Convivencia de religiones

Todo se cumplió, pero... queda mucho por hacer

03.04.17 | 08:07. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Viernes Santo. Jesús muere gritando: no está todo consumado, os paso el testigo y entrego el Espíritu

En un twitter sedicente “anti-bergogliano”, leo que se alegran desde la oposición al Papa, diciendo así: “No le va a dar tiempo a su reforma, vendrá después un Juan Pablo III que haga volver la riada al cauce”.

En un blog digital de entusiastas de la primavera de Francisco, leo que se lamentan animados por su carisma, quienes dicen así: “Qué lástima, le va a faltar tiempo para culminar las reformas. Tememos que venga después otra vez la restauración ratzingeriana”.

Los anti-bergoglianos se alegrarían de que a Francisco no le de tiempo a consumar la tarea. Los pro-Francisco se impacientan temerosos de que no le de tiempo para decir consummatum est.

Unos y otros necesitarán (necesitaremos) meditar en Semana Santa el sentido exacto del Consummatum est: Todo está cumplido, sí, mas... no todo está consumado, puesto que aún queda mucho por hacer.

Pienso que a Francisco (que tanto repite lo de la prioridad del tiempo largo de discernimiento, más que el control de los espacios de poder) no le preocupa ninguna de estas dos voces (enemigas por defecto o amigas por exceso) sobre la falta de tiempo; ni le inquieta la voz de quienes desean acelerar su final, ni le seduce la de los que le desean larga vida.
Quien ha meditado y predicado, como Francisco, durante muchos años la tercera semana de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio: Pasión de Cristo, confórtame, conoce bien el tema: A Jesús no le dio tiempo, a Jesús se le quedó mucho, o casi todo, por hacer. Jesús muere quedándosele tantas cosas pendientes...

Aunque su muerte-resurrección consuma la obra de la salvación, Jesús muere encargando a sus seguidores la realización en la historia de la misión para la que les entrega su Espíritu al expirar.

Dos gritos estentóreos de Jesús al agonizar y expirar. Grita como fuera de sí. Un grito de queja y un grito de victoria.
Un primer grito que protesta: “¿Hasta cuándo, Padre, hasta cuándo? ¿Por qué, Abba, por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué de este modo? Es el grito de Job. Es nuestro grito, cuando creemos en Dios, no porque resuelva el mal, sino a pesar de que se calla y no lo resuelve como quisiéramos. Es un grito de queja, fuera de sí ante lo insoportable del silencio de Abba.
Y, a continuación, otro grito, el de quien muere “expulsando el último aliento”, “expeliendo (en griego eksepneusen) su espíritu, su pneuma, entregando su espíritu a Abba y entregándonos su Espíritu para que nos haga vivir, dándones la fe en la resurrección como morir hacia la Vida.

Si el primer grito era el desesperado: “¿hasta cuándo, por qué?, el segundo grito es el que clama: “¡Por fin! ¡Al fin!”. Por fin se llega a un fin que es un comienzo. Aunque al crucificado se le quede todo por hacer en esta vida, su vida y misión sin terminar, sin embargo “todo está consumado y realizado”, no hay que añorar pasados nsotálgicos ni soñar futuros idealizados. Es el “hoy” del Presente de la Vida. Es la entrada en la otra cara del presente: ya no hay engaño de muerte y vida, sino vida verdadera resucitada. Muerte, resurrección y ascensión son todo uno en el Pentecostés del triunfo del Espíritu.

