Convivencia de religiones

El que vive: Relecturas de Evangelio

18.11.17 | 01:32. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Queridos amigos y amigas, lectoras y lectores del blog, acaba de publicarse en editorial Desclée De Brower, el libro que recopila relecturas de evangelios nacidas en el contexto de mi conversación con ustedes en este blog. Me permito reproducir aquí un fragmento del prólogo, agradeciendo el ánimo que me dieron sus comentarios para decidirme a publicar estas páginas. Con mi gratitud, se las presento por si les sirven de lectura para Adviento y Navidad.

Juan Masiá, SJ

EL QUE VIVE: RELECTURAS DE EVANGELIO

Bilbao: Desclée De Brower, 2017

Prólogo

¿En quién creo? En Jesús. ¿Qué creo? Que Él es El Que Vive. ¿Por qué creo? Porque su Espíritu me hace creer. Este es el hilo conductor que atraviesa estos ensayos narrativos de fe. Ensayos de fe que suscita narraciones simbólicas y poéticas. Son intentos de repensar narrativamente la fe, releyendo evangelios desde la vida para vivir el Evangelio caminando con El Que Vive.

Estos ensayos son relecturas con ocasión de encuentros, momentos de redescubrir la Buena Noticia de que Él vive. Tratan de acercarse a una lectura de los evangelios semejante al midrash bíblico. Relecturas de la comunidad creyente que, una y otra vez, cuenta su historia de encuentros con Jesús en la Palabra y en la vida. Cada vez que lo cuentan, releen esa historia y la recrean. Lectores y lectoras quisieran narrar con palabras nuevas el mensaje que transfigura a quien lee, a quien narra, a quien escucha y a quien camina animado por la Palabra de Gracia y Vida.

Él es El Que Vive y nos hace vivir, convivir y vivificarnos mutuamente, con la esperanza de la vida definitiva en el seno de la Vida de la vida.

De todos los nombres que se dan a Jesús, el mejor y más profundo es este nombre, escrito así con mayúsculas: El Que Vive, el Viviente por antonomasia. Así se le llama en el Apocalipsis (1, 18): El viviente, el que era, el que es, el que viene, Alfa y Omega (cf. Ap. 1,4; 1,8).

Creer en Jesús no es conocerlo todo sobre Él, ni poseerle, sino estar continuamente buscándole, porque nos hace buscarle Él mismo, que se adelantó a buscarnos primero. Buscamos el encuentro con Jesús que antes nos ha salido al encuentro en la vida.

Los diversos ensayos de este libro son aproximaciones desde diversos ángulos a un único tema: el encuentro con Jesús, El Que Vive. Nos sale al encuentro en la Palabra y en la vida. A la luz de la Palabra, releemos la vida. A la luz de experiencias de vida, redescubrimos el sentido de la Palabra y, releyéndola, la recreamos.

La comunidad que guarda la Palabra, se alimenta de ella y la transmite, relee los acontecimientos de la vida a la luz de
la Palabra y redescubre el sentido de la Palabra a la luz de los acontecimientos de la vida.

Estos ensayos están escritos en distintos puntos de la superficie de una esfera. Si prolongamos ese punto en diversas direcciones a lo largo de la superficie esférica, tras cruzar meridianos y paralelos, volveríamos al punto del que partimos, completando así una circunferencia que rodea la superficie de la esfera. Se pueden trazar infinidad de semejantes circunferencias desde cada punto. Pero si trazamos una perpendicular sobre cualquier punto de la esfera y la prolongamos verticalmente hacia abajo, irá a parar siempre al mismo centro de la esfera. La superficie de la esfera es la vida. El Centro es la Vida, ambos con mayúscula. Cada punto de la superficie desde el que, en un momento dado, escribo cada uno de estos ensayos (y al que aluden los fragmentos de diario en cursivas entre corchetes, con su fecha significativa) es un momento de la vida como lugar de fe o lugar de transfiguración: allí donde cada vida se encuentra con la vida de la Vida, se encuentra con El Que Vive.

