Convivencia de religiones

Cenizas de muerte y Aliento de Vida

13.02.18 | 21:54. Archivado en Mística, Iglesia católica

Cuaresma: Ceniza de fugacidad y Aliento de eternidad


Así celebramos el comienzo de la Cuaresma en una comunidad creyente que se prepara a vivir muriendo hacia la Pascua durante el camino penitencial y bautismal de este tiempo fuerte del año cristiano: recibimos en la liturgia del miércoles inicial el recuerdo de la ceniza y la bendición del Aliento de Vida.

Al recibir este recuerdo y bendición no nos dicen “al polvo volverás”, sino “tus restos se harán polvo, mas tu soplo de Vida vivirá para siempre en el Aliento”.

Para esta comunidad creyente el imperativo del Espíritu, memento, homo: recuerda, criatura humana, se traduce a la luz de la fe, diciendo: Recuerda que no eres solo barro, sino barro animado por el soplo de vida que te infundió el Aliento Recuerda que eres criatura, creada para vivir eternamente. Recuerda que tus restos al polvo regresarán, más tu soplo de vida se transformará absorbido por el Aliento del Espíritu.

Así discurre la acción litúrgica: Delante del altar espera el celebrante, preparado para recordarnos la Palabra y bendecirnos con la aspersión del agua de vida. A sus lados, acompañantes con la bandeja de la ceniza y el agua para la aspersión.

Nos acercamos al altar, como creyentes y penitentes –conscientes del sentido bautismal y penitencial, es decir, de confesión de fe y anhelo de conversión- de este rito cuaresmal.
Venimos a recibir el recuerdo y la bendición, el memento (recuerda) y el laetare (alégrate) de la fe que nos transmitieron tantos hermanos y hermanas seguidores del Espíritu de Jesús como Juan y Magdalena, Pedro o Pablo, Lydia o Marcos y un interminable etcétera en el desfile de los santos...

Mientras la persona que realiza el ministerio diaconal derrama unos polvos de ceniza sobre nuestra cabeza, escuchamos la primera parte del memento: acuérdate, criatura, que tus restos serán polvo de tierra...

A continuación, el sacerdote nos bendice con la aspersión del agua de vida (bautismal, reconciliadora y eternizadora) mientras pronuncia la segunda parte del memento (que completa la frase anterior): Pero, alégrate, criatura y no olvides que eres soplo de Vida y que vivirás para siempre en el Aliento del Espíritu de Vida.

Nos había preparado para vivir este rito la liturgia de la Palabra, con la meditación de las dos lecturas siguientes:

Primera lectura (de la segunda carta a la iglesia de Corinto, 4, 16- 5,3):

Aunque nuestro exterior va decayendo con los años 〔y acabará siendo el polvo de nuestros restos〕 , lo interior 「el soplo de vida que nos hace vivir」se renueva de día en día 〔cada día estamos más rejuvenecidos〕, no ponemos la mira en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque lo que se ve es transitorio, y lo que no se ve es eterno. Sabemos que si nuestro albergue terrestre, esta tienda de campaña se derrumba, tenemos un edificio que viene de Dios, un albergue eterno en el cielo... Allí entonces lo mortal será absorbido por la Vida. Quien nos preparó concretamente para esto fue Dios, que como garantía nos dio su Espíritu de Vida 〔que ya desde ahora crea en nuestro interior el cuerpo glorioso que vivirá para siempre en su Aliento〕.

Proclamación del Evangelio (de la Buena Noticia Alegre según Juan, 11, 24-25):

〔Alégrate, Marta, y tranquilízate,〕 que no te estoy diciendo simplemente que Lázaro resucitará o que tú resucitarás el último día, lo que te digo es que Yo soy la Resurrección y la Vida, que quien me presta adhesión y cree en mi Palabra de Vida, aunque muera vivirá, pues toda persona que vive y cree 〔que tiene ya dentro de sí el soplo de vida del Aliento de Vida, 〕no morirá nunca.〔 Anímate, cariño, atrévete, Marta, a creer esto〕。

(Ver más sobre estas dos lecturas bíblicas en:

Vivir. Espiritualidad en pequeñas dosis, Desclée, 2015, caps 67-72

El Que Vive. Relecturas de Evangelio, Desclée, 2017, caps. 23 y 24: (Lázaro y Naím).


Buen vino al final

27.01.18 | 17:47. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Bendición religiosa de matrimonios civiles.

