Convivencia de religiones

Acompañar dignamente el buen morir

19.10.18 | 14:40. Archivado en Bioética, Eutanasia


Respetemos dignamente la dignidad de la persona moribunda

Cuando se dividen las opiniones partidarias de una ley de muerte digna y las de una ley de eutanasia, conviene recordar que ninguno de los dos títulos es apropiado, ni gramaticalmente ni éticamente.

“Ley de eutanasia” conlleva ambigüedad y dificulta distinguir entre una eutanasia injustificada y la opción justa y responsable por aceptar la llegada irreversible del final de la vida.

“Ley de muerte digna” tiene el inconveniente del uso adjetivo de la dignidad para calificar a la muerte, en vez del uso sustantivo de la dignidad como cualidad inalienable de las personas. El adjetivo "digna" califica a la persona, no a la muerte. La persona tiene derecho a vivir dignamente hasta el momento de morir, mientras y cuando muere...

Además, no se debería plantear la cuestión como un dilema entre opción por los cuidados paliativos y opción por la eutanasia, como si fuesen alternativas paralelas.

Me parece más apropiado el uso adverbial de la dignidad (“dignamente”) para calificar al acompañamiento humano, respetuoso y responsable –a nivel individual, familiar, médico y social- del proceso de morir.

En esta regulación social para acompañar dignamente a la persona moribunda deberían tener cabida, con la gradualidad oportuna, diversos pasos como los siguientes:

aplicación adecuada de la medicina curativa;
regulación del uso proporcionado de los medios de prolongación de la vida;
aceptación de la renuncia a (o suspensión de) medicaciones o tecnologías biomédicas fútiles –incluida, cuando lo sea, la renuncia a la alimentación e hidratación artificiales-;
concentración en el uso de los recursos paliativos –incluida la sedación terminal, debidamente protocolizada y consentida-;
y también, finalmente, la necesidad de proteger los derechos, autonomía y dignidad de la persona paciente en los casos especiales de opción responsable y justificada por una aceleración del proceso de morir –que, al menos, debería estar despenalizada-.

Por eso propuse, en 2007, que sería deseable una legislación sobre buen morir, como título general, que incluyera en determinados casos particulares las condiciones para que una solicitud de eutanasia sea justa y autónoma y pueda llamarse “buen morir responsable de la persona digna hasta el final”.

(Véase el estudio Humanizar el proceso de morir. Ética de la asistencia en el morir, Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Comisión interprovincial, Madrid, 2007).

Permítanme, lectores y lectoras de este blog, que remita, para los detalles de esta enumeración de etapas en el proceso de morir, a lo escrito en los dos posts anteriores:

Opción pro-vida y buen morir, compatible con eutanasia despenalizada- (Religión digital 25.08.2018).

No confundir eutanasia injusta con buen morir o eutanasia responsable (Religión digital 27.06.2018).


Opción pro-vida y buen morir, compatible con eutanasia despenalizada

25.08.18 | 21:49. Archivado en Bioética, Eutanasia

Permítaseme insistir y perdón por el titular largo. Así tiene menos garra, dirá la dirección de RD; pero no valgo para propaganda comercial o política, mi deformación profesional es hermenéutica: “aclaremos, que algo queda”.

Con expresiones exageradas, algún comentarísta menos amable juzgaba mi post anterior en este blog con el letrero de pro-eutanasia y pro-abortista. Temo que ese juicio precipitado fomente precisamente los malentendidos en bioética que intento deshacer.

El títular de mi entrada en el blog el 27 de junio pasado rezaba así:
No confundir eutanasia injusta con buen morir o eutanasia responsable .

No se trata de estar a favor o en contra de una “eutanasia”(así entre comillas), en la que se confunda lo justo con lo injusto o lo responsable con lo irresponsable.

No se trata de dividirse las opiniones de un modo partidario (por ¿oportunismo electoralísta?)entre quienes “están a favor” y quienes "están en contra”, como si fuera una cuestión de aficionados a favor de uno u otro equipo. Se trata de aclarar y no confundir. Que no nos pase como en aquella manifestación en que gritaban desaforadamente: “¡Abajo el energúmeno!” Y entre grito y grito, uno de los que portaban la pancarta en cabeza, con señera de la región le dice al de al lado: “Oye, ¿quién era el energúmeno?” ...

Bromas aprte, mi opinión principal en el post anterior era: “ sería deseable una legislación sobre buen morir, como título general, que incluyera en determinados casos particulares las condiciones para que una solicitud de eutanasia sea justa y autónoma y pueda llamarse “buen morir responsable de la persona digna hasta el final”. (Véase el estudio Humanizar el proceso de morir. Ética de la asistencia en el morir, Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Comisión interprovincial, Madrid, 2007).

Los puntos de confusión que puse como ejemplo pretendían precisamente ayudar a no confundir lo justo y responsable con lo injusto e irresponsable.