Las perspectivas de cada ensayo son diferentes, según los lugares, etapas, acontecimientos o personas que ocasionaron encuentros de fe en situaciones de vida. Reflejan expresiones de fe desde planos diversos: Algunos son recuerdos de fe heredada, recibida y aprendida; otros, de fe cuestionada, depurada, vivida, meditada, reinterpretada... Predomina en el conjunto la perspectiva de la creatividad narrativa para descubrir la realidad del mensaje por medio de la ficción.

¡Ojalá sirvan de ayuda a quien quiera servirse de ellos para caminar por la superficie de la esfera, deteniéndose de cuando en cuando para escavar un pozo hacia el Centro!


Identidades plurales no nacen: se hacen, deshacen y rehacen

28.10.17 | 03:14. Archivado en Justicia y paz

Creíamos que estaban ya superados, por una parte, los sueños decimonónicos de identidades románticas y tribales. Creíamos, por otra parte, que estaba superada la imposición de identidades monolíticas de casta, propia de las últimas pre-guerras y post-guerras. Pero estábamos ante un espejismo. Aún hay quienes creen que con la identidad se nace.

Las identidades se hacen, se deshacen y se rehacen en el encuentro, a la vez abrazo y choque, confrontación y reconciliación, con lo diferente.

Para que puedan llevarse a cabo procesos de construir, desmontar, reconstruir y re-negociar identidades, la premisa indispensable es salir de sí misma cada presunta identidad estática. Salir de sí para encontrarse, dijo el Maestro galileo. Salir de tí misma para hallarte a tí misma, dijo el Maestro oriental.

Nos lo contaba la tradición del Zen. Los peregrinos sedientos exploraban en varias direcciones el camino hacia la fuente. Un grupo de cinco exploradores descubrió su emplazamiento. La fuente estaba rodeada por una valla. Saltaron la valla y cuatro de ellos se apresuraron a beber. Pero el quinto renunció a beber y saltó de nuevo la valla para regresar corriendo a avisar a los demás grupos que dejasen de buscar en otras direcciones. Este quinto explorador era un bodisatva (en camino de hacerse Buda), una persona para las demás.“Que no me salve yo hasta que no se salven todos”, diría el bodisatva compasivo, “anatema por mis hermanos”, habría dicho Pablo.

Pero volvamos a las identidades. Se podrían esquematizar cuatro tipos de identidades (“nacionales”?): dos estáticas y dos dinámicas.

A) Dos identidades estáticas:

1) La presunta identidad populista de aldea, terruño, caserío o campanario es estática, estrecha e incapaz de dejarse enriquecer por el diálogo con las aldeas cercanas o entre las aldeas y la capital, para construir la identidad regional.

2) La presunta identidad fascista de raza, bandera e imposición monolítica de estatalidad totalitaria.

B) Dos procesos de construcción dinámica de “identidad de identidades”

1) La identidad regional dinámica que se construye mediante el diálogo democrático entre las diversas sensibilidades (dentro de la aldea y con la aldea vecina, entre la aldea y la capital, y distintas dentro de la capital) que componen la pluralidad de esa comunidad regional.

2) La identidad estatal dinámica que se construye en los procesos de formar un estado constitucional mediante el diálogo y consenso democrático de sus componentes (sin exclusiones), o en los procesos de reformar la constitución, llevados a cabo en el marco legal democráticamente acordado.

En el presente “conflicto en Cataluña y conflicto en el estado español” (en vez de “conflicto-con y conflicto-de”), no ha chocado un tren catalán contra un tren español, no ha chocado una identidad catalana contra otra española. Estaban enfrentándose dos enfoques estáticos de la identidad contra dos enfoques dinámicos (dentro de Cataluña y dentro del Estado español).

La escenificación de la DUI visualizó el presunto triunfo de una postura estática en la que particularismos y totalitarismos no-constitucionales parecían tragi-cómicamente cara y cruz de la misma moneda.

En mi opinión, el papel que ha desempeñado el gobierno al defender lel restablecimiento de la legalidad, y el papel que ha desempeñado el PSOE a nivel estatal (apoyo al restablecimiento de la legalidad constitucional, pero unido a la propuesta de reforma legal y democrática de la constitución), ha sido decisivo para salvar los dos procesos de construcción dinámica de la “identidad de identidades” que necesitan, pueden y deben llevar acabo los pueblos de una España plural y unida con la identidad que se hace y rehace en el encuentro con la alteridad (sin excluir a la población migrante y extranjera).