Acostumbrados a la traducción de la Vulgata latina, consummatum est: “todo está consumado” (Jn 19, 30), quizás pasa inadvertido el doble sentido tan rico de esa expresión: ya está cumplido y ya está entregado. Por una parte, Jesús muere demasiado pronto, quedándosele tantas cosas por hacer, tantas palabras que decir, tantos abrazos que dar... en el momento de morir hacia la Vida. Por otra parte, la continuación de su obra y la realización del Reinado de Dios está totalmente entregada en manos de la comunidad que se reunirá por su Espíritu. A ella le entrega el Espíritu al expirar el último aliento del suyo, que es el primero de la constitución de su iglesia por el Espíritu. Esta entrega, dramatizada en el brote de sangre y agua del costado abierto, es recibida por Juan y Magdalena, primera comunidad eclesial, amparada por la Madre de Jesús, la Piedad del Descendimiento, que se convierte en Madre de la Iglesia.

Jesús murió quedándosele mucho por hacer, pero su muerte no es una derrota, porque lo principal está cumplido y entregado. La garantía de su continuidad es su propio espíritu, entregado y vivo como Espíritu de Vida del Resucitado. Por eso pudo morir, por una parte, inclinando la cabeza (Jn 19, 30) y, por otra parte, puede morr gritando (Lc 23, 46 Mc 15, 37 Mt 27, 50). Muere gritando un grito de victoria, porque morir es salir fuera de sí para extenderse a todo, es salir de sí para entrar definitivamente en el misterio de la Vida. Morir es resucitar: no como re-vivir, sino como vivir plenamente y de veras en la vida de la Vida.

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Acogida eclesial a matrimonio de mismo sexo

30.06.16 | 19:54. Archivado en Francisco, Iglesia católica

El párroco Flavio atendió la consulta matrimonial de los cónyuges Ticio y Cayo (nombres todos ficticios, como en los manuales canónicos de casus conscientiae, pero que convienen a personajes, hechos y dichos reales en un lugar mediterráneo el pasado 13 de Junio, que san Antonio bendiga).

Ticio y Cayo convivían como pareja de hecho desde hace tiempo y, sin ocultarlo, participaban con normalidad en la vida de la parroquia. Ahora, aprovechando que en su país las leyes lo permiten, han formalizado civilmente su situación. Pero desearían la bendición sacramental de su unión y han venido a consultarlo.

--- Padre Flavio, usted ya nos conoce bien y sabe que, aunque nos hemos casado civilmente, echamos de menos su bendición.

---Mi bendición, no. La de Jesús, que ya sabéis que no os casa un juez, ni os casa un cura, sino que os casáis vosotros y el Señor bendice la unión para que, a lo largo de la vida, se vaya haciendo irrompible.

---Ah, qué bien, Entonces, ¿Nos podemos casar también en la Iglesia y nos da usted esa bendición del Señor? , dice Ticio.

---La verdad es que estábamos dudando si pedírselo, añade Cayo. ---Se lo comentamos al cura Filiberto y nos dijo que no se puede, que lo dijeron los obispos en la reunión esa del Sínodo, y que también lo dice el Papa en una carta que ha escrito sobre amor y alegría

---Bueno, vamos por partes, dice el cura Flavio. Lo que dice Filiberto que dice Francisco no es del todo exacto. En realidad, Francisco dice dos cosas: primero, que a vosotros hay que acogeros en la Iglesia sin la más mínima discriminación; segundo, que una boda como la vuestra iría en contra de lo que dice el derecho canónico que es el matrimonio.

Con esto, ya puedo responder a vuestras preguntas. Porque me habéis hecho dos preguntas distintas: si os podéis casar canónicamente en la iglesia y si la Iglesia puede bendecir vuestra unión ya civilmente formalizada.

A la primera pregunta os tengo que responder que no. Hoy por hoy, mientras no se reforme el derecho canónico, no podemos celebrar esa boda canónicamente, cumpliendo con todos los requisitos canónicos e inscribiéndoos en el registro matrimonial. Pero, por otra parte, ni falta que os hace, porque ya estáis casados civilmente.

Pero a la segunda pregunta os tengo que decir que sí. Lo mismo que la semana pasada celebramos dentro de la misa la renovación de la promesa matrimonial de nuestros amigos Clara y Felipe, en sus bodas de plata, del mismo modo podemos celebrar dentro de la misa de nuestra comunidad, que os acoge, podemos celebrar la renovación de la promesa de vuestro matrimonio civil y que Dios la bendiga.