Por eso la insistencia en subrayar la importancia de no dividir en dos equipos, uno rojo y otro azul; uno, pro-paliativos; y otro, pro-eutanasia; unos, pro-eutanasia en general para todos; otros, anti-eutanasia en todos los casos.
Por eso mi interés en subrayar, en el informe tan competente y completo del P. Francesc Abel, SJ (q.e.p.d.), desde el Instituto Borja de Bioética, la frase siguiente:

‘ Lucidez y responsabilidad en el último acto de la vida pueden significar una firme decisión de anticipar la muerte ante su irremediable proximidad y la pérdida extrema y significativa de calidad de vida. En estas situaciones se debe plantear la posibilidad de prestar ayuda sanitaria para el bien morir, especialmente si ello significa apoyar una actitud madura que concierne al sentido global de la vida y de la muerte ‘.

Hecha esta aclaración, propongo que se tome en serio en el debate legislativo la conveniencia, necesidad y oportunidad de garantizar la seguridad jurídica para la protección de los cuatro pasos siguientes en el cuidado del proceso de morir:
A) Ante las solicitudes de ayuda en el proceso de morir:

1) Proteger la práctica de la moderación del esfuerzo terapéutico (incluida la retirada de alimentación e hidratación artificiales)

2) Proteger la gradualidad en el uso de los recursos paliativos, así como el acceso justo a ellos

B) Ante las solicitudes de ayuda para morir dulcemente:

3)Proteger el control prudente de la sedación profunda en fase terminal

4) Proteger las decisiones autónomas y responsables de aceleración del proceso de cese vital, asegurando que no se viole la dignidad y derechos de las personas pacientes (despenalización de la aceleración assitida del proceso de morir).

(Ver más detalles en Cuidar de la vida. Debates bioéticos, Herder, 2012, pp. 123-163)


No confundir eutanasia injusta con buen morir o eutanasia responsable

27.06.18 | 14:09. Archivado en Bioética, Eutanasia

Escribir sobre este tema no apetece. Dirán: “ya está muy visto”. Pero se repiten los malentendido cada vez que se debate sobre regular el buen morir y la necesidad de legislarlo. Hay que aclarar la cuestión y divulgar la aclaración. De momento, cinco puntosas:

1. Estar en contra de la regulación no significa ser pro-vida. Estar a favor no es ser anti-vida. (Como tampoco ser católico significa votar a determinado partido, ni la opinión de dicho partido representa la ética católica).

2. El buen morir respetando la dignidad de la persona (que puede conllevar a veces una solicitud de eutanasia justa) no se debe confundir con la eutanasia irresponsable.

3. Una eutanasia justa (cumplidas las condiciones de respeto a la dignidad y libertad de la persona) no se puede equiparar con el homicidio, como tampoco puede ni debe llamarse suicidio al asumir responsable y libremente la propia muerte.

4. La opción responsable por una eutanasia justa no significa optar por la muerte y contra la vida, sino elegir cómo vivir cuando se muere (how to live while dying, R. Mc Cormick).

No se debe llamar a esa opción “muerte digna”, sino respeto de la dignidad en el proceso de morir.

Por eso sería deseable una legislación sobre buen morir, como título general, que incluyera en determinados casos particulares las condiciones para que una splicitud de eutanasia sea justa y aiutónoma y pueda llamarse “buen morir responsable de la persona digna hasta el final”. (Véase el estudio Humanizar el proceso de morir. Ética de la asistencia en el morir, Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Comisión interprovincial, Madrid, 2007).

5. En los debates sobre regularización legislativa no debería plantearse el tema del recurso a paliativos como si fuera un dilema entre paliativos y eutanasia. Hay que garantizar, ante todo, el acceso equitativo al uso de paliativos, así como el de la sedación terminal debidamente consentida y protocolizada. Pero, eso supuesto, teniendo en cuenta las situaciones de solicitud de eutanasia, habrá que garantizar las condiciones para que sea justa, es decir, “buen morir responsable de la persona digna”.

Hace ya años que, con la guía de pioneros de la bioética católica en nuestro país (como Javier Gafo SJ y Francesc Abel SJ), se venían debatiendo y estudiando profesionalmente estas cuestiones con la colaboración de la Cátedra de Bioética de la U.P. Comillas, en Madrid, y en el Instituto Borja de Bioética, en Cataluña. Me permito remitir a mi ensayo de divulgación Cuidar la vida. Debates bioéticos, Herder, Barcelona 2012, del que tomo la cita siguiente del Informe del Instituto Borja (que fue un hito significativo en el giro del debate desde el doble punto de vista de una ética civil y religiosa :

“Presupuesta la apuesta por la vida de toda persona, con la debida atención sociosanitaria y la exigencia de asumirla responsablemente como un don, pero teniendo en cuenta aquellas situaciones en que la vida se percibe solo como carga en la espera dolorosa y agónica de la muerte, hay que reflexionar sobre las condiciones médicas, legales y éticas para la protección del buen recorrido del proceso de morir en los diversos casos, incluidos aquellos de solicitud de eutanasia justa. Dice así el citado Informe:

‘ Lucidez y responsabilidad en el :ultimo acto de la vida pueden significar una firme decisión de anticipar la muerte ante su irremediable proximidad y la pérdida extrema y significativa de calidad de vida. En estas situavciones se debe plantear la posibilidad de prestar ayuda sanitaria para el bien morir, especialmente si ello significa apoyar una actitud madura que concierne al sentido global de la vida y de la muerte ‘.