Al trabajar en la atención a migrantes en el Centro Internacional de la diócesis de Tokyo, me encuentro con casos que piden poner en práctica las orientaciones pastorales abiertas y con sentido evangélico del Papa Francisco, e incluso a ir mucho más lejos que Amoris laetitia (tan limitada por el miedo eclesiástico a actuar como Jesús: sacramenta propter homines, los sacramentos para bien de las personas).

Un matrimonio japonés (católicos ambos de tercera generación, bautizo infantil) lamenta que su hijo, bautizado pero no practicante, no quiera casarse en la iglesia;`tras convivir una temporada de hecho con su pareja extranjera (también bautizada, pero no practicante), cuando van a dar el paso de formalizar civilmente su matrimonio, optan por no celebrarlo en la iglesia. Si lo hicieran por contentar a los padres, estarían fingiendo, más o menos hipócritamente. Hubo que tranquilizar a los padres, era honesta y consecuente la decisión.

En cambio, una pareja filipina que tiene impedimento para un matrimonio canónico (por ser ambos divorciados de matrimonios anteriores), cuando formalizan civilmente su registro civil me invitan a visitar y bendecir la casa que inauguran. ¿Cómo bendecir la casa y no bendecir a las personas? Acabamos celebrando una misa en su casa y bendiciendo la renovación de la promesa matrimonial de su enlace civil

Hay matrimonios en la iglesia que, en realidad, no son bodas religiosas. Y hay, por otra parte, matrimonios civiles que pueden ser también religiosos y bendecidos espiritualmente, aunque no canónicamente (ya es hora de sacar los sacramentos fuera del derecho canónico).

Una pareja LGBT, que no puede formalizar su matrimonio por no permitirlo la ley japonesa, lo hace durante su estancia en un país europeo y, a su regreso, en Tokyo, tienen ocasión de asistir a la liturgia mensual organizada por el grupo católico pro-no discriminación LGBT. Preguntan si, lo mismo que se celebra esta liturgia, se podría celebrar su boda en la iglesia. Una boda canónica, no; pero una bendición religiosa de su matrimonio civil, sí.

Más interesante (y muy oportuno como referencia para casos semejantes) es la experiencia al acompañar el sacerdote amigo a una pareja que va a cumplimentar los trámites del registro civil para formalizar su matrimonio, y en la fiesta que celebran a continuación le piden que inicie el brindis. ¿Por qué no convertir el brindis en una bendición? Y puestos a ello... hasta en una homilía.

De hecho, se leyó el evangelio de las bodas de Caná, en el que el símbolo del vino nuevo sirve para explicar cómo el laico Jesús bendice religiosamente un matrimonio. Y además, el símbolo de las tinajas vacías (que representan la vaciedad hipócrita de la religiosidad establecida entonces) sirve de paso para recordar que algunas bodas “por la iglesia” pueden ser bodas no religiosas, mientras que otras bodas civiles pueden ser al mismo tiempo acompañadas por una espiritualidad auténtica.

He contado estos últimos años varias veces en este blog los casos en Japón de bodas en la iglesia (aunque no por la iglesia) de no católicos que, tras el registro civil de su matrimonio, celebran la ceremonia religiosa en nuestras iglesias. Esa bendición de los esposos, que está permitida y aprobada por Roma desde hace más de cuarenta años, no es boda canónica, pero sí es una bendición y celebración religiosa. Se la inscribe, para futura constancia, en un registro distinto del registro canónico. Esta clase de bendición esponsal sin boda canónica podrá servir de patrón y referencia para casos como los referidos antes. Esos casos me inspiraron el comentario estilo midrash sobre las tinajas vacías en el capítulo 19 de las relecturas de Evangelio: El Que Vive, ed. Desclée De Brower, Bilbao, 2017, p. 141: En Caná faltó agua, sobró vino.


María, José y Jesús en el umbral de la Vida

21.12.17 | 16:04. Archivado en Mística, Iglesia católica

Navidad: Jesús, al nacer, sale del seno de su madre por la “puerta de la vida”.

No sale como un rayo de sol a través de un cristal. Sale, vulnerando el cuerpo materno (como hicimos al alumbrarnos nuestras madres). Por esa misma puerta entró el germen paterno para unirse con el materno y desencadenar el proceso de la concepción. Es la puerta por donde se entra a la unión de las personas para engendrar nueva vida y por donde sale la nueva vida a ver la luz del mundo.

A la entrada, a la salida y a lo largo del proceso, la presencia energetizante de la dynamis del Espíritu de Vida actuó para que la unión se convirtiese en procreación. El misterio de la concepción es la presencia del Espíritu de Vida a lo largo del proceso que comienza y culmina con el cruce de “la puerta de la vida”.