La opción inevitable por el 155 ha supuesto sacrificio, tanto para Rajoy como para Sánchez: salir de sí y exponerse a la crítica interna.... pero esta vez parece que ambos han obrado como bodisatvas, con lucidez y compasión. Recemos para que no se estropee lo logrado con paciencia y prudencia, no vaya a ser que la parte más dura de alguna tendencia en ambas bancadas frene posibles reconciliaciones e insista en ensañarse contra los que al proclamar el sueño de la DUI suicidaron sus aspiraciones.


Meditación Zen para Rajoy y Puigdemont

27.09.17 | 11:05. Archivado en Religion y sociedad, Justicia y paz

Sí al referendum, con diálogo. Pero antes, silencio del Zen

¿Qué recomendaría a Rajoy y Puigdemont? Que hablen sin tapujos. Pero, primero un presupuesto: antes de cruzar las piernas en el sillón del diálogo para hallar la solución del pacto, siéntense en postura de Loto sobre el cojín del Zen, para hallar la solución del silencio.

Unos y otros, unas y otras, todos y todas necesitamos una cura de silencio meditativo para salir de la ilusión del yo, salir del espejismo de la identidad, desengañarse del mito soberanista, del autoengaño independentista y de la pesadilla nacionalista.

Son todas esas ficciones del “yo”. Un yo que no se ha curado de la ignorancia original que le hace creer que “piensa, luego existe”. (Unamuno habría dicho que hace falta “desconcientizarse”, Oliver Sachs aconsejaría “vivir sin cabeza”.

Ese “yo” es incapaz de salir de sí y romper la muralla que él mismo construyó alrededor de su cabeza; más aún, ni siquiera es capaz de descubrirse ante la realidad y quitarse el sombrero o la gorra nacionalistas: ya sea el sombrero del nacionalismo de estado –autoritario y centralista-, ya sea la gorra del nacionalismo de campanario aldeano –estrecho de miras y con alergia testaruda contra cualquier injerto federalista-. (Ojalá Pedro Sánchez fuera capaz de persuadir a ambos para que canten al unísono con Schiller la sinfonía de lo uno y lo múltiple... Pero, por desgracia, los excesos del “yo” son como las células de las metástasis del cáncer peleando contra las infiltradas para terapia. Operaciones drásticas no frenan la guerra y con la derrota final unas y otras pierden y perecen).

Me preguntan amistades japonesas por mi nacimiento y apellido, porque el Masiá les parece catalán. “No, respondo; nací en Murcia, de madre nacida en la región (que no nación, ni reino) de Murcia y de padre nacido en la de Alicante; mi ciudadanía es española y tengo estatuto de residente japonés. Tengo también familia en Barcelona y buenas amistades catalanas (en los momentos del atentado terrorista me sentía especialmente cercano a ellas).

Si me siento español fuera de España, es por ser murciano. Pero, precisamente por sentirme español, es por lo que puedo, estando fuera de España, sentirme gallego con los gallegos/as, vasco con los vascos/as, andaluz/con los andaluces/as o catalán con los catalanes/as, o balear o canario, etc...” Lo cierto es que me siento hasta muy portugués con los portugueses, aunque por avatares históricos sean otro estado nacional.

A pesar de esta explicación no se satisfacen mis amistades japonesas, que siguen haciendo preguntas, porque están viendo y oyendo las noticias internacionales sobre el pseudo-referendum (que, según el medio de comunicación que informe, parece a unos trágico, a otros cómico y a la mayoría tragi-cómico por su mezcla de ridiculez e ilegalidad).

Respondo que no se puede elegir entre Cataluña y España, porque eso sería como optar por el mar sin olas o por las olas sin mar. Me dicen que la comparación es un tanto oriental. Naturalmente, que lo es. Por eso he recomendado a Puigdemont y Rajoy que, antes de dialogar se sienten en postura de Loto a meditar en silencio para salir de su ego. Y todos nosotros y nosotras también, para que se nos otorgue la gracia -¡amazing grace!- de reconocer que no existe el yo absolutamente independiente, sin relación y sin evolución y transformación.