Los del 58, en el Colegio marista del Malecón,sesenta años después

09.06.18 | 06:06. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Dedicado a la fe vacilante de nuestro curso en el Colegio marista del Malecón.

¿Un autor reseñando su propio libro? Parece pedante. Más valdría encargar la propaganda laudatoria a un amigo, cuyo nombre venda bien. En mi caso, pecaré de inmodesto a fuer de sincero. Quiero celebrar, con la dedicatoria del librito, el sesenta aniversario de la promoción que cursaba el Preuniversitario de 1958 en Murcia, en el Colegio del Malecón (Hermanos Maristas).

Estudiábamos a Calderón, la historia de Portugal, el griego de Sócrates y la doctrina social de la Iglesia. Durante los siete años de enseñanza secundaria no faltó nunca la clase de religión con los textos de la época preconciliar: nada de aspirina infantil, sino dosis fuertes de antibióticos de dogma, moral y liturgia.

Una “miajica” distinto de aquellos manuales de Edelvives es el libro que hoy presento inmodestamente, dedicándoselo a mis compañeros de clase de aquellos días. Se titula El que vive. Relecturas de Evangelio,l Que Viv ed.Desclée de Brouwer, Bilbao, 2017.

Recuerdo un episodio de cuando los militantes de acción católica íbamos el fin de semana a dar catecismo a los niños en La Arboleja y se repartía la ayuda americana de alimentación. Alargaba la explicación difícil el catequista, Ripalda en mano, comparando la salida del Niño Jesús del seno de su madre con la de “un rayo de sol atravesando un cristal, sin romperlo ni mancharlo”. Uno de los peques, con cara de inopia y moco sin limpiar, sacudía la cabeza extrañado. Él había visto nacer más de una cabrita en el corral. Su madre, que aguardaba de pie bajo la higuera, le chilló al catequista: “Corte el rollo, hombre, que los críos a lo que vienen es a por el queso americano”.

Cuando me despedí en 1958 para entrar en el noviciado de la Compañía de Jesús, pontificaba hieráticamente Pío XII. Cuando me volví a despedir en 1965 para partir hacia Japón, estaba concluyendo el Concilio Vaticano II y se respiraban los aires tonificantes de Juan XXIII (ahora recuperados medio siglo después, gracias a la humanidad evangélica de Francisco el Misericordioso).

En los años siguientes, cada viaje de vuelta a Murcia era una ocasión de repetir, entre tapa y tapa con los ya menos jóvenes amigos, la conversación del “cuéntame lo que pasó, seténtame, ochéntame...”, cuestionando la fe inestable, vacilante y vacilada, de nuestra generación.

Reflejo de esas tertulias son las entradillas, entre corchetes y en cursiva, que encabezan cada capítulo de estos ensayos. Imitando el aire de las narraciones bíblicas “midrash”, intenta el autor redescubrir el sentido de la Palabra y recrearla releyéndola a la luz de experiencias de vida. Agrupadas al hilo del calendario eclesial, señalan estas escenas hitos del camino para la fe vacilante: advientos esperanzados, navidades entrañables, epifanías de vida, vía crucis cuaresmales, espinas de pasión, luces de Pascua, seismos de Pentecostés y encrucijadas de iglesia en crisis.

Me pregunto qué pensarán mis compañeros de promoción, sI se dejan seducir por mi reseña y alegran a editorial y librero adquiriendo un ejemplar.

Si hay quien tienda a fundamentalista, se podría escandalizar al comprobar que Lazaro no sale de la tumba o que en Caná de Galilea faltó agua y sobró vino, o que en Naím fue la viuda, y no su hijo, la que revivió, o que Jesús reprende a Ratzinger como a Pedro, o que la virginidad no se pierde con la maternidad de María y la paternidad de José, o que hubo mujeres protagonistas en La Última Cena y concelebrantes femeninas en Emaús...

Si los hay más radicalres, quizás alguno ironizará: “Este amigo, a fin de cuentas, es jesuita y, por detrás del aparente desenfado, es muchísimo más carca de lo que ustedes sospechan”.

O tal vez alguno pregunte: “¿Qué clase de fe es la de este cura?”

Confío que haya quien reaccione sin tapujos confesando: “Lo que cuentas, amigo, es obvio y lo pensábamos desde siempre sin osar decirlo. Por eso nos aburríamos tanto en alguna “asignatura María” o cuando escuchábamos, por compromiso con la cofradía de la que éramos nazarenos, los sermones del quinario cuaresmal.