José, en medio de un sueño, despierta a la incógnita y el deseo de acoger la nueva vida con la consiguiente ansiedad. El mensajero angélico le tranquiliza: “No tengas reparo, José, en llevarte contigo a María y unirte a ella como esposo, porque la criatura que llevará en su seno vendrá del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, el Liberador” (Mt 1, 20-21). El nombre lo escoge Dios, pero lo imponen la madre y el padre. Contra la costumbre patriarcal de que el padre imponga el nombre, el mensajero celeste encarga tanto a María, la madre (en el caso del evangelio de Lucas) como a José, el padre (en el caso del evangelio de Mateo), la imposición del nombre (aceptación de la nueva vida, en vez de rechazarla).

Toda criatura nace por obra de Espíritu Santo. Todo padre y madre pueden llamarse con propiedad co-creadores de la nueva vida, nacida de varón y mujer con la bendición del Espíritu de Vida y acogida por quienes le ponen nombre (como promesa de creación continua durante la crianza).

Mateo y Lucas sugieren que María y José conciben y dan a luz a Jesús gracias a la fuerza del Espíritu Santo. Al mismo tiempo están proclamando, de parte del Dios Vivo hecho Dios-con-nosotros, la maravilla de creatividad de toda concepción y alumbramiento.

La concepción es un sustantivo, pero concebir es un verbo. La concepción no es un momento, sino un proceso constituyente de una nueva vida individual y personal, biológicamente aceptada al consumarse la implantación-anidación, y humanamente acogida al asumir el alumbramiento e imponerle el nombre propio.

Concebir es acoger una palabra y una promesa, acogerse estrechamente dos cuerpos y acogerse íntimamente dos personas, acoger biológicamente un pre-embrión para que anide y se haga feto, acoger humanamente a una criatura,y un largo etcétera de acogidas (receptivas,virginales...)

Los progenitores hacen la criatura que Dios les da. Dios les da la criatura que ellos hacen. Y todo esto ocurrre en todo nacimiento. Concebir vida y alumbrar criatura nueva es el enigma y maravilla de creatividad de todo nacimiento, de lo cuál el nacimiento de Jesús es símbolo y epifanía. “La Navidad pone de manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano” (Juan Pablo II, Evangelium vitae, n.1)

Concebir y dar a luz son actos de virginidad consumada. No solo no es incompatible la virginidad con la concepción y el nacimiento, sino que estos la consuman. El Espíritu actúa desde dentro: desde dentro de la evolución; desde dentro del óvulo y desde dentro del esperma; desde dentro del seno materno que acoge al pre-embrión al realizarse y comsumarse la concepción al final de la implantación en su seno; desde dentro del corazón de los progenitores que desearon esa nueva vida y la esperaron ya desde antes que se cerciorasen del embarazo; desde dentro de la decisión de cuidar esa gestación hacia el nacimiento, en vez de rechazarla; desde dentro de la aceptación biológica y materno-paterna, al consumarse la concepción; desde dentro de la puesta de acuerdo en darle nombre a la criatura, como gratitud por su vida, como promesa de criarla y educarla...

Al meditar esto en Navidad nos brota una gratitud inmensa hacia nuestros progenitores que nos engendraron con amor y gracias al Espíritu de Vida que nos hizo nacer por obra y gracia suya. También sentimos la responsabilidad de proteger y cuidar toda vida y de vivir todos y todas (hombres y mujeres, célibes o casados, fértiles o estériles, de sexualidad mayoritaria o minoritaria, sin ninguna discriminación ni exclusión) para darnos vida mutuamente y dar vida al mundo.

Ver más, en: El Que Vive,Relecturas de Evangelio, Bilbao: Desclée, 2017, p.57: Sueños de alumbramiento virginal, p.63-84: Entrevista a Mateo y Lucas sobre María, José y Jesús en el umbral de la vida.


¿Habrá "cuarta vía" en Cataluña?

18.12.17 | 04:05. Archivado en Justicia y paz

Con seny y en sazón

En este blog, el pasado 27 de septiembre, (a sabiendas de que la propuesta era inviable) , pedí utópicamente que Rajoy y Puigdemont se arrodillasen a meditar en silencio y, pacificado el corazón con el Zen, se sentasen a dialogar sin condiciones. La propuestas era utópica e inviable.