Quien fuera capaz de vivir en silencio esa espiritualidad integral e integradora, no propiamente “oriental” sino de “otro Oriente y otro Occidente” en la dimensión de profundidad de la vida, no tendría miedo a despojarse de toda intransigencia y entrar, después de ese silencio, en el mundo del diálogo cívico, el pacto democrático y la negociación política.

Con esa actitud básica, no se tendría reparo en asumir futuros desarrollos del esquema de convivencia, incluso aquellos que parecieran, a primera vista, incompatibles entre sí u opuestos como, por ejemplo, las hipótesis siguientes:

1 Si me dijeran que, después de un proceso -sereno y justo, democrático y legal- de diálogo, se ha llegado a la conclusión de una nueva república catalana independiente, no me costaría aceptarlo.

2 Si me dijeran que, después de un proceso así (y no sin esa condición), se ha llegado a elaborar una nueva estructura federal que, con una nueva Constitución, integra de un modo nuevo las diversas naciones, regiones y pueblos de este país, lo asumiría igualmente.

3 Si me dijeran que, después de un proceso así (y no sin esa condición), se ha llegado a una conclusión no independentista, pero sí modificadora de la presente estructuración y condiciones de la autonomía, también lo aceptaría del mismo modo.

4 Si me dijeran que –hipotética y utópicamente, por un giro histórico en el futuro-, después de un proceso así (y no sin esa condición), se había llegado de acuerdo con el vecino estado nacional portugués a un acuerdo para crear los Estados Unidos de Iberia (con la capital en Lisboa, el Senado en Barcelona y el Museo histórico en Madrid), tampoco me costaría aceptarlo.

Estas cuatro propuestas-ficción no han sido más que un experimento mental, como ejemplo y pretexto para recomendar la solución de los conflictos mediante el diálogo. Pero requieren como presupuesto para la “solución” de los falsos conflictos, la “disolución” del “ego” por el rodeo del silencio.

Por consiguiente, una esterilla de tatami y un cojín de meditación Zen, señores presidentes y señores diputados, y... pidan a Rajoy y Puigdemont que respiren hondo en silencio durante unas horas.

(Nota: Me alegro de que Religión Digital publique columnas de un blog en portugés –el del P. Anselmo Borges- y vería con gusto otros blogs en catalán o euskera en el mismo portal de RD. Por mi trabajo en el Centro internacional diocesano, celebro la misa del domingo con ritual multilingüe –al mismo tiempo en portugués, español y japonés- para comunidades latinoamericanas migrantes en Tokyo. Hace veinte años nos preocupaba proporcionar una celebración en su lengua para esa población. Hoy las circunstancias han cambiado y la generación siguiente, nacida y educada en Japón, requiere prácticas bilingües o multilingües. Esas celebraciones han de ser multilingües, como también otras formas de pastoral y sacramentos: el pasado domingo, en una boda, los novios se dieron el sí tres veces seguidas en tres lenguas: japonés, inglés y tagalo filipino; así toda la comunidad participante pudo comprender en sus lenguas)


La razón de la sinrazón terrorista

02.09.17 | 11:13. Archivado en Justicia y paz

Se han repetido , en los días siguientes a los atentados terroristas las críticas que protestan por su irracionalidad y las quejas angustiadas por la sinrazón del múltiple homicidio indiscriminado. Pero...¿y si la “razón de la sinrazón” de esa locura estuviese en lo terrible de la “racionalidad” que desencadenó la tragedia?

La agresión del lobo contra el cordero, del águila contra el conejo o del león contra la cierva pueden ser vorazmente sanguinarias; pero, por muy violento, lacerante y mortal que sea el ataque, no se nos ocurrirá calificarlo como crueldad. Las especies animales irracionales son capaces de atacar, herir y matar, pero no son capaces de crueldad.

El animal racional (triste ironía que presumamos de serlo) es el animal capaz de usar sutilmente su racionalidad para justificar lo injustificable; es el animal capaz de crueldad contra sus congéneres y contra sí mismo. Es el animal especialmente vulnerable, precisamente por la ambivalencia de su racionalidad.4

Cuando decimos indignados: que atrapen a quienes cometen tal atrocidad irracional y que los maten y rematen en el acto, sin dar tiempo siquiera a que los lleven esposados a la cárcel”, ¿no estaremos presumiendo inconscientemente de nuestra racionalidad?