---¿Y no le llamarán la atención a usted desde Roma?

---Después de
Amoris laetitia, ya no. Mirad lo que escribe un teólogo moral amigo mío. que comenta así en su blog la exhortación de Francisco:

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La nulidad, cuestión canónica. La comunión, cuestión de conciencia

13.06.16 | 13:33. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Si no tienen tiempo para el capítulo 8 de Amoris laetitia, con qué párrafo se quedarían? Alguien dice que con la nota de pie de página 351. Otros preferirán el número 300, que aclara bien la diferencia entre dos cuestiones: La pregunta por la nulidad matrimonial es cuestión canónica. La pregunta por la comunión de divorciados es cuestión de conciencia.

Una pareja (que llevaba, por cierto, unos años lamentando su propia situación de divorciados vueltos a casar y echando de menos los sacramentos) respondió así: “Nosotros nos quedamos con la nota 351, menos mal que nos la descubrieron los periodistas al preguntarle al Papa por ella. Repite las dos frases famosas de Francisco: la confesión no es una sala de tortura y la comunión no es premio para fuertes, sino medicina para débiles. Lástima, decían, que solo diga eso en una nota de letra pequeña de una carta de más de trescientas paginas...”

Pues tenéis razón en lo primero (la importancia de esas dos citas), pero no en lo segundo (que solo sea esa pequeña nota la que os da luz verde para acudir a los sacramentos).

Yo me quedaría con el párrafo número 300, toda una página entera sobre el discernimiento; distingue las cuestiones canónicas, que se tratan por vía jurídica según normativas de derecho canónico, y las cuestiones de conciencia, que se tratan por vía de discernimiento, ante Dios en oración y con la ayuda del acompañamiento pastoral.

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Cementerio de Naím: Quien resucitó fue la madre

06.06.16 | 06:53. Archivado en Mística, Francisco

Al escuchar el domingo pasado (Junio, 5, 2016) la Homilía del Papa Francisco, redescubrimos el vínculo que enlaza misericordia y resurrección, La misericordia resucita y la resurrecciçon es clave del consuelo misericorde. Jesús no es un mago, decía Papa Francisco. Es la ternura de Dios encarnada, en Él obra la inmensa compasión del Padre”

En efecto, creer en la Resurrección y practicar la misericordia como Jesús es un milagro mayor que resucitar a un muerto. Como comentaba Francisco, “Jesús se acerca, toca el ataúd, detiene el cortejo fúnebre, y seguramente habrá acariciado el rostro bañado de lágrimas de esa pobre madre. No llores, le dice, como si le pidiera: Dame a tu hijo. Jesús pide para sí nuestra muerte para librarnos de ella y darnos la vida....”

Esta reflexión invita a meditar de nuevo el pasaje del cementerio de Naím, releyéndolo y reinterpretándolo en forma y estilo de “midrásh”.

Cuando se acercaba a las puertas de la ciudad resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; una considerable multitud de la ciudad la acompañaba. Al verla, el Señor se conmovió entrañablemente y, mientras la consolaba, tocó el ataúd, sin miedo a contaminarse. Luego, dirigiéndose al cadáver, dijo :-Joven, a tí te hablo, despierta y ponte en pie, camina entre las nubes hacia lo alto, al encuentro de Abba. Todos callaban sobrecogidos de espanto. La madre se emocionó: -Señor, me has devuelto a mi hijo... (Cf. Lc 7, 11-17)

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Del brazo con Santo Tomás -Francisco discernidor (4)-

21.05.16 | 05:04. Archivado en Religion y sociedad, Francisco

Por el Paseo de la Cuarta Vía caminan del brazo el jesuita Papa Francisco y el teólogo dominico Tomás de Aquino. Caminan del brazo la reforma y la tradición. La tradición pensadoramente creativa del teólogo dominico acompaña y apoya la reforma tradicionalmente evangélica del jesuita franciscano.