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El que vive: Relecturas de Evangelio

18.11.17 | 01:32. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Queridos amigos y amigas, lectoras y lectores del blog, acaba de publicarse en editorial Desclée De Brower, el libro que recopila relecturas de evangelios nacidas en el contexto de mi conversación con ustedes en este blog. Me permito reproducir aquí un fragmento del prólogo, agradeciendo el ánimo que me dieron sus comentarios para decidirme a publicar estas páginas. Con mi gratitud, se las presento por si les sirven de lectura para Adviento y Navidad.

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Identidades plurales no nacen: se hacen, deshacen y rehacen

28.10.17 | 03:14. Archivado en Justicia y paz

Creíamos que estaban ya superados, por una parte, los sueños decimonónicos de identidades románticas y tribales. Creíamos, por otra parte, que estaba superada la imposición de identidades monolíticas de casta, propia de las últimas pre-guerras y post-guerras. Pero estábamos ante un espejismo. Aún hay quienes creen que con la identidad se nace.

Las identidades se hacen, se deshacen y se rehacen en el encuentro, a la vez abrazo y choque, confrontación y reconciliación, con lo diferente.

Para que puedan llevarse a cabo procesos de construir, desmontar, reconstruir y re-negociar identidades, la premisa indispensable es salir de sí misma cada presunta identidad estática. Salir de sí para encontrarse, dijo el Maestro galileo. Salir de tí misma para hallarte a tí misma, dijo el Maestro oriental.

Nos lo contaba la tradición del Zen. Los peregrinos sedientos exploraban en varias direcciones el camino hacia la fuente. Un grupo de cinco exploradores descubrió su emplazamiento. La fuente estaba rodeada por una valla. Saltaron la valla y cuatro de ellos se apresuraron a beber. Pero el quinto renunció a beber y saltó de nuevo la valla para regresar corriendo a avisar a los demás grupos que dejasen de buscar en otras direcciones. Este quinto explorador era un bodisatva (en camino de hacerse Buda), una persona para las demás.“Que no me salve yo hasta que no se salven todos”, diría el bodisatva compasivo, “anatema por mis hermanos”, habría dicho Pablo.

Pero volvamos a las identidades. Se podrían esquematizar cuatro tipos de identidades (“nacionales”?): dos estáticas y dos dinámicas.

A) Dos identidades estáticas:

1) La presunta identidad populista de aldea, terruño, caserío o campanario es estática, estrecha e incapaz de dejarse enriquecer por el diálogo con las aldeas cercanas o entre las aldeas y la capital, para construir la identidad regional.

2) La presunta identidad fascista de raza, bandera e imposición monolítica de estatalidad totalitaria.

B) Dos procesos de construcción dinámica de “identidad de identidades”

1) La identidad regional dinámica que se construye mediante el diálogo democrático entre las diversas sensibilidades (dentro de la aldea y con la aldea vecina, entre la aldea y la capital, y distintas dentro de la capital) que componen la pluralidad de esa comunidad regional.

2) La identidad estatal dinámica que se construye en los procesos de formar un estado constitucional mediante el diálogo y consenso democrático de sus componentes (sin exclusiones), o en los procesos de reformar la constitución, llevados a cabo en el marco legal democráticamente acordado.

En el presente “conflicto en Cataluña y conflicto en el estado español” (en vez de “conflicto-con y conflicto-de”), no ha chocado un tren catalán contra un tren español, no ha chocado una identidad catalana contra otra española. Estaban enfrentándose dos enfoques estáticos de la identidad contra dos enfoques dinámicos (dentro de Cataluña y dentro del Estado español).

La escenificación de la DUI visualizó el presunto triunfo de una postura estática en la que particularismos y totalitarismos no-constitucionales parecían tragi-cómicamente cara y cruz de la misma moneda.

En mi opinión, el papel que ha desempeñado el gobierno al defender lel restablecimiento de la legalidad, y el papel que ha desempeñado el PSOE a nivel estatal (apoyo al restablecimiento de la legalidad constitucional, pero unido a la propuesta de reforma legal y democrática de la constitución), ha sido decisivo para salvar los dos procesos de construcción dinámica de la “identidad de identidades” que necesitan, pueden y deben llevar acabo los pueblos de una España plural y unida con la identidad que se hace y rehace en el encuentro con la alteridad (sin excluir a la población migrante y extranjera).

