Convivencia de religiones

Meditación Zen para Rajoy y Puigdemont

27.09.17 | 11:05. Archivado en Religion y sociedad, Justicia y paz

Sí al referendum, con diálogo. Pero antes, silencio del Zen

¿Qué recomendaría a Rajoy y Puigdemont? Que hablen sin tapujos. Pero, primero un presupuesto: antes de cruzar las piernas en el sillón del diálogo para hallar la solución del pacto, siéntense en postura de Loto sobre el cojín del Zen, para hallar la solución del silencio.

Unos y otros, unas y otras, todos y todas necesitamos una cura de silencio meditativo para salir de la ilusión del yo, salir del espejismo de la identidad, desengañarse del mito soberanista, del autoengaño independentista y de la pesadilla nacionalista.

Son todas esas ficciones del “yo”. Un yo que no se ha curado de la ignorancia original que le hace creer que “piensa, luego existe”. (Unamuno habría dicho que hace falta “desconcientizarse”, Oliver Sachs aconsejaría “vivir sin cabeza”.

Ese “yo” es incapaz de salir de sí y romper la muralla que él mismo construyó alrededor de su cabeza; más aún, ni siquiera es capaz de descubrirse ante la realidad y quitarse el sombrero o la gorra nacionalistas: ya sea el sombrero del nacionalismo de estado –autoritario y centralista-, ya sea la gorra del nacionalismo de campanario aldeano –estrecho de miras y con alergia testaruda contra cualquier injerto federalista-. (Ojalá Pedro Sánchez fuera capaz de persuadir a ambos para que canten al unísono con Schiller la sinfonía de lo uno y lo múltiple... Pero, por desgracia, los excesos del “yo” son como las células de las metástasis del cáncer peleando contra las infiltradas para terapia. Operaciones drásticas no frenan la guerra y con la derrota final unas y otras pierden y perecen).

Me preguntan amistades japonesas por mi nacimiento y apellido, porque el Masiá les parece catalán. “No, respondo; nací en Murcia, de madre nacida en la región (que no nación, ni reino) de Murcia y de padre nacido en la de Alicante; mi ciudadanía es española y tengo estatuto de residente japonés. Tengo también familia en Barcelona y buenas amistades catalanas (en los momentos del atentado terrorista me sentía especialmente cercano a ellas).

Si me siento español fuera de España, es por ser murciano. Pero, precisamente por sentirme español, es por lo que puedo, estando fuera de España, sentirme gallego con los gallegos/as, vasco con los vascos/as, andaluz/con los andaluces/as o catalán con los catalanes/as, o balear o canario, etc...” Lo cierto es que me siento hasta muy portugués con los portugueses, aunque por avatares históricos sean otro estado nacional.

A pesar de esta explicación no se satisfacen mis amistades japonesas, que siguen haciendo preguntas, porque están viendo y oyendo las noticias internacionales sobre el pseudo-referendum (que, según el medio de comunicación que informe, parece a unos trágico, a otros cómico y a la mayoría tragi-cómico por su mezcla de ridiculez e ilegalidad).

Respondo que no se puede elegir entre Cataluña y España, porque eso sería como optar por el mar sin olas o por las olas sin mar. Me dicen que la comparación es un tanto oriental. Naturalmente, que lo es. Por eso he recomendado a Puigdemont y Rajoy que, antes de dialogar se sienten en postura de Loto a meditar en silencio para salir de su ego. Y todos nosotros y nosotras también, para que se nos otorgue la gracia -¡amazing grace!- de reconocer que no existe el yo absolutamente independiente, sin relación y sin evolución y transformación.

Quien fuera capaz de vivir en silencio esa espiritualidad integral e integradora, no propiamente “oriental” sino de “otro Oriente y otro Occidente” en la dimensión de profundidad de la vida, no tendría miedo a despojarse de toda intransigencia y entrar, después de ese silencio, en el mundo del diálogo cívico, el pacto democrático y la negociación política.

Con esa actitud básica, no se tendría reparo en asumir futuros desarrollos del esquema de convivencia, incluso aquellos que parecieran, a primera vista, incompatibles entre sí u opuestos como, por ejemplo, las hipótesis siguientes:

1 Si me dijeran que, después de un proceso -sereno y justo, democrático y legal- de diálogo, se ha llegado a la conclusión de una nueva república catalana independiente, no me costaría aceptarlo.

2 Si me dijeran que, después de un proceso así (y no sin esa condición), se ha llegado a elaborar una nueva estructura federal que, con una nueva Constitución, integra de un modo nuevo las diversas naciones, regiones y pueblos de este país, lo asumiría igualmente.

3 Si me dijeran que, después de un proceso así (y no sin esa condición), se ha llegado a una conclusión no independentista, pero sí modificadora de la presente estructuración y condiciones de la autonomía, también lo aceptaría del mismo modo.