Por el Paseo de la Cuarta Vía caminan del brazo la buena pastoral y la sana teología. Desde la acera derecha los miran con escepticismo los dogmáticos y canonistas. Desde la acera izquierda les lanzan puyas los del cambio irresponsable, azuzándoles para que vayan más de prisa. Desde los balcones y miradores de la vía media estilo Curia, les invitan a pararse en el camino y, a mitad de distancia de las dos aceras, contentar a ambas con sonrisas de doble cara, mitad corbata y mitad coleta. Pero Francisco y Tomás prosiguen caminando mientras aumenta poco a poco el número de seguidores por la Cuarta Vía hacia … la Plaza de la Concordia Creadora.

En los párrafos de AL sobre el discernimiento de la conciencia responsable remite Francisco a lo que dijo en EG sobre la pastoral del crecimiento condicionado por los límites. Llama la atención que, en ambos casos, se refuerza el texto de Francisco con las citas de Tomás de Aquino sobre la pluralidad de expresiones de la razón teológica al expresar cuestiones de doctrina y la pluralidad de conclusiones de la razón práctica al tomar decisiones morales (EG 40, nota 44: S Th I q. 47, a. 1, y AL 304, notas 347-8: S Th I-II, 94, a. 4).

Francisco se refiere a dos estilos diferentes de pensar y decidir sobre las cuestiones morales: uno es el estilo monolítico de la moral automática y estática; otro es el estilo explorador de la moral de discernimiento, dinámica y en camino.

Francisco opta por el segundo cuando propone la lógica de la misericordia en vez de la lógica de la condenación (AL 296); cuando prefiere el poliedro (AL 4), al monolito y los matices de la búsqueda exploradora, en vez de los dilemas de blanco o negro, propia del pensamiento de conclusión única, excluyente de opciones variadas.

Esta moral discernidora es capaz de conjugar la propuesta del ideal de los valores con la comprensión de la complejidad de las circunstancias (AL 307), hacer que la aspiración al crecimiento hacia la meta sea compatible con el reconocimiento de los límites a lo largo del camino (AL305).

Francisco opta por este estilo de pensar y decidir sobre las cuestiones morales y lo pone en práctica en La Alegría del Evangelio, (EG, cap.1, especialmente nn. 40-45: crecimiento hacia la meta en medio de limitaciones), y en La Alegría del Amor (AL, cap. 8, sobre todo, nn.304 a 312: normas y discernimiento, lógica de la misericordia pastoral).

Destacan en ese marco algunas formulaciones lapidarias que han sido subrayadas por la mayoría de comentaristas. Por ejemplo:

“Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio. No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión, sino a todos, en cualquier situación en que se encuentren” (AL 287).
•Situaciones muy diferentes… no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral” (AL 298).
En “la conversación con el sacerdote, en el fuero interno… cuando se encuentra una persona responsable y discreta, que no pretende poner sus deseos por encima del bien común de la iglesia, con un pastor que sabe reconocer la seriedad del asunto que tiene entre manos, se evita el riesgo de que un determinado discernimiento lleve a pensar que la Iglesia sostiene una doble moral”(AL 300).
“Este discernimiento es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena” (AL 303).
“Cuanto más se desciende a los casos particulares, más indeterminación hay” (AL 304, S Th q. 94, a. 4).
“El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y el crecimiento” (AL 305)

A diferencia de la moral monolítica y (normas exclusivas y casos homogeneizados), la moral discernidora y exploradora es ternaria (discierne las circunstancias del camino a la luz de los valores de la meta, teniendo en cuenta la señalización de las normas, pero sin absolutizarlas ni aplicarlas automáticamente, sino en la medida en que sirven para proteger los valores de la meta y la seguridad en el camino).