La opción inevitable por el 155 ha supuesto sacrificio, tanto para Rajoy como para Sánchez: salir de sí y exponerse a la crítica interna.... pero esta vez parece que ambos han obrado como bodisatvas, con lucidez y compasión. Recemos para que no se estropee lo logrado con paciencia y prudencia, no vaya a ser que la parte más dura de alguna tendencia en ambas bancadas frene posibles reconciliaciones e insista en ensañarse contra los que al proclamar el sueño de la DUI suicidaron sus aspiraciones.


Meditación Zen para Rajoy y Puigdemont

27.09.17 | 11:05. Archivado en Religion y sociedad, Justicia y paz

Sí al referendum, con diálogo. Pero antes, silencio del Zen

¿Qué recomendaría a Rajoy y Puigdemont? Que hablen sin tapujos. Pero, primero un presupuesto: antes de cruzar las piernas en el sillón del diálogo para hallar la solución del pacto, siéntense en postura de Loto sobre el cojín del Zen, para hallar la solución del silencio.

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La razón de la sinrazón terrorista

02.09.17 | 11:13. Archivado en Justicia y paz

Se han repetido , en los días siguientes a los atentados terroristas las críticas que protestan por su irracionalidad y las quejas angustiadas por la sinrazón del múltiple homicidio indiscriminado. Pero...¿y si la “razón de la sinrazón” de esa locura estuviese en lo terrible de la “racionalidad” que desencadenó la tragedia?

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El P. Kadowaki, jesuita y maestro Zen, ya está “unimismado”

06.08.17 | 17:40. Archivado en Bioética

R.I.P: Juan Kakichi KADOWAKI (1926-2017)

El 27 de Julio, 2017, se adentró definitivamente en la Vida de la vida este jesuita japonés, que nos deja un legado de antropología filosófica no dual, espiritualidad ignaciana dialogante y lectura cordial de la Biblia con el cuerpo entero.

Para evocar en su obituario el legado filosófico-espiritual del P. Kadowaki, no encuentro mejor palabra que la acuñada `por Unamuno sobre cuerpo y alma en El Cristo de Velázquez:

Enamorada de su cuerpo tu alma,
y por nupcial amor unimismados,
no como a cárcel al morir dejóla,
con el suspiro de quien queda libre,
sino como a un hogar en que se ansía
dejarse vivirsiempre...

Es que el P. Kadowaki, que enseñaba en los años setenta una antropología filosófica no dual, se alegró y animó al equipo de traductores que preparaba los cinco volúmenes de obras del pensador español de carne y hueso.
En la década de los 80 fue Pedro Laín Entralgo quien se interesó por la manera de hablar Kadowaki en japonés sobre cuerpo y espíritu suprimiendo la “y” para decir “cuerpo-espíritu”, aunando los dos pictogramas de cuerpo y espíritu (ambos con la misma fonética, shin) en el término shin-shin: que podríamos verter unamunianamente como “cuerpo-espíritu unimismados”.


KADOWAKI Kakichi nació en tierras norteñas de Hokkaido el 6 de enero de 1926. Bautizado católico por el P. Dumoulin, el conocido investigador del budismo, entró en la Compañía de Jesús -novicio dirigido por el P. Arrupe- en 1950. Ordenado sacerdote en Tokyo, en 1960, se doctoró en la Universidad Gregoriana en 1964.

Estudió especialmente el conocimiento por connaturalidad en Santo Tomás y la epistemología de Lonergan. Fue profesor de antropología filosófica en la Universidad Sofía de 1965 a 1996. Por contraste con otros profesores japoneses y extranjeros de la generación anterior -que se decantaban por escolasticismos medievales o idealismos alemanes en filosofía y tesis contrarreformistas en teología-, Kadowaki (que, antes de filosofar, se había graduado en ingeniería en la Universidad Imperial) estuvo abierto al diálogo con la fenomenología y hermenéutica.

Después, recogió el legado de encuentro con el Zen del P. Enomiya. Llegó a ser reconocido como Maestro del Zen por el Roshi (Maestro) Omori Sogen, según la corriente de Rinzai, Fue instructor de un grupo internacional de Tercera Probación en Japón, en 1982.

Ha continuado durante más de treinta años profundizando la relación enre la espiritualidad ignaciana y la práctica del Zen; ha dirigido en esa línea muchas tandas de ejercicios, integrando el estilo ignaciano que camina de la meditación a la contemplación, dando importancia al cuerpo, respiración, memoria e imaginación, con la práctica Zen, centrada en la respiración y el silencio. Trasladando este método a la teología, Kadowaki no ha cesado de pensar hasta sus últimos días la integación del aliento corporal con el soplo del Espíritu de Vida.