Pues a unos y otros les diré: gracias por haceros con el libro, pero no os fatiguéis leyéndolo de un tirón. Con el título ya está dicho todo. El Que Vive. Es el mejor de los nombres de Cristo. El autor pretende dar testimonio de creer que Él Que Vive nos hace vivir. ¿Increible, dirán? Pero lo creemos porque su Espíritu nos hace creer.


Cristo vivo en Japón, gracias a Unamuno y Velázquez

19.03.18 | 06:37. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Poeta y pensador como Unamuno es el escritor japonés Shigyo Soshu, que promueve, presenta y asesora críticamente la publicación, por primera vez en japonés, del poema de Unamuno El Cristo de Velázquez (1).

Este empresario japonés, intelectual y cordial como el vasco y salmantino universal, coincide o casi compite con Unamuno por su fecundidad como polígrafo y su vida multifacética.

Conversando en su estudio, saltan enredados los temas de Ortega y Nishida, Machado y el haiku, estética y bioética, bushido y artes marciales, el Quijote o Ignacio de Loyola...

Shigyô es tradicional sin nacionalismos y universal sin cosmopolitismos. (2) Presidente de una empresa de biotecnología y autor de varios volúmenes de filosofía y poesía, es el director de una galerís artística, en la que expone las pinturas de Toshima Yasumasa, un japonés enamorado de Granada y Salamanca, que vivió en El Albaicín, pintando atardeceres en la vega, de tertulia con el pueblo en la taberna y versos de Unamuno como libro de cabecera. (3)

La hispanista Abe Misaki es curator artis en esa misma galería, que llevará este año la exposición a Salamanca para compartir, en el marco de las celebraciones de aniversario de la Universidad, el intercambio de fecundación mutua entre dos casticismos que sintonizan por ser cuanto más castizos más universales .

Apurando la empatía de lo regional con lo universal, en el kairós oportuno de la fecha de publicación del Cristo de Velázquez en japonés, coinciden pintiparadamente el festival budista de las flores, la floración japonesa de los cerezos y la Pascual florida cristiana. En este marco tan favorable podemos dedicar el ciclo de meditaciones pascuales en el Centro de Teología y Cultura de Tokyo, “Nueva Vida” (en japonés Shinsei), a releer y meditar la “soledad sonora” de Juan de la Cruz, el “Dios entre los pucheros” de Teresa y el “silencio, desnudez, quietud y noche” de Unamuno.

Voy a dedicar para lectores y lectoras de este blog los posts de Semana Santa y Pascua al Cristo de Velázquez, comenzando hoy por recordar el primer verso que resume el tema entero y la grandeza del poema:

“No me verá dentro de poco el mundo
mas sí vosotros me veréis, pues vivo
y viviréis” –dijiste-; y ve: te prenden
los ojos de la fe en lo más recóndito
del alma, y por virtud del arte en forma
te creamos visible. Vara mágica
nos fue el pincel de don Diego Rodríguez
de Silva Velázquez. Por ella en carne
te vemos hoy. Eres el Hombre eterno
que nos hace hombres nuevos. Es tu muerte
parto. Volaste al cielo a que viniera
consolador, a nos el Santo Espíritu,
ánimo de tu grey, que obra en el arte
y tu visión nos trajo. Aquí encarnada
en este verbo silencioso y blanco
que habla con líneas y colores, dice
su fe mi pueblo trágico. Es el auto
sacramental supremo, el que nos pone
sobre la muerte bien de cara a Dios.
(1) Miguel de Unamuno, El Cristo de Velázquez, edición dirigida por Shigyô Soshu, traducción y notas de Abe Misaki, estudio interpretativo de Juan Masiá, editorial de la Universidad Hosei, Tokyo, 2018).)
(2) Ver la página web de Shigyô Soshû http://shigyo-sosyu.jp/profile.html

(3) Ver el artículo sobre Shigyô y Toshima, publicado en El País, el 22, Mayo, 2017> https://elpais.com/internacional/2017/05/22/mundo_global/1495440657_691442.html

(Continuará las próximas semanas)


Buen vino al final

27.01.18 | 17:47. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Bendición religiosa de matrimonios civiles.

Al trabajar en la atención a migrantes en el Centro Internacional de la diócesis de Tokyo, me encuentro con casos que piden poner en práctica las orientaciones pastorales abiertas y con sentido evangélico del Papa Francisco, e incluso a ir mucho más lejos que Amoris laetitia (tan limitada por el miedo eclesiástico a actuar como Jesús: sacramenta propter homines, los sacramentos para bien de las personas).