Esta manera de pensar y decidir en moral es, por otra parte, característica de la enseñanza tradicional cristiana sobre la conciencia y el discernimiento en el Nuevo Testamento (por ejemplo, Rom 2, 14-15, Rom 14, 23).


Del semáforo canónico a la brújula pastoral en Amoris laetitia

02.05.16 | 18:28. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Francisco, discernidor (3)

Hoy pondré un ejemplo para ver cómo Francisco, en La alegría del amor, opta por el cambio responsable: un camino de discernimiento personal acompañado eclesialmente.

En los comentarios sobre Amoris laetitia hemos visto estos días en las redes sociales algunas reacciones como las siguientes:

1Desde posturas inmovilistas (las que llamé en posts anteriores de “la primera vía”) han criticado a Francisco, acusándole de desestabilizar la Iglesia ruptura de la tradición. Al día siguiente de la publicación ya se podían leer (en un portal neoconservador que no citaré por su nombre para no hacerle propaganda) comentarios que acusaban a Francisco de “encharcar de barro la enseñanza católica, prescindir de normas, reglas y leyes y poner en su lugar valores e ideales para justificar condescendencias”. Son las voces de la “primera vía” que dicen: nada debe cambiar.

Lo irónico es que estas críticas demuestran darse cuenta de que con Francisco sí hay cambio. Precisamente uno de los cambios más decisivos es el de pasar de la moral de “recetas” (AL 304; 298, nota 333) y semáforo en rojo a la de discernimiento (AL cap. 8), y de la moral de normas sin excepciones a la de discernir situaciones a la luz de los valores, poniendo en su lugar a las normas con sus limitaciones (cf. AL 300-301, 305).

A) Desde posturas pro-cambio a ultranza y precipitadamente (las que llamé de “la segunda vía”) han criticado a Francisco por quedarse corto. Tenían quizá la expectativa de que Francisco impusiese el cambio autoritariamente desde arriba. Pero habría ido en contra de su opción por la sinodalidad, la descentralización, el pluralismo y la inculturación: "No todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales" (AL 3).

B) Desde posturas disfrazadas de centro equilibrado (los que llamé de “la tercera vía” se han apresurado a interpretar el lenguaje de Amoris laetitia para decir que no ha cambiado nada. Critican, aun con alabanzas a su compasión pastoral, lo que les parece ambiguo en el lenguaje de Francisco, para el que piden la ayuda del Prefecto de Doctrina como corrector de pruebas.

Basta una lectura del prólogo de Amoris laetitia (nn. 1 al 7), junto con el discurso al final del Sínodo de 2015 para ver que Francisco rechaza las tres posturas siguientes: 1) nada puede ni debe cambiar, 2) hay que cambiar mucho, pronto y desde arriba, 3) se permiten cambios a medias, más o menos cosméticos, diciendo “sí, pero no” (con diplomacia vaticana), y que en realidad no cambie nada.

De estas posturas mencionadas dice Francisco que “van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, a la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas”.(AL 2).

Como ejemplo de la cuarta vía, la del discernimiento in via (¡se hace camino al andar y se “crece gradualmente” al cambiar!) se puede aducir la diferencia que va de Familiaris consortio n. 84 a Amoris laetitia cap. 8

Francisco cita la Familiaris consortio, en la que Juan Pablo usaba por `primera vez las dos palabras tabú para los inmovilistas de la “primera vía”: el discernimiento y las situaciones. Decía que hay que “discernir las situaciones” y que no todos los casos de divorciados vueltos a casar son iguales, e incluso se atrevía a precisar que la normativa de no admitirles a los sacramentos no es doctrina, sino disciplina que la iglesia podría cambiar. Pero, dicho esto, concluía poniendo la condición de “convivir como hermanos”, con lo cuál no cambiaba nada, La Familiaris consortio no iba más allá de la “tercera vía”.