Dirigió el Instituto de Religiones Orientales de la Universidad Sophia, de 1985 a 1991. Tradujo el libro de los Ejercicios espirituales de san Ignacio al japonés. Fue publicado en la colección de bolsillo de la principal editorial japonesa, Iwanami, en 1995.

Entre sus numerosas publicaciones en japonés, destacan sus estudios sobre pensamiento y espiritualidad en la obra de Dogen (2008), al que calificaba como un santo Tomás del budismo. También es autor de dos piezas de teatro Noh, de temática cristiana, que se estrenaron en Tokyo, Roma, Bruselas y Buenos Aires.En español, recordamos sus libros: El Zen y la Biblia. Lectura coporal del Koan y la Biblia. Vivencia Zen de de un cristiano., ed. Paulinas, 1981; Por el camino de Oriente. Posibilidades de una filosofía cristiana japonesa, ed. Colegio de México, 2011,

Al redactar ahora para el blog estas líneas de obituario, tengo como telón de fondo el leit-motiv de conversaciones con él, que solía repetir: “Ustedes, occidentales, tienen que librarse de la antropología dualista y la teología exclusivista”. Creo sinceramente que los que hemos sido discípulos y colegas suyos en filosofía y teología todavía tenemos como asignatura pendiente tomar en serio este consejo suyo.


Siesta de Transfiguración y psicoanálisis en el Tabor

30.07.17 | 04:35. Archivado en Mística

Sueño y despertar de transfiguración en el monte Tabor,

En la reunión del equipo pastoral, preparando la homilía del 6 de agosto, nos hizo reir la catequista Herminia contando el cuento de las tres tiendas de campaña en lo alto del monte Tabor:

“¿Por qué tres solamente, si los personajes son seis en total, contando a los discípulos con los dos profetas y el Maestro? Es que Moisés y Elías son mayores, serios, estirados y encima roncan, necesitan estancia individual. En cambio, los discípulos se acurrucan en la misma tienda con Jesús, que reclina la cabeza en cualquier sitio, aun con menos de dos estrellas”.

Bromas aparte, el resto del equipo dudaba entre subir a montes de contemplación o bajar a rutas de compromiso.
Alicia, catequista de los pequeños, prefiere Lucas a Mateo y propone escenificar el sueño; “Pedro y sus compañeros estaban amodorrados por el sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria” (Lc 9, 32). De fondo, el salmo: “contempladlo y quedaréis radiantes"; aunque no todo es luz resucitadora, sino mitad ilusión de luz y mitad pesadilla de tinieblas en este “éxodo de pasión” que comentan Moisés y Elías (Lc 9, 30).

Enrique, catequista de confirmandos, insistía en que no vale la misma interpretación en la misa de infancia y en la de mayores. Es que no acababa de convencerles mi propuesta de centrarse en nuestros propios sueños, como en el sueño de Pedro, Juan y Santiago.

Los tres discípulos –invitados a quedarse en silencio ante el Enigma para escuchar al Misterio de Vida, que eso es orar...-, simplemente cayeron en el sopor de sobremesa, aunándose los temores con el mesenterio productor de ensoñaciones.

Los tres se quedaron dormidos en la siesta del monte Tabor (Mc 9, 2-13; Mt 17, 1-20; Lc 9, 28-36; cf Jn 12, 22-33), como también se les pegaron las sábanas, un año antes, en la madrugada de Cafarnaúm (Mc 1, 35-38) y como caerían rendidos de sueño, un año después, a media noche en Getsemaní (Lc 22, 39-46; Mt 26, 36-46; Mc 14, 32-42).

Estamos cotejando estos textos en el equipo, pero me parece que nos condiciona demasiado la preocupación con que solemos preparar las homilías: polarizados en cómo explicar la historia, o cómo contar el cuento de la manera que lo cuenta con su intención cada evangelista o cómo aclarar significados convirtiéndo los símbolos en alegorías que racionalicen la fe.

Quizás para Pedro, Juan y Santiago –y para nosotros hoy también- haga falta ayuda consejera: que, en vez de interpretarlo, nos plantee qué vamos a hacer con el sueño.

Y si el psicoanalista es Jesús en persona, escucharé la palabra que me hiere y abraza al mismo tiempo: levántate!

Levántate significa: despierta. Levántate significa: ponte en pie y echa a andar. Levántate significa: resucita.
“Levantaos” es palabra clave en esta escena: Mt 17, 7:, Levantáos (Gr. Egérzete), no tengáis miedo; Mt 26, 46: Levantáos (Gr. egéireze), vamos.