Un matrimonio japonés (católicos ambos de tercera generación, bautizo infantil) lamenta que su hijo, bautizado pero no practicante, no quiera casarse en la iglesia;`tras convivir una temporada de hecho con su pareja extranjera (también bautizada, pero no practicante), cuando van a dar el paso de formalizar civilmente su matrimonio, optan por no celebrarlo en la iglesia. Si lo hicieran por contentar a los padres, estarían fingiendo, más o menos hipócritamente. Hubo que tranquilizar a los padres, era honesta y consecuente la decisión.

En cambio, una pareja filipina que tiene impedimento para un matrimonio canónico (por ser ambos divorciados de matrimonios anteriores), cuando formalizan civilmente su registro civil me invitan a visitar y bendecir la casa que inauguran. ¿Cómo bendecir la casa y no bendecir a las personas? Acabamos celebrando una misa en su casa y bendiciendo la renovación de la promesa matrimonial de su enlace civil

Hay matrimonios en la iglesia que, en realidad, no son bodas religiosas. Y hay, por otra parte, matrimonios civiles que pueden ser también religiosos y bendecidos espiritualmente, aunque no canónicamente (ya es hora de sacar los sacramentos fuera del derecho canónico).

Una pareja LGBT, que no puede formalizar su matrimonio por no permitirlo la ley japonesa, lo hace durante su estancia en un país europeo y, a su regreso, en Tokyo, tienen ocasión de asistir a la liturgia mensual organizada por el grupo católico pro-no discriminación LGBT. Preguntan si, lo mismo que se celebra esta liturgia, se podría celebrar su boda en la iglesia. Una boda canónica, no; pero una bendición religiosa de su matrimonio civil, sí.

Más interesante (y muy oportuno como referencia para casos semejantes) es la experiencia al acompañar el sacerdote amigo a una pareja que va a cumplimentar los trámites del registro civil para formalizar su matrimonio, y en la fiesta que celebran a continuación le piden que inicie el brindis. ¿Por qué no convertir el brindis en una bendición? Y puestos a ello... hasta en una homilía.

De hecho, se leyó el evangelio de las bodas de Caná, en el que el símbolo del vino nuevo sirve para explicar cómo el laico Jesús bendice religiosamente un matrimonio. Y además, el símbolo de las tinajas vacías (que representan la vaciedad hipócrita de la religiosidad establecida entonces) sirve de paso para recordar que algunas bodas “por la iglesia” pueden ser bodas no religiosas, mientras que otras bodas civiles pueden ser al mismo tiempo acompañadas por una espiritualidad auténtica.

He contado estos últimos años varias veces en este blog los casos en Japón de bodas en la iglesia (aunque no por la iglesia) de no católicos que, tras el registro civil de su matrimonio, celebran la ceremonia religiosa en nuestras iglesias. Esa bendición de los esposos, que está permitida y aprobada por Roma desde hace más de cuarenta años, no es boda canónica, pero sí es una bendición y celebración religiosa. Se la inscribe, para futura constancia, en un registro distinto del registro canónico. Esta clase de bendición esponsal sin boda canónica podrá servir de patrón y referencia para casos como los referidos antes. Esos casos me inspiraron el comentario estilo midrash sobre las tinajas vacías en el capítulo 19 de las relecturas de Evangelio: El Que Vive, ed. Desclée De Brower, Bilbao, 2017, p. 141: En Caná faltó agua, sobró vino.


El que vive: Relecturas de Evangelio

18.11.17 | 01:32. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Queridos amigos y amigas, lectoras y lectores del blog, acaba de publicarse en editorial Desclée De Brower, el libro que recopila relecturas de evangelios nacidas en el contexto de mi conversación con ustedes en este blog. Me permito reproducir aquí un fragmento del prólogo, agradeciendo el ánimo que me dieron sus comentarios para decidirme a publicar estas páginas. Con mi gratitud, se las presento por si les sirven de lectura para Adviento y Navidad.

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Meditación Zen para Rajoy y Puigdemont

27.09.17 | 11:05. Archivado en Religion y sociedad, Justicia y paz

Sí al referendum, con diálogo. Pero antes, silencio del Zen

¿Qué recomendaría a Rajoy y Puigdemont? Que hablen sin tapujos. Pero, primero un presupuesto: antes de cruzar las piernas en el sillón del diálogo para hallar la solución del pacto, siéntense en postura de Loto sobre el cojín del Zen, para hallar la solución del silencio.

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El P. Kadowaki, jesuita y maestro Zen, ya está “unimismado”

06.08.17 | 17:40. Archivado en Bioética

R.I.P: Juan Kakichi KADOWAKI (1926-2017)

El 27 de Julio, 2017, se adentró definitivamente en la Vida de la vida este jesuita japonés, que nos deja un legado de antropología filosófica no dual, espiritualidad ignaciana dialogante y lectura cordial de la Biblia con el cuerpo entero.

Para evocar en su obituario el legado filosófico-espiritual del P. Kadowaki, no encuentro mejor palabra que la acuñada `por Unamuno sobre cuerpo y alma en El Cristo de Velázquez:

Enamorada de su cuerpo tu alma,
y por nupcial amor unimismados,
no como a cárcel al morir dejóla,
con el suspiro de quien queda libre,
sino como a un hogar en que se ansía
dejarse vivirsiempre...

