Convivencia de religiones

Sin vuestro "Amén", no puede haber Corpus Christi

16.06.17 | 15:38. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Sin “Amén”, no hay ”Corpus Christi”

Sin el "Amén" de la ofrenda, la fe y la praxis de la comunidad, no se realiza la transformación eucarística de la vida.

En las reuniones con los niños y niñas que se preparan para la Primera Comunión, dedicamos siempre los primeros diez minutos a repasar la lección primera: ¿Qué quiere decir “Amén”? ¿Qué estamos haciendo cuando contestamos diciendo “Amén” al sacerdote que nos muestra en alto la Eucaristía y dice: “Corpus Christi”?

Amén significa: dos cosas 1) “Así es”. 2) “Así sea”

Al contestar: “Así es” estamos haciendo un acto de fe, estamos reconociendo que “así es, como usted dice, que lo que voy a recibir es la vida de Cristo, para que esté El dentro de mí y yo dentro de Él, que Él viva en mí y yo en Él. Amén es la fórmula más corta del Credo, es el resumen, en una sola palabra, de nuestra fe.

Además, al contestar; “Amén”, estamos haciendo una oración, estamos expresando el deseo de “que así sea”, es decir, que yo me convierta en lo que recibo, que me convierta en Cristo y viva como Cristo para dar vida a otras personas. Eso es evangelizar, dice el Papa Francisco, dar vida.

Cuando esos niños y niñas presentan en la procesión de las ofrendas el pan y el vino, les recordamos: “Esto que traéis no es solo pan y vino, el pan y vino representan la vida diaria de vuestras familias, eso es lo que traéis a la misa para que le pidamos a Dios que envíe su Espíritu y lo consagre y transforme y convierta en vida de Cristo para la vida del mundo.

Cuando el sacerdote pronuncie las palabras de Jesús en la última cena, no dirá “Este pan es mi cuerpo”, sino que dirá en nombre de Cristoi: “Esto es mi cuerpo”.

¿Por qué dice “esto”, y no solo “este pan”? Porque lo que consagra no es solamente este pan y este vino, sino todo lo que ese pan y ese vino representan, lo que habéis traído a la misa: vuestra vida (Venís a la misa, dice el Papa Francisco con vuestra vida a cuestas)...

La consagración es la consagración y transformación del pan, del vino, de la comunidad reunida, de sus vidas y trabajos, de sus penas y alegrías etc... Si no venís a misa trayendo y presentando todo eso para que el Espíritu lo consagre y transforme, no hay manera de celebrar efectivamente la Eucaristía (aunque haya pan y vino y sacerdote que pronuncie las palabras de Jesús).

Y si no decís de veras y con toda vuestra vida el “Amén” de la Comunión (Así es, así lo creo y pido que así sea, que me convierta en lo que recibo y que yo viva para dar vida), entonces la Eucaristía queda incompleta. Sin vuestra ofrenda y sin vuestro amén no hay Corpus Christi (porqe las palabras de la consagración no son magia de abracadabra).

Como tampoco hay Corpus Christi efectivo, sin el amén de una comunidad comprometida para transformar el mundo, desarraigar la corrupción, liberar a los oprimidos, acoger a los excluidos y trabajar por la justicia, la paz y el cuidado de toda vida. Sin ese amén no hay Corpus Christi, aunque haya procesiones barrocas, custodias lujosas escandalizantes y políticos de nombre creyentes presidiéndolas con traje de gala.


No tengan miedo a Nuevas Espiritualidades

06.06.17 | 23:12. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Sin miedo a nuevas formas de espiritualidad compartida, la comunidad interreligiosa medita y contempla compartiendo liturgia trinitaria.

Sin miedo a compartir inter-religiosamente la búsqueda espiritual, un grupo mixto cristiano-budista se reúne en la Casa de Oración para pasar tres días de Ejercicios corpóreo-espirituales.

Intercambian prácticas de “nuevas formas de espiritualidad” que, en realidad, no son tan nuevas; más bien de arraigo tradicional, como el uso de la memoria, la imaginación y el silencio en la contemplación ignaciana de los misterios evangélicos o en la contemplación icónica budista ante el retablo-mándala de Budas y bodisatvas del espléndido auto sacramental que escenifica el Sutra del Loto.

Para quienes venían de una tradición familiarizada con “los tres cuerpos del Buda”: histórico, glorificado y eterno” no fue difícil sintonizar con la meditación sobre la carta a la iglesia de Éfeso: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesús el Cristo, que, por medio de su Enviado, nos ha bendecido desde el cielo con toda clase de bendiciones del Espíritu.

Para quienes venían de una tradición de fe trinitaria (lejos de terrorismos monoteistas, relativismos politeistas y monismos panteistas) también ha sido fácil sintonizar con la meditación sobre los “tres cuerpos de Buda”, que sugería una manera de expresar en términos de cultura y religiosidad Mahayana lo central de una fe trinitaria en un Misterio Absoluto Único.