Lo más terrible de la tragedia no fue su locura supuestamente irracional, sino el uso horrorroso de la racionalidad que la originó: la racionalidad puesta en juego por el cerebro izquierdo calculador y el lenguaje manipulador del dirigente pseudoreligioso que inyectó motivaciones radicalizadoras en el corazón de aquellos jóvenes, cuyas manos ejecutaron las matanzas. Cerebro e ideología del planificador (o planificadores) fueron más peligrosos que el coraz:on y manos de los ejecutores.

El que planeó el terror usó su racionalidad instrumental, dominadora y manipuladora para prepararlo y justificarlo. Esa mismo uso de la racionalidad se puso en juego cuando un político intentaba buscar responsabilidades en partidos ajenos, o sacar provecho de la tragedia para sus intereses electorales... ¿Nos hemos dado cuenta de que el animal racional es un terrorista potencial?

En mis primeros años de docencia, solía comenzar el curso de antropología hablando del animal racional. Fue al día siguiente del ataque preventivo injusto y de la invasión irresponsable de Irak por Bush, que lo justificaba racional y pseudoreligiosamente, cuando cambié el título y tema de mi curso de antropología filosófica: En vez de El animal razonador, sería El animal vulnerable.

Hoy, al mismo tiempò que me siento víctima con las víctimas, tras cada acción terrorista, me paro a reconocer horrorizado que todos llevamos dentro raíces de terrorismo. El animal vulnerable que soy, ¿cómo desarraigará las raíces de terror, la razón de las sinrazones que desencadenan a diartio cada racionalización y justificación del terror? (Empezando por los pequeños odios, envidia, maltratos, violencia doméstica, hate speech etc. en la vida cotidiana; por ejemplo, los insultos por twitter o en comentarios mal educados de blogs...)


El P. Kadowaki, jesuita y maestro Zen, ya está “unimismado”

06.08.17 | 17:40. Archivado en Bioética

R.I.P: Juan Kakichi KADOWAKI (1926-2017)

El 27 de Julio, 2017, se adentró definitivamente en la Vida de la vida este jesuita japonés, que nos deja un legado de antropología filosófica no dual, espiritualidad ignaciana dialogante y lectura cordial de la Biblia con el cuerpo entero.

Para evocar en su obituario el legado filosófico-espiritual del P. Kadowaki, no encuentro mejor palabra que la acuñada `por Unamuno sobre cuerpo y alma en El Cristo de Velázquez:

Enamorada de su cuerpo tu alma,
y por nupcial amor unimismados,
no como a cárcel al morir dejóla,
con el suspiro de quien queda libre,
sino como a un hogar en que se ansía
dejarse vivirsiempre...

Es que el P. Kadowaki, que enseñaba en los años setenta una antropología filosófica no dual, se alegró y animó al equipo de traductores que preparaba los cinco volúmenes de obras del pensador español de carne y hueso.
En la década de los 80 fue Pedro Laín Entralgo quien se interesó por la manera de hablar Kadowaki en japonés sobre cuerpo y espíritu suprimiendo la “y” para decir “cuerpo-espíritu”, aunando los dos pictogramas de cuerpo y espíritu (ambos con la misma fonética, shin) en el término shin-shin: que podríamos verter unamunianamente como “cuerpo-espíritu unimismados”.


KADOWAKI Kakichi nació en tierras norteñas de Hokkaido el 6 de enero de 1926. Bautizado católico por el P. Dumoulin, el conocido investigador del budismo, entró en la Compañía de Jesús -novicio dirigido por el P. Arrupe- en 1950. Ordenado sacerdote en Tokyo, en 1960, se doctoró en la Universidad Gregoriana en 1964.

Estudió especialmente el conocimiento por connaturalidad en Santo Tomás y la epistemología de Lonergan. Fue profesor de antropología filosófica en la Universidad Sofía de 1965 a 1996. Por contraste con otros profesores japoneses y extranjeros de la generación anterior -que se decantaban por escolasticismos medievales o idealismos alemanes en filosofía y tesis contrarreformistas en teología-, Kadowaki (que, antes de filosofar, se había graduado en ingeniería en la Universidad Imperial) estuvo abierto al diálogo con la fenomenología y hermenéutica.