Es que el P. Kadowaki, que enseñaba en los años setenta una antropología filosófica no dual, se alegró y animó al equipo de traductores que preparaba los cinco volúmenes de obras del pensador español de carne y hueso.
En la década de los 80 fue Pedro Laín Entralgo quien se interesó por la manera de hablar Kadowaki en japonés sobre cuerpo y espíritu suprimiendo la “y” para decir “cuerpo-espíritu”, aunando los dos pictogramas de cuerpo y espíritu (ambos con la misma fonética, shin) en el término shin-shin: que podríamos verter unamunianamente como “cuerpo-espíritu unimismados”.


KADOWAKI Kakichi nació en tierras norteñas de Hokkaido el 6 de enero de 1926. Bautizado católico por el P. Dumoulin, el conocido investigador del budismo, entró en la Compañía de Jesús -novicio dirigido por el P. Arrupe- en 1950. Ordenado sacerdote en Tokyo, en 1960, se doctoró en la Universidad Gregoriana en 1964.

Estudió especialmente el conocimiento por connaturalidad en Santo Tomás y la epistemología de Lonergan. Fue profesor de antropología filosófica en la Universidad Sofía de 1965 a 1996. Por contraste con otros profesores japoneses y extranjeros de la generación anterior -que se decantaban por escolasticismos medievales o idealismos alemanes en filosofía y tesis contrarreformistas en teología-, Kadowaki (que, antes de filosofar, se había graduado en ingeniería en la Universidad Imperial) estuvo abierto al diálogo con la fenomenología y hermenéutica.

Después, recogió el legado de encuentro con el Zen del P. Enomiya. Llegó a ser reconocido como Maestro del Zen por el Roshi (Maestro) Omori Sogen, según la corriente de Rinzai, Fue instructor de un grupo internacional de Tercera Probación en Japón, en 1982.

Ha continuado durante más de treinta años profundizando la relación enre la espiritualidad ignaciana y la práctica del Zen; ha dirigido en esa línea muchas tandas de ejercicios, integrando el estilo ignaciano que camina de la meditación a la contemplación, dando importancia al cuerpo, respiración, memoria e imaginación, con la práctica Zen, centrada en la respiración y el silencio. Trasladando este método a la teología, Kadowaki no ha cesado de pensar hasta sus últimos días la integación del aliento corporal con el soplo del Espíritu de Vida.

Dirigió el Instituto de Religiones Orientales de la Universidad Sophia, de 1985 a 1991. Tradujo el libro de los Ejercicios espirituales de san Ignacio al japonés. Fue publicado en la colección de bolsillo de la principal editorial japonesa, Iwanami, en 1995.

Entre sus numerosas publicaciones en japonés, destacan sus estudios sobre pensamiento y espiritualidad en la obra de Dogen (2008), al que calificaba como un santo Tomás del budismo. También es autor de dos piezas de teatro Noh, de temática cristiana, que se estrenaron en Tokyo, Roma, Bruselas y Buenos Aires.En español, recordamos sus libros: El Zen y la Biblia. Lectura coporal del Koan y la Biblia. Vivencia Zen de de un cristiano., ed. Paulinas, 1981; Por el camino de Oriente. Posibilidades de una filosofía cristiana japonesa, ed. Colegio de México, 2011,

Al redactar ahora para el blog estas líneas de obituario, tengo como telón de fondo el leit-motiv de conversaciones con él, que solía repetir: “Ustedes, occidentales, tienen que librarse de la antropología dualista y la teología exclusivista”. Creo sinceramente que los que hemos sido discípulos y colegas suyos en filosofía y teología todavía tenemos como asignatura pendiente tomar en serio este consejo suyo.


Sin vuestro "Amén", no puede haber Corpus Christi

16.06.17 | 15:38. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Sin “Amén”, no hay ”Corpus Christi”

Sin el "Amén" de la ofrenda, la fe y la praxis de la comunidad, no se realiza la transformación eucarística de la vida.

En las reuniones con los niños y niñas que se preparan para la Primera Comunión, dedicamos siempre los primeros diez minutos a repasar la lección primera: ¿Qué quiere decir “Amén”? ¿Qué estamos haciendo cuando contestamos diciendo “Amén” al sacerdote que nos muestra en alto la Eucaristía y dice: “Corpus Christi”?

Amén significa: dos cosas 1) “Así es”. 2) “Así sea”

Al contestar: “Así es” estamos haciendo un acto de fe, estamos reconociendo que “así es, como usted dice, que lo que voy a recibir es la vida de Cristo, para que esté El dentro de mí y yo dentro de Él, que Él viva en mí y yo en Él. Amén es la fórmula más corta del Credo, es el resumen, en una sola palabra, de nuestra fe.