Francisco va más allá por la cuarta vía: el camino del discernimiento:

Hay que insistir en que el discernimiento es dinámico y en camino (AL 303). Un camino recorrido por 1) la conciencia 2) en situación 3) responsable ante los valores e iluminada por ellos 4) acompañada y 5) creciendo gradualmente (AL 300-305).

No es, como temerían las críticas contra el cambio, un recurso individualista, situacionista o relativista.

Tampoco es una conclusión normativa impuesta por un magisterio eclesiástico, como esperaban quienes tenían expectativas de una “receta progresista del papa argentino” que pusiera del revés la “receta conservadora del papa polaco”-

Ha hecho Francisco como hizo Pablo VI en la Octogesima adveniens (1971) al decir que no era su misión dar la respuesta última para la pluralidad de situaciones que debían ser discernidas en clima de oración y atendiendo a las circunstacias por parte de las comunidades locales en comunión con sus pastores.

(Continuará… Veremos más adelante la importancia que da Francisco al estilo de discernimiento de Pablo VI en Evangelii nuntiandi y Octogesima adveniens, bien distinto del miedo al cambio en la Humanae vitae).


Tinajas vacías, vino nuevo y Epifanía de la Vida

31.12.15 | 15:43. Archivado en Mística, Francisco, Iglesia católica

Se celebraba una boda en Caná de Galilea. María y Natanael estaban allí desde una semana antes hospedados en casa de los parientes (Jn 2, 1). María preparaba para alojar a los invitados de la novia, entre los que se hallaba Jesús, y Natanael se encargaba de recibir a los amigos del novio. “¿Podemos, debemos... o queremos ir nosotros también?”, preguntaron los discípulos de Jesús. “Bueno, sois muchos, pero con tal de que no alborotéis y..., por supuesto, que traigáis algo para reponer los odres vacíos... sois bienvenidos”.

A mitad de la fiesta, María avisa a Jesús : “Se están acabando los odres de Séforis. Ya va siendo hora de que le ofrezcáis a los novios vuestro vino de Taibeh”(Jn 2, 3). “Mujer, qué prisa tienes, aún es pronto, no ha llegado la hora (Jn 2, 4), deja que entretanto se refresquen con un botijo de agua de las tinajas del patio”. “Pero, hombre, qué cosas tienes. Esas son las Tinajas de la Ley, solo se usan para rituales. Además, si supieras... hace años que ni siquiera sirven ya para el rito, están vacías y secas”(Jn 2, 6-7). “Ya lo sé”, ríe Jesús. “Por eso encargué a Andrés y Simón que escondiesen allí nuestros odres de regalo a los novios, para sacarlos en su momento. Cuando llegue la hora, mujer, cuando llegue la hora (Jn 2, 4; 4, 23; 7, 30; 13, 33; etc...)”.

María asintió satisfecha y dijo a los sirvientes: “Id con estos a reponer las bebidas” (Jn 2, 5). “¿Adónde?” “Al patio grande, donde están rellenando de otra agua las Tinajas de la Ley” (Jn 2, 6-7). Al poco rato salían los sirvientes trayendo los odres de Taibeh, sacados de su escondite en el seno de las tinajas y comenzaron a escanciar. El capataz de cocineros probó un sorbo mientras adobaba las ensaladas. “¡Qué buen cuerpo tiene este vino! ¿Por qué no lo habrán servido antes? ( Jn 2, 10)”.

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Amanece la Indulgencia, tras el ocaso de las indulgencias

30.10.15 | 02:25. Archivado en Francisco, Iglesia católica

En el catecismo memorizado en primaria, se preguntaba: “¿Qué creéis en la comunión de los santos?” Respuesta: “Que los unos fieles participamos de los bienes espirituales de los otros, como miembros de un mismo cuerpo”.