Después, recogió el legado de encuentro con el Zen del P. Enomiya. Llegó a ser reconocido como Maestro del Zen por el Roshi (Maestro) Omori Sogen, según la corriente de Rinzai, Fue instructor de un grupo internacional de Tercera Probación en Japón, en 1982.

Ha continuado durante más de treinta años profundizando la relación enre la espiritualidad ignaciana y la práctica del Zen; ha dirigido en esa línea muchas tandas de ejercicios, integrando el estilo ignaciano que camina de la meditación a la contemplación, dando importancia al cuerpo, respiración, memoria e imaginación, con la práctica Zen, centrada en la respiración y el silencio. Trasladando este método a la teología, Kadowaki no ha cesado de pensar hasta sus últimos días la integación del aliento corporal con el soplo del Espíritu de Vida.

Dirigió el Instituto de Religiones Orientales de la Universidad Sophia, de 1985 a 1991. Tradujo el libro de los Ejercicios espirituales de san Ignacio al japonés. Fue publicado en la colección de bolsillo de la principal editorial japonesa, Iwanami, en 1995.

Entre sus numerosas publicaciones en japonés, destacan sus estudios sobre pensamiento y espiritualidad en la obra de Dogen (2008), al que calificaba como un santo Tomás del budismo. También es autor de dos piezas de teatro Noh, de temática cristiana, que se estrenaron en Tokyo, Roma, Bruselas y Buenos Aires.En español, recordamos sus libros: El Zen y la Biblia. Lectura coporal del Koan y la Biblia. Vivencia Zen de de un cristiano., ed. Paulinas, 1981; Por el camino de Oriente. Posibilidades de una filosofía cristiana japonesa, ed. Colegio de México, 2011,

Al redactar ahora para el blog estas líneas de obituario, tengo como telón de fondo el leit-motiv de conversaciones con él, que solía repetir: “Ustedes, occidentales, tienen que librarse de la antropología dualista y la teología exclusivista”. Creo sinceramente que los que hemos sido discípulos y colegas suyos en filosofía y teología todavía tenemos como asignatura pendiente tomar en serio este consejo suyo.


Siesta de Transfiguración y psicoanálisis en el Tabor

30.07.17 | 04:35. Archivado en Mística

Sueño y despertar de transfiguración en el monte Tabor,

En la reunión del equipo pastoral, preparando la homilía del 6 de agosto, nos hizo reir la catequista Herminia contando el cuento de las tres tiendas de campaña en lo alto del monte Tabor:

“¿Por qué tres solamente, si los personajes son seis en total, contando a los discípulos con los dos profetas y el Maestro? Es que Moisés y Elías son mayores, serios, estirados y encima roncan, necesitan estancia individual. En cambio, los discípulos se acurrucan en la misma tienda con Jesús, que reclina la cabeza en cualquier sitio, aun con menos de dos estrellas”.

Bromas aparte, el resto del equipo dudaba entre subir a montes de contemplación o bajar a rutas de compromiso.
Alicia, catequista de los pequeños, prefiere Lucas a Mateo y propone escenificar el sueño; “Pedro y sus compañeros estaban amodorrados por el sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria” (Lc 9, 32). De fondo, el salmo: “contempladlo y quedaréis radiantes"; aunque no todo es luz resucitadora, sino mitad ilusión de luz y mitad pesadilla de tinieblas en este “éxodo de pasión” que comentan Moisés y Elías (Lc 9, 30).

Enrique, catequista de confirmandos, insistía en que no vale la misma interpretación en la misa de infancia y en la de mayores. Es que no acababa de convencerles mi propuesta de centrarse en nuestros propios sueños, como en el sueño de Pedro, Juan y Santiago.

Los tres discípulos –invitados a quedarse en silencio ante el Enigma para escuchar al Misterio de Vida, que eso es orar...-, simplemente cayeron en el sopor de sobremesa, aunándose los temores con el mesenterio productor de ensoñaciones.

