restos. Lázaro está ascendiendo a Abba. Dejadlo morir hacia el Padre”.

Si fuera hoy día, en un telefilme, el evangelista habría hecho un montaje muy bueno para su guión. Imaginemos la figura blanca de Lázaro envuelto en un sudario que se va convirtiendo en túnica gloriosa a medida que asciende y se pierde en las alturas, yéndose a lo lejos la imagen difuminada. Cambia la cámara a una panorámica de los familiares entristecidos que extienden sus manos como queriendo retenerle. Se escucha una voz en off que repite las palabras de Jesús a Magdalena en la mañana de resurrección: “No me retengas.” “Me voy hacia mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios” (Jn 17, 20).

De nuevo un primer plano de Jesús, rostro sereno, mirando alternativamente al interior de la tumba y a lo alto de los cielos. Y repite Jesús: “Dejadlo ir, dejadlo y no queráis retenerlo aquí en este mundo con vosotros. Dejadlo morir hacia la vida. No busquemos entre muertos a quien vive”.


Narcóticos paliativos a personas moribundas

22.04.08 | 14:21. Archivado en Bioética, Eutanasia

Una lectora asidua del blog me pregunta por los calmantes administrados a pacientes en situación terminal. Otro lector confunde la sedación con la eutanasia. Ambos coinciden en desear cerciorarse sobre la tradición de la teología moral antes de la revisión postconciliar.

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Consabida confusión sobre "eutanasias"

19.04.08 | 15:40. Archivado en Bioética, Eutanasia

Saltó a titulares la muerte de Chantal Sébire, en Francia, tras ocho años de avance irreversible del tumor nasal que le deformó el rostro. Y se repitió por enésima vez el atasco en la encrucijada de las eutanasias.

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Vivir dignamente al acercarse a la muerte

05.10.07 | 04:38. Archivado en Bioética, Eutanasia

Me preguntan por e-mail, tras leer en mi blog sobre “suspensión de soportes vitales”, si apoyo la “muerte digna” como el señor Bernat Soria. Para no fomentar en los blogs morbo y crispación (aunque ello asegure aumento en el número de visitantes) no haré ni ataques al Ministro, ni tampoco apologías. Solamente una lista de aclaraciones sobre vivir dignamente al morir y en el morir.

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Enhorabuena al Dr. Montes y Educacion para Polifonia (EPP) a los obispos

Aunque llega tarde el sobreseimiento del mal llamado “caso Leganés” (llamado “caso Lamela”, por la actuación improcedente de la Consejería de Sanidad), damos la enhorabuena al Dr. Montes y equipo, acompañándoles en el sentimiento por lo irreparable del daño recibido. Dicen los manuales clásicos de moral que la difamación, el falso testimonio y la calumnia son como paja derramada al viento: una vez esparcida, ya no es posible recogerla,la reparación de la fama vulnerada es muy difícil.

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