Convivencia de religiones

Lázaro, muerto y vivo; sepultado y resucitado

28.04.17 | 15:24. Archivado en Mística, Iglesia católica

Resurrección sin tumbas vacías

Lázaro, como Jesús, muerto y vivo; sepultado y resucitado. “Lázaro, sal fuera” (Jn 11, 43), dijo Jesús. Es decir: “Sal fuera de este mundo y vive resucitado en la vida de Dios”. Lázaro no sale físicamente de la tumba. Siguen estando allí sus restos, ya en putrefacción quatriduana. Al mismo tiempo, su cuerpo-alma-glorioso, su persona transformada (vita mutatur, non tollitur!) está viviendo resucitada en la Vida de la vida. La Resurrección no necesita tumbas vacías. Ni una tumba llena niega la resurrección, ni una tumba vacía la prueba.

Es lo mismo que ocurre en la escena del Descendimiento: Jesús, ya cadáver, reposa en brazos de su madre. María ve con los ojos del cuerpo los restos de lo que fue cuerpo, persona y vida de su hijo. Al mismo tiempo contempla con ojos de fe la presencia de El Que Vive. (Por eso son tan genialmente serenas, con paz de éxtasis, la Piedad de Miguel Ángel y el Cristo de Velázquez, pintura y escultura no de muerte, sino de resurrección).

El momento de la muerte es el mismo de la resurrección y es el mismo de entregarnos su Espíritu
(Jn 19, 30) , no hay que esperar tres días ni treinta tres...

También en la cena del capítulo 12 está presente Lázaro, pero... ¿de qué manera está presente, si ya murió? Está “de cuerpo presente”, porque aunque sigan pudriéndose sus restos en la tumba, los que creen que Jesús es la Resurrección y la Vida, creen que cuando Jesús está en medio de ellos, los que murieron y viven en la Vida de Dios están allí con ellos, “de cuerpo presente” (Si nos diéramos cuenta, al celebrar la eucaristía con los difuntos, de la hondura de esta expresión: están de verdad “de cuerpo presente”...!!! Merece celebrarse la eucaristía como acción de gracias por su vida y confesión de nuestra fe en la Vida de la vida).

Cuando escribí el post sobre la resurrección de Lázaro (muerto y vivo), leida en clave simbólica como escenificación del mensaje de Jesús: Yo soy la Resurreción y la Vida, recibí comentarios como los siguientes

(Ver el post de 29, 3, 2017: “Dejad que Lñazaro se marche dignamente hacia la Vida, http://blogs.periodistadigital.com/convivencia-de-religiones.php ).

1) Si dice (en Jn 11, 44) que “sale el muerto atado con vendas y envuelto en sudario” y Jesús recomienda “desatadle”, será porque ha vuelto a esta vida milagrosamente.

Respondo: No, esa escenificación (que en pantalla del telefilme aparecería difuminada para sugerir un sueño) representa lo que soñarían ver quienes tuvieran expectativas de un milagro que lo devuelva a esta vida. Por eso Jesús tiene que decir: “Dejadlo que se marche, dejadlo que siga su camino hacia las alturas de la vida eterna en la que está entrando ya, Lázaro está vivo en la vida de Dios mientras sus restos están ahí putrefactos ya de cuatro días”.

2) Sigue diciendo otro comentario: Entonces, ¿por qué dice, en Jn 12, 3, que “le ofrecieron a Jesús una cena, y Marta servía; Lázaro era uno de los que estaban sentados con él a la mesa? ¿No quiere eso decir que Lázaro estaba vivo, porque antes había vuelto a esta vida cuando Jesús lo sacó milagrosamente de su tumba?

Respondo: No. También este capítulo 12 hay que leerlo en la misma clave simbólica del capítulo 11, como escenificación del mensaje: “Yo soy la Resurrección y la Vida” (Jn 11, 25).

Como comentaba Juan Mateos (Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1987, p.525), “Betania, sin localización precisa (como en Jn 1, 28 y 11,18) es el lugar de la comunidad de Jesús. Allí está Lázaro, muerto y vivo al mismo tiempo; es la comunidad de Jesús donde la vida ha vencido a la muerte. Esta cena (en cursiva, véase: Jn 13,2; 13, 4;21,10), que sustituye al banquete fúnebre, es una acción de gracias a Jesús por el don de la vida. Marta representa a la comunidad donde el amor se traduce en servicio. Lázaro, que se había marchado con el Padre (11, 00), está presente en la comunidad, lugar de la presencia del Padre (14, 23), la representa en cuanto vencedora de la muerte. María representa a la comunidad en su relación íntima con Jesús. Su gesto muestra su agradecimiento por el don de la vida; el precio del perfume es símbolo de su amor sin tasa. Asume el papel de Esposa respecto a Jesús, el Esposo (Jn 3, 29; Cant 1, 12: el perfume de nardo).

Para quienes se limiten a una lectura literal, sin connotaciones simbólicas, como si fuese crónica histórica o periodística, la cena del capítulo 12 de Juan sería confirmación de que Lázaro había vuleto a esta vida por milagro de Jesús.

En cambio, para una lectura en la misma clave simbólica del capítulo 11, Lázaro, muerto y vivo, sepultado y resucitado, muestra la presencia del Resucitado en medio de su comunidad.

Nos preguntan a veces: ¿Por qué no se aparece hoy el Resucitado? ¿Por qué nuestro encuentro con el Resucitado no es como el de los apóstoles cuando se les aparece?

Hay que responder con un doble no a estas preguntas.
No es verdad que hoy no se nos haga presente. Tampoco es diferente nuestra experiencia del encuentro con el Resucitado de la que tuvieron los primeros discípulos.

El Que Vive se hace presente hoy en dos momentos y lugares:

1) El Resucitado se hace presente en el silencio de la contemplación, cuando escuchamos a nuestras españdas, como María, la voz que te llama por tu nombre, y tú respondes, como María: Rabboní, y cuando vas a abrazarle, te dice: No me retengas...

2) El Resucitado se muestra en medio de nosotros (reunidos en su nombre en la liturgia eucarística, contando y cantando lo que significa vivirse-en-Él) y a nuestro lado (viviendo por, con y en Él, em la vida cotidiana, en la misión y en la praxis de la compasión y liberación: cf. Tiberíades, Jn 21).

De manera que no es cierto que hoy no se aparezca y no se haga presente El Que Vive. Y tampoco es cierto que esta manera de hacerse presente sea distinta de la forma como se hizo presente su Espíritu para suscitar la fe en la Resurrección. También nosotros creemos porque el Espíritu nos hace creer. Y creemos que “el Espíritu del que resucitó a Jesús de la muerte habita en nosotros y el mismo que resucitó al Enviado dará vida también a nuestra realidad mortal por medio de ese Espíritu que habita en nosotros” (cf Rom 8, 11).


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