Nada extraño que tengan pesadillas de miedo los discípulos que, por el camino, habían oido de labios de Jesús el anuncio de la Pasión. Se mezclan en el sueño los miedos de muerte y tinieblas con los anhelos de vida resplandeciente: ellos habían dicho en la crisis galilea: “Nosotros no te dejamos, tú tienes palabras que dan vida definitiva (Jn 6, 68). Pero al abrir los ojos no saben con qué carta quedarse, con el recuerdo del miedo o con la lucidez de la esperanza. Se quedan inmóviles, “aterrados, no sabían cómo reaccionar” (Mc 9, 6), “al verse envueltos por la nube tormentosa se asustaron” (Lc 9, 34) a pesar de que la voz escuchada en sueños les había animado así: “Escuchadlo, es mi Hijo, al que tanto quiero” (Mt 17, 5)

Y Jesús sigue invitando a despertar del ensueño, del engaño; y abrir los ojos a otro sueño mejor, despertar a la realidad, a la lucidez de la iluminación. Despertar y salir del miedo, resucitar a la lucidez de afrontar la realidad y asumrla. Para Jesús, despertar es resucitar y resucitar es nacer de nuevo por el Espíritu, cuya creeatividad hace siempre posibles renaceres de transfiguración.

Pues levantémonos - y levántese la Iglesia- resucitando del miedo a la lucidez tras la consulta de psicoanálisis gratuita con Jesús en el monte Tabor


Los díscolos no captaron la parábola

15.07.17 | 18:34. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Si el recién fallecido Cardenal Meissner (q.e.p.d.) pudiera enviar desde su eterno descanso en la vida eterna un e-mail a sus díscolos compañeros del dislate anti-Francisco, tal vez el mensaje rezaría de esta guisa:

“Hermanos, no habíamos comprendido la parábola del sembrador:; el que tenga oidos para escuchar que entienda. El Papa Francisco habla en la Amoris laetitia como Jesús en el Evangelio y nos confronta con el símbolo de la escucha que discierne y la misericordia que sana. Pero nosotros no nos dejamos impactar por el símbolo y nos obsesionamos con la alegoría, que no escucha ni sana, sino racionaliza, moraliza y anatematiza, derecho canónico en mano, disparando misiles de sí o no, blanco o negro”

Este domingo 15 del Tiempo ordinario toca escuchar la perícopa de Mt 13, 1-23 (Salió el sembrador a sembrar su semilla...Mejor leer solo del 1 al 9).

Aprendamos de Jesús que nos lanza un símbolo para sacudir nuestra somnolencia y estimularnos con el enigma: quien pueda escuchar que entienda.

Como cuando el maestro de meditación Zen confronta al discipulo con un koan pradójico para romper su lógica y hacerle pensar sin pensar

Como el oráculo délfico que “ni dice, ni oculta, sino sugiere dejando perplejidad (ainissomai, en griego).

Como cuando Unamuno quería tantoa sus lectores que les sembaraba inquietudes practicando la “obra de misericordia suprema, despertar al dormido”...

La parábola tal como la contó Jesús termina en el versículo 9: ¡Quien tenga oidos, que escuche! Todo lo que viene a continuación desde el v.18 al 23 es un ejemplo de cómo la predicación primitiva convirtió la parábola en alegoría, atribuyendo significaciones para descifrar contraseñas: que si el terreno rocoso significa..., que si las raíces significan..., que si las zarzas significan,,,esto y lo otro, etc...

Con razón recomendaba Francisco en Evangelii gaudium que no prediquemos la homilía así: “La predicación puramente moralista o adoctrinadora y también la que se convierte en una clase de exégesis, reducen la comunicación entre corazones que se da en la homilía...” (EG, n. 142).

Ante los escrúpulos del ex-prefecto Müller, recuerda el cardenal Schönborn que lo importante es “escuchar”: “El clero debe escuchar como tal vez no lo hemos hecho antes, y escuchar a todo el mundo, a las personas en relaciones regulares y en las llamadas relaciones irregulares”

Habrá que aplicar a las “teologías de funcionario eclesiástico” lo que decía Paul Ricoeur de las filosofías faltas de hermenéutica; “no se acaba de dejar morir a los ídolos y apenas se tiene oidos para escuchar a los símbolos”. Hoy diríamos a los “escribas o escribanos de curia”: “no se acaba de dejar morir el derecho canónico y apenas se tiene oidos para escuchar la gratuidad del Evangelio y nutrirse de lo sacramental”.