¿Lo entenderían aquellos niños y niñas de siete años? Es dudoso. Pero la buena maestra doña Pilar –de entrañable recuerdo- trajo prestados de la sexta clase unos frascos de cristal unidos por la base y nos hizo echar agua por turnos para verla subir al mismo nivel en cada probeta. Dos años después aprenderíamos en clase de ciencias los vasos comunicantes, pero ya los conocía de antemano el alumnado de primera comunión, entrenado por la catequista murcianica para rezar a los difuntos por los difuntos en la “comunicación de lo santo” (por intercesión de la Virgen de la Fuensanta). Si hubiera sido hoy, seguro que doña Pilar lo explicaba con telefonía móvil. A lo mejor hablaría de la indulgencia como zumo de suplemento vitamínico o conexión por internet con la página web del Espíritu Santo.

Hace 48 años el Papa Pablo VI promulgó una reforma de la doctrina y práctica de las indulgencias; quería evitar, con siglos de retraso, los abusos y exageracionesq que con tanta razón criticó en su día Lutero. Pero esta reforma era insuficiente. No se desprendía de las metáforas penales y mercantiles: pena, castigo, expiación, redención, satisfacción, precio, etc., de las que era víctima la teología, no solo por culpa de san Anselmo, sino hasta del mismísimo san Pablo.

El Papa Francisco, en la Bula de Proclamación del Jubileo de la Misericordia, redescubre “la Indulgencia” (con mayúscula y en singular), más allá de “las indulgencias” (con minúsculas y en plural). Redescubre la Indulgencia misericordiosa, reinterpretando las indulgencias de rebajas penales o mercantiles.

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¿Bendecirán las iglesias a parejas LGTB casadas civilmente?

17.10.15 | 16:48. Archivado en Sínodo, Francisco, Iglesia católica

Esta semana estarán hablando los sinodales en Roma sobre la acogida evangélica de todas las personas en las comunidades cristianas; y, concretamente, sobre la acogida comunitaria y bendición eclesial de las parejas LGTB que han formalizado civilmente su enlace matrimonial.

Una persona participante en el Sínodo, que habla con condición de confidencialidad, hace la siguiente pregunta: “Respetando lo prescrito en el Derecho Canónico sobre el matrimonio, y reconociendo que no puedo presidir y testificar como celebrante el matrimonio de dos contrayentes LGTB (discúlpeseme el recurso a las abreviaturas), pregunto: ¿Podría celebrarse litúrgicamente -aunque no canónicamente- la acogida eclesial de esa pareja que se ha casado ya civilmente? ¿Podría hacerse según un ritual de bendición (hay decenas de ejemplos en el benediccional ritual romano, desde la bendición del agua hasta la de las semillas, pasando por la bendición de la mujer embarazada y del feto, o la bendición de los hogares, o de la primera piedra de un edificio o de los altares,etc...); podría celebrarse con esta bendición el enlace de la pareja, incluso con un ritual semejante al de la liturgia matrimonial, aunque no se trate de una “boda canónica”?

La respuesta a su pregunta, estimado pastor, es sencillamente que sí.

Pero reconozco que le estoy respondiendo desde la moral evangélica y la reflexión teológica. Si le hace usted esta pregunta a quien identifique la moral teológica con el derecho canónico, es posible que no se atreva a darle esta respuesta.

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Gramática del divorcio: no desatable no significa irrompible

02.10.15 | 15:54. Archivado en Bioética, Sínodo, Francisco

Los sinodales se reunen este mes en Roma para hablar de la familia.Convendría repasar la gramática de los participios o adjetivos verbales, para evitar malentendidos sobre indisolubilidad e indisoluble, entre "no se ha de romper", "irrompible" y "roto".