Además, al contestar; “Amén”, estamos haciendo una oración, estamos expresando el deseo de “que así sea”, es decir, que yo me convierta en lo que recibo, que me convierta en Cristo y viva como Cristo para dar vida a otras personas. Eso es evangelizar, dice el Papa Francisco, dar vida.

Cuando esos niños y niñas presentan en la procesión de las ofrendas el pan y el vino, les recordamos: “Esto que traéis no es solo pan y vino, el pan y vino representan la vida diaria de vuestras familias, eso es lo que traéis a la misa para que le pidamos a Dios que envíe su Espíritu y lo consagre y transforme y convierta en vida de Cristo para la vida del mundo.

Cuando el sacerdote pronuncie las palabras de Jesús en la última cena, no dirá “Este pan es mi cuerpo”, sino que dirá en nombre de Cristoi: “Esto es mi cuerpo”.

¿Por qué dice “esto”, y no solo “este pan”? Porque lo que consagra no es solamente este pan y este vino, sino todo lo que ese pan y ese vino representan, lo que habéis traído a la misa: vuestra vida (Venís a la misa, dice el Papa Francisco con vuestra vida a cuestas)...

La consagración es la consagración y transformación del pan, del vino, de la comunidad reunida, de sus vidas y trabajos, de sus penas y alegrías etc... Si no venís a misa trayendo y presentando todo eso para que el Espíritu lo consagre y transforme, no hay manera de celebrar efectivamente la Eucaristía (aunque haya pan y vino y sacerdote que pronuncie las palabras de Jesús).

Y si no decís de veras y con toda vuestra vida el “Amén” de la Comunión (Así es, así lo creo y pido que así sea, que me convierta en lo que recibo y que yo viva para dar vida), entonces la Eucaristía queda incompleta. Sin vuestra ofrenda y sin vuestro amén no hay Corpus Christi (porqe las palabras de la consagración no son magia de abracadabra).

Como tampoco hay Corpus Christi efectivo, sin el amén de una comunidad comprometida para transformar el mundo, desarraigar la corrupción, liberar a los oprimidos, acoger a los excluidos y trabajar por la justicia, la paz y el cuidado de toda vida. Sin ese amén no hay Corpus Christi, aunque haya procesiones barrocas, custodias lujosas escandalizantes y políticos de nombre creyentes presidiéndolas con traje de gala.


No tengan miedo a Nuevas Espiritualidades

06.06.17 | 23:12. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Sin miedo a nuevas formas de espiritualidad compartida, la comunidad interreligiosa medita y contempla compartiendo liturgia trinitaria.

Sin miedo a compartir inter-religiosamente la búsqueda espiritual, un grupo mixto cristiano-budista se reúne en la Casa de Oración para pasar tres días de Ejercicios corpóreo-espirituales.

Intercambian prácticas de “nuevas formas de espiritualidad” que, en realidad, no son tan nuevas; más bien de arraigo tradicional, como el uso de la memoria, la imaginación y el silencio en la contemplación ignaciana de los misterios evangélicos o en la contemplación icónica budista ante el retablo-mándala de Budas y bodisatvas del espléndido auto sacramental que escenifica el Sutra del Loto.

Para quienes venían de una tradición familiarizada con “los tres cuerpos del Buda”: histórico, glorificado y eterno” no fue difícil sintonizar con la meditación sobre la carta a la iglesia de Éfeso: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesús el Cristo, que, por medio de su Enviado, nos ha bendecido desde el cielo con toda clase de bendiciones del Espíritu.

Para quienes venían de una tradición de fe trinitaria (lejos de terrorismos monoteistas, relativismos politeistas y monismos panteistas) también ha sido fácil sintonizar con la meditación sobre los “tres cuerpos de Buda”, que sugería una manera de expresar en términos de cultura y religiosidad Mahayana lo central de una fe trinitaria en un Misterio Absoluto Único.

Estas experiencias de espiritualidad compartida trans-religiosamente son momentos fuertes de iluminación con Jesús en el Tabor o con Shakamuni en Pico del Águila. Pero, sin plantar tiendas en esas cimas, hay que descender del monte y retornar al camino de la convivencia cotidiana: agápe y dikaiosyne, para proseguir la práctica de la compasión liberadora.


Dejad que Lázaro se marche dignamente hacia la Vida

29.03.17 | 17:53. Archivado en Bioética, Eutanasia, Iglesia católica

No pensaba escribir una vez más sobre Lázaro (quinto Domingo de Cuaresma), para no abusar de repeticiones hermenéuticas. Pero veo que todavía abundan las lecturas literales que confunden la resurrección con el revivir. Lázaro no revive, no vuelve a esta vida, sino sale de esta vida hacia la Vida, es un éxodo hacia la verdadera vida (cf. J. Mateos-J. Barreto, El Evangelio de Juan, Cristiandad, 1982, p. 518)

Tampoco pensaba escribir una vez más sobre la dignidad en el morir, sobre el respeto a la dignidad de la persona moribunda durante y a lo largo de todo el proceso de morir. Pero veo que no desaparecen los malentendidos en los debates de proyectos legislativos sobre limitación o regulación de los esfuerzos terapéuticos y el uso de los recursos paliativos y sedación; todavía no desaparece la confusión entre un “buen morir, digno y justo” y un “mal morir, sin respetar la dignidad y autonomía de la persona paciente”. (cf. Cuidar la vida. Debates bioéticos, Herder, 2012, pp.123-162).