4 Si me dijeran que –hipotética y utópicamente, por un giro histórico en el futuro-, después de un proceso así (y no sin esa condición), se había llegado de acuerdo con el vecino estado nacional portugués a un acuerdo para crear los Estados Unidos de Iberia (con la capital en Lisboa, el Senado en Barcelona y el Museo histórico en Madrid), tampoco me costaría aceptarlo.

Estas cuatro propuestas-ficción no han sido más que un experimento mental, como ejemplo y pretexto para recomendar la solución de los conflictos mediante el diálogo. Pero requieren como presupuesto para la “solución” de los falsos conflictos, la “disolución” del “ego” por el rodeo del silencio.

Por consiguiente, una esterilla de tatami y un cojín de meditación Zen, señores presidentes y señores diputados, y... pidan a Rajoy y Puigdemont que respiren hondo en silencio durante unas horas.

(Nota: Me alegro de que Religión Digital publique columnas de un blog en portugés –el del P. Anselmo Borges- y vería con gusto otros blogs en catalán o euskera en el mismo portal de RD. Por mi trabajo en el Centro internacional diocesano, celebro la misa del domingo con ritual multilingüe –al mismo tiempo en portugués, español y japonés- para comunidades latinoamericanas migrantes en Tokyo. Hace veinte años nos preocupaba proporcionar una celebración en su lengua para esa población. Hoy las circunstancias han cambiado y la generación siguiente, nacida y educada en Japón, requiere prácticas bilingües o multilingües. Esas celebraciones han de ser multilingües, como también otras formas de pastoral y sacramentos: el pasado domingo, en una boda, los novios se dieron el sí tres veces seguidas en tres lenguas: japonés, inglés y tagalo filipino; así toda la comunidad participante pudo comprender en sus lenguas)


La razón de la sinrazón terrorista

02.09.17 | 11:13. Archivado en Justicia y paz

Se han repetido , en los días siguientes a los atentados terroristas las críticas que protestan por su irracionalidad y las quejas angustiadas por la sinrazón del múltiple homicidio indiscriminado. Pero...¿y si la “razón de la sinrazón” de esa locura estuviese en lo terrible de la “racionalidad” que desencadenó la tragedia?

La agresión del lobo contra el cordero, del águila contra el conejo o del león contra la cierva pueden ser vorazmente sanguinarias; pero, por muy violento, lacerante y mortal que sea el ataque, no se nos ocurrirá calificarlo como crueldad. Las especies animales irracionales son capaces de atacar, herir y matar, pero no son capaces de crueldad.

El animal racional (triste ironía que presumamos de serlo) es el animal capaz de usar sutilmente su racionalidad para justificar lo injustificable; es el animal capaz de crueldad contra sus congéneres y contra sí mismo. Es el animal especialmente vulnerable, precisamente por la ambivalencia de su racionalidad.4

Cuando decimos indignados: que atrapen a quienes cometen tal atrocidad irracional y que los maten y rematen en el acto, sin dar tiempo siquiera a que los lleven esposados a la cárcel”, ¿no estaremos presumiendo inconscientemente de nuestra racionalidad?

Lo más terrible de la tragedia no fue su locura supuestamente irracional, sino el uso horrorroso de la racionalidad que la originó: la racionalidad puesta en juego por el cerebro izquierdo calculador y el lenguaje manipulador del dirigente pseudoreligioso que inyectó motivaciones radicalizadoras en el corazón de aquellos jóvenes, cuyas manos ejecutaron las matanzas. Cerebro e ideología del planificador (o planificadores) fueron más peligrosos que el coraz:on y manos de los ejecutores.

El que planeó el terror usó su racionalidad instrumental, dominadora y manipuladora para prepararlo y justificarlo. Esa mismo uso de la racionalidad se puso en juego cuando un político intentaba buscar responsabilidades en partidos ajenos, o sacar provecho de la tragedia para sus intereses electorales... ¿Nos hemos dado cuenta de que el animal racional es un terrorista potencial?

En mis primeros años de docencia, solía comenzar el curso de antropología hablando del animal racional. Fue al día siguiente del ataque preventivo injusto y de la invasión irresponsable de Irak por Bush, que lo justificaba racional y pseudoreligiosamente, cuando cambié el título y tema de mi curso de antropología filosófica: En vez de El animal razonador, sería El animal vulnerable.

Hoy, al mismo tiempò que me siento víctima con las víctimas, tras cada acción terrorista, me paro a reconocer horrorizado que todos llevamos dentro raíces de terrorismo. El animal vulnerable que soy, ¿cómo desarraigará las raíces de terror, la razón de las sinrazones que desencadenan a diartio cada racionalización y justificación del terror? (Empezando por los pequeños odios, envidia, maltratos, violencia doméstica, hate speech etc. en la vida cotidiana; por ejemplo, los insultos por twitter o en comentarios mal educados de blogs...)


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