La indisolubilidad del matrimonio (non dissolvendum, que no debería romperse) no significa que sea “irrompible”. No es incompatible la defensa de la indisolubilidad con el reconocimiento de las rupturas y la acogida eclesial misericordiosa de las personas divorciadas y casadas de nuevo.
(Ver: Sínodo, matrimonio y familia en la página web: www.juanmasia.com

Decía el otro día un obispo, opuesto a la reforma, que “ni siquiera el Papa puede anular un matrimonio indisoluble”. Con respeto, permítase corregir el uso del lenguaje sobre “indisolubilidad” o “anulación”. No se trata de cuestionar la indisolubilidad como meta ideal, vocación, promesa y deber de cumplirla (que es lo que dijo una mayoría de sinodales en 2014). Tampoco se trata de anular o no anular, sino de reconocer como roto lo que se ha roto y, si la ruptura es irreparable y no se puede recomponer, hacer todo el bien que se pueda para recomponer la vida de cada una de las personas, sanar las heridas que hayan quedado abiertas o, en su caso, absolver a quien lamenta la ruptura de lo que “no se debía disolver”, pero se rompió irreparablemente.

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De Pablo a Francisco, pasando por Benedicto

26.09.15 | 15:17. Archivado en Justicia y paz, Francisco, Iglesia católica

Ecoevangelio es la palabra clave que define el llamamiento contemplativo y comprometido para cuidar la relación con la tierra y con los pobres desde la relación con Dios.

Es un llamamiento que resuena desde Pablo VI, el Papa integrador, hasta Francisco,el Papa Misericordioso, pasando por las aclaraciones de Benedicto XVI, el Papa Lúcido.

La editorial Herder tuvo en fecha muy temprana (cuando aún estaba en germen la encíclica Laudato si) la feliz intuición de recopilar las propuestas ecológicas de Benedicto, completándolas con las de Francisco. El anuncio de esta encíclica, en los anticipos de ella durante las homilías matutinas del Papa venido del Sur, invitaba a ampliar el proyecto y retrasar la publicación para incluir en ella la presente encíclica. El sueño se hizo realidad con la aparición a primero de septiembre del volumen de 400 páginas: Hacia un ecoevangelio. El llamado ecológico de los Papas Benedicto y Francisco, en el que se incluyen más de doscientas páginas de textos selectos de Benedicto sobre ecología humana y cristiana, seguidos del texto íntegro de la encíclica del Papa Francisco.

El título del volumen es significativo: Hacia un ecoevangelio. “Hacia...”, porque es llamamiento a reconocer un don y una tarea, cuya realización es asignatura pendiente. Evangelio, porque es Buena Noticia. Y Ecoevangelio, porque quiere responder al clamor de la casa (oikos, eco-) amenazada; más exactamente, al doble clamor de la casa común, la tierra, y de sus moradores más desfavorecidos, excluidos o descartados.

En esta encíclica, publicada medio siglo después del Concilio Vaticano II, culminan cuatro décadas de esfuerzos por llevar a cabo (a veces frenados por la contracorriente restauracionista anticonciliar) la integración a que aspiraba Pablo VI en su exhortación Evangelii nuntiandi, 1975: la inseparable unión de la misión evangelizadora con la promoción de paz y justicia en el cuidado del mundo.

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Matrimonio en cuatro tiempos -Se acerca el Sínodo, repensemos-

17.08.15 | 05:28. Archivado en Bioética, Sínodo, Francisco

Se acerca el Sinodo y se reiteran las propuestas a favor y en contra de revisar doctrina y prácticas eclesiales sobre acogida sacramental de personas en nuevas nupcias tras divorcio. Pero antes de argumentar en pro o en contra, repensemos el tema central de la fidelidad a la promesa, punto de partida anterior a las doctrinas teológicas y prescripciones canónicas sobre la indisolubilidad del vínculo.

Para cuidar la fidelidad y proteger su fragilidad, reflexionemos sobre la unión esponsal como don y tarea. La sinfonía del “sí, quiero” de los cónyuges, se despliega en cuatro tiempos: promesa interpersonal, acuerdo social, símbolo sacramental y tarea biográfico-familiar.

Para proponerla no bastará un simple post, habrá que alargarse esta vez en una columna.

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