Estas experiencias de espiritualidad compartida trans-religiosamente son momentos fuertes de iluminación con Jesús en el Tabor o con Shakamuni en Pico del Águila. Pero, sin plantar tiendas en esas cimas, hay que descender del monte y retornar al camino de la convivencia cotidiana: agápe y dikaiosyne, para proseguir la práctica de la compasión liberadora.


Ante políticas de osario, soplo de vida: Ezequiel vs. Trump

02.06.17 | 07:12. Archivado en Justicia y paz, Iglesia católica

Si Kurosawa y Chaplin levantaran la cabeza... ¿llevarían a la pantalla la reencarnación de la estupidez dictatorial con imágenes de un Trump y un Putin fantasmagorizando patriotismos de siglos pasados?

Si Ezequiel levantara la cabeza... ¿describiría de nuevo en clave de Espíritu de Vida la resurrección de los huesos calcinados?

Ezequiel 37 es el pasaje más impresionante sobre la fuerza de huracán de la Ruah en toda la Biblia hebrea. Buena falta nos hace... Lo releeré para la homilía de Pentecostés de este año, aunque no toque en la liturgia, programada en abstracto.

La comunidad particular y la comunidad mundial necesitan repostar combustible espiritual. Anímicamente decaídas, políticamente despiezadas y espiritualmente en plena sequía, tanto la comunidad particular como la mundial necesitan más que nunca el soplo del Espíritu de Vida, admirablemente escenificado en este auto sacramental de los huesos calcinados y danza de vida que concibió Ezequiel por obra del mismo Espíritu.

A algunos predicadores decimonónicos, que criticaban la cremación, les gustaba aplicar literalmente la parábola de Ezequiel a la resurrección en el último día; hablaban de “reunirse las almas con los mismos cuerpos que tuvieron”. Pero el simbolismo del profeta no es de biología o anatomía, ni de escolasticismos de cuerpo y alma, sino expresión de la resurrección corporativa del pueblo por obra del Espíritu. Estamos ante el pasaje en que con más fuerza destaca en todo el Primer Testamento la Presemcia vivificadora de la Ruah, que anima al pueblo fiel con la promesa de la fidelidad divina resucitadora.

Ezequiel, poeta y profeta, pintó con trazos fuertes el espectáculo desolador político-religioso del pueblo y sus dirigentes, pero anunció la restauración de la vida tras la sequía de muerte espiritual.

Ezequiel juega doblemente con las palabras sobre la Ruah, en los versículos primero y último (Ez 37, 1-14) de la escena: el Espíritu del Señor sopla en su interior contemplativo y le abre los ojos para ver la escena en la que ese mismo Espíritu, activo en la historia, sopla arrasador como un tifón sobre el osario entero y lo convierte en una pista inmensa para la danza de la vida.

Ante el decaimiento anímico del pueblo desilusionado, el desmoronamiento del sistema político decepcionante y la sequía que agosta el campo religioso-espiritual deshidratado, el soplo del Espíritu proclama: “Como huesos secos no debéis quedar, como huesos aireados podéis revivir”. A lo que el osario entero responde a coro: “Podemos, podemos, aleluya”.

La Ruah hace revivir todo un pueblo entero de huesos calcinados, que se tornan danza viviente. Contrastan los “huesos secos y esperanza disipada” (v.11) con el papel del Espíritu Resucitador. La Ruah, que se deja escuchar en la interioridad contemplativa del profeta-poeta, es la misma que sopla vivificante sobre el mar de huesos secos y lo convierte en sinfonía danzante de vida.

Ezequiel ve que el pueblo entero, la Casa de Israel, se encuentra en estado anímico deprimente, “con los huesos secos y la esperanza disipada”(v.11). Pero el mismo Espíritu será el ejecutor de la transformación de esa situación, para que revivan restaurados en su tierra“ (cf. vv.11-14).

Nos llevaría muy lejos, hay que abreviarlo aquí, el contraste con la crítica de Ezequiel a los malos pastores y al liderazgo pervertido de sus dirigentes políticos y religiosos)

Así como los “huesos triturados” del penitente se tornan, en el salmo 51, “regocijo de salvación” gracias al espíritu nuevo de vida y a la creatividad del perdón, también en Ezequiel el Espíritu de Vida, que cambia corazones de piedra en corazones nuevos, inyecta esperanza para superar el desánimo psicológico, el desmoronamiento político y el enflaquecimiento religioso del pueblo

En medio de la perplejidad política ante la situación internacional en estos días, la celebración del Domingo de Pentecostés nos invitará a releer con esperanza el libro de Ezequiel y... a recomendar a los dirigentes políticos que lo mediten, siquiera sea unos minutos...


Jueves, 17 de agosto

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