Curiosa coincidencia en torno a estos dos temas: las mismas mentalidades que se escandalizaron cuando apoyé el rechazo de Inmaculada Echeverría a la respiración asistida (2007) o el uso responsable de la sedación terminal por el doctor Montes en el Severo Ochoa (2005) o la ley andaluza sobre Derechos y garantías de la persona en el proceso de morir (2010), esas mismas personas se escandalizaron cuando comenté (en Religión Digital, 6 abril, 2015)la palabra clave de la perícopa sobre la muerte( y éxodo hacia la vida de Lázaron en el evangelio según Juan (Jn 11, 44).

En un caso, falta de fe en la resurrección; en otro caso, falta de respeto a la dignidad personal. Y en ambas casos, falta, sobre todo, de crítica, de hermenéutica y de esperanza.

Reavivaré aquí la reflexión sobre Jn 11, 44: dejadlo que se marche. Quédese para el siguiente post la reflexión sobre el buen morir, que no se indigeste la consumición de ambos platos en el mismo menú...

¿Nos damos cuenta de que el versículo 44 sugiere el sentido de: Dejadlo irse más allá, dejadlo irse hacia la Vida de la vida?

“Jesús gritó muy fuerte: -¡Lázaro, sal fuera de este mundo! Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario. Les dijo Jesús: -Desatadlo y no lo retengáis, dejadlo que se marche junto a Abba...

La mentalidad dualista no sale de la disyuntiva entre literalidad y ficción. Por eso le cuesta tanto comprender los evangelios. El lenguaje religioso es cien por cien simbólico. Sin sensibilidad para la creatividad mitopoética es imposible dejarse transformar por la relectura evangélica. Pero el problema se remonta a la escuela elemental: aprender a leer, releer e interpretar.

Releamos, por tanto, y reinterpretemos recreando la narración a la luz de las palabras de Jesús: Yo soy la Resurrección y la Vida.

“Dejadlo irse, dejadlo que se marche”: es la palabra que Juan pone en labios de Jesús ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn 11, 44). Lázaro no resucita de la tumba para volver a esta vida. Este episodio del evangelio según Juan no es un milagro de resurrección, sino la puesta en escena del mensaje de Jesús: “Yo soy la Resurrección y la Vida” (Jn 11, 25). Si Lázaro saliera vivo de la tumba, lo normal sería que los familiares se precipitaran a abrazarlo, darle algo de comer y beber o ponerle ropa de abrigo.

En una escena así parece que no es apropiado decir: “Dejadlo que se marche” (A menos que la relectura se tome la libertad de traducir libremente: “Dejadlo marcharse de este mundo”). Parece que no cuadra el guion con esa escena. Para entenderla hay que darse cuenta de que no se trata de una salida de la tumba para volver a esta vida. Jesús, que ha levantado los ojos al cielo, mira ahora fijamente a la tumba donde sigue estando el cadáver. Sabe Jesús que no es ese el lugar de buscar entre los muertos a quien va a vivir desde ahora en el seno de la vida divina; “sal fuera” no es “sal fuera de la tumba”, sino “sal de esta vida y entra en la vida de Abba”.

“Dejadlo ir (Jn 11, 44)” significaría: “Dejadlo que siga atravesando la muerte para entrar en la vida. Lázaro no está donde están sus restos. Lázaro está ascendiendo a Abba. Dejadlo morir hacia el Padre”.

Si fuera hoy día, en un telefilme, el evangelista habría hecho un montaje muy bueno para su guión. Imaginemos la figura blanca de Lázaro envuelto en un sudario que se va convirtiendo en túnica gloriosa a medida que asciende y se pierde en las alturas, yéndose a lo lejos la imagen difuminada. Cambia la cámara a una panorámica de los familiares entristecidos que extienden sus manos como queriendo retenerle. Se escucha una voz en off que repite las palabras de Jesús a Magdalena en la mañana de resurrección: “No me retengas.” “Me voy hacia mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios” (Jn 17, 20).

De nuevo un primer plano de Jesús, rostro sereno, mirando alternativamente al interior de la tumba y a lo alto de los cielos. Y repite Jesús: “Dejadlo ir, dejadlo y no queráis retenerlo aquí en este mundo con vosotros. Dejadlo morir hacia la vida. No busquemos entre muertos a quien vive”.


Miércoles, 21 de noviembre

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