¿Por qué su carga se hace llevadera?

03.07.17 | 03:55. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Conmigo la carga se aligera (Mt 11, 30, Domingo XIV Ordinario)

"Caminen a mi lado, dice Jesús, quienes sienten el peso de la carga de la vida, que abruma a lo largo del camino.Yo me unciré a ustedes con un yugo que nos aúne para tirar juntos del carro de la vida. Asi el esfuerzo será llevadero y sentirán que la carga se aligera". (cf Mt 11, 28-30).

Dice el evangelista Juan en su primera carta (1Jn 5,3): Los mandamientos de Dios no deberían suponer una carga.
Habrá, sin embargo, quien piense que algunos mandamientos sí son una carga pesada, hasta insoportable. Por ejemplo, el mandamiento principal del amor parece una exigencia demasiado radical: ¡misión imposible!

Pero el evangelista Juan, el mismo que insiste en que el encargo de Jesús no es una carga, nos lo aclara al registrar para la posteridad las últimas palabras de Jesús en la cena de despedida, el día antes de su crucifixión. El encargo encarecido de Jesús, en aquellas palabras de testamento, fue el que se llama en el evangelio “el mandamiento nuevo”: Quereos mutuamente del mismo modo que yo os he querido.

¿Por qué nuevo? ¿En qué consiste la novedad del encargo de amarse mutuamente? ¿No era ya muy vieja la tradición de ese mandamiento en la Biblia hebrea?

La novedad del "mandamiento nuevo" consiste an amar “del mismo modo”, “como amó Jesús”.“El evangelista, que lo entendió bien, recomendaría no traducir entolé como mandato o mandamiento, sino como encargo entrañabñe, que no debe ser una carga (“sus encargos, entolé, no son un fardo pesado, bareia ouk eisín, como leemos en la carta de Juan: 1 Jn 5, 3).

Es que, en esa frase clave del testamento de Jesús, que proclamamos solemnemente cada Jueves Santo en la Liturgia de la Cena del Señor, es decisiva la expresión adverbial “del mismo modo” (en griego, hopos) .Si no entendemos su significado, nos parecerá imposible amar como Jesús. Pero Juan nos lo aclara: Jesús promete derramar sobre nosotros su Espíritu de Amor que nos haga capaces de amar con el mismo espíritu que Él amó. En vez de un imperativo imposible de cumplir, su encargo es una palabra esperanzadora que anima a amar.

Por eso insiste Juan en que se trata de amar del mismo modo, de la misma manera, con la misma fuerza (energeia y dynamis del Pneuma), del Espíritu de Vida, que actúa en nosotros capacitándonos para amar (Pablo diría "que nos energetiza con su dinamismo desde dentro de nosotros": cf. Col, 1,29). Es la fuerza del Espíritu, que capacita para amar.

Parafraseando al Jesús del cuarto evangelio, podemos escuchar así: “Ustedes, que se sienten incapaces de amar, podrán amar del mismo modo que yo les amé, si dejan pasar a través de ustedes ese espíritu, si se hacen canales que dejen pasar hacia los demás esa corriente de amor. Mi encargo no es una orden imposible (¿cómo se podría imponer, mandar, obligar a amar?); mi encargo es para animarles a amar, para decirles que es posible amar, si lo hacen del mismo modo y con el mismo Espíritu con el que yo lo hice. Y les prometo que voy a derramar en sus entrañas ese Espíritu, para que, con él, puedan amar”... . Sus palabras son una invitación a creer en el amor.

Y a la hora de aplicar este mensaje a la reforma perenne de la institución social eclesiástica, que el Papa Francisco apela a que se convierta en comunidad eclesial de amor, habrá que meditar de nuevo este domingo el encargo evangélico de llevarnos las cargas mutuamente y no imponer cargas.

Dice Jesús, en los evangelios según Mateo y Lucas, a los dirigentes religiosos: no impongan a las personas unas cargas que ustedes mismos no pueden sostener (cf. Mt 23,4; Lc 11, 46). Es una manera de decirles: en vez de aumentar la carga de los que caminan a su lado, ayuden a que disminuya el peso, compartan el esfuerzo de soportar juntos el tirón de la carga. Lo entendió bien Pablo, que transmitía el encargo de Jesús a la comunidad de la Iglesia de Galacia diciéndoles: “Llevaos mutuamente las cargas, ayudaos unos a otros a soportarlas” (Gal 6,5; cf. 1 Co 3, 8 y Mt 16, 27).


Martes, 11 de diciembre

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