Los tres se quedaron dormidos en la siesta del monte Tabor (Mc 9, 2-13; Mt 17, 1-20; Lc 9, 28-36; cf Jn 12, 22-33), como también se les pegaron las sábanas, un año antes, en la madrugada de Cafarnaúm (Mc 1, 35-38) y como caerían rendidos de sueño, un año después, a media noche en Getsemaní (Lc 22, 39-46; Mt 26, 36-46; Mc 14, 32-42).

Estamos cotejando estos textos en el equipo, pero me parece que nos condiciona demasiado la preocupación con que solemos preparar las homilías: polarizados en cómo explicar la historia, o cómo contar el cuento de la manera que lo cuenta con su intención cada evangelista o cómo aclarar significados convirtiéndo los símbolos en alegorías que racionalicen la fe.

Quizás para Pedro, Juan y Santiago –y para nosotros hoy también- haga falta ayuda consejera: que, en vez de interpretarlo, nos plantee qué vamos a hacer con el sueño.

Y si el psicoanalista es Jesús en persona, escucharé la palabra que me hiere y abraza al mismo tiempo: levántate!

Levántate significa: despierta. Levántate significa: ponte en pie y echa a andar. Levántate significa: resucita.
“Levantaos” es palabra clave en esta escena: Mt 17, 7:, Levantáos (Gr. Egérzete), no tengáis miedo; Mt 26, 46: Levantáos (Gr. egéireze), vamos.

Nada extraño que tengan pesadillas de miedo los discípulos que, por el camino, habían oido de labios de Jesús el anuncio de la Pasión. Se mezclan en el sueño los miedos de muerte y tinieblas con los anhelos de vida resplandeciente: ellos habían dicho en la crisis galilea: “Nosotros no te dejamos, tú tienes palabras que dan vida definitiva (Jn 6, 68). Pero al abrir los ojos no saben con qué carta quedarse, con el recuerdo del miedo o con la lucidez de la esperanza. Se quedan inmóviles, “aterrados, no sabían cómo reaccionar” (Mc 9, 6), “al verse envueltos por la nube tormentosa se asustaron” (Lc 9, 34) a pesar de que la voz escuchada en sueños les había animado así: “Escuchadlo, es mi Hijo, al que tanto quiero” (Mt 17, 5)

Y Jesús sigue invitando a despertar del ensueño, del engaño; y abrir los ojos a otro sueño mejor, despertar a la realidad, a la lucidez de la iluminación. Despertar y salir del miedo, resucitar a la lucidez de afrontar la realidad y asumrla. Para Jesús, despertar es resucitar y resucitar es nacer de nuevo por el Espíritu, cuya creeatividad hace siempre posibles renaceres de transfiguración.

Pues levantémonos - y levántese la Iglesia- resucitando del miedo a la lucidez tras la consulta de psicoanálisis gratuita con Jesús en el monte Tabor


Los díscolos no captaron la parábola

15.07.17 | 18:34. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Si el recién fallecido Cardenal Meissner (q.e.p.d.) pudiera enviar desde su eterno descanso en la vida eterna un e-mail a sus díscolos compañeros del dislate anti-Francisco, tal vez el mensaje rezaría de esta guisa:

“Hermanos, no habíamos comprendido la parábola del sembrador:; el que tenga oidos para escuchar que entienda. El Papa Francisco habla en la Amoris laetitia como Jesús en el Evangelio y nos confronta con el símbolo de la escucha que discierne y la misericordia que sana. Pero nosotros no nos dejamos impactar por el símbolo y nos obsesionamos con la alegoría, que no escucha ni sana, sino racionaliza, moraliza y anatematiza, derecho canónico en mano, disparando misiles de sí o no, blanco o negro”

Este domingo 15 del Tiempo ordinario toca escuchar la perícopa de Mt 13, 1-23 (Salió el sembrador a sembrar su semilla...Mejor leer solo del 1 al 9).

Aprendamos de Jesús que nos lanza un símbolo para sacudir nuestra somnolencia y estimularnos con el enigma: quien pueda escuchar que entienda.

Como cuando el maestro de meditación Zen confronta al discipulo con un koan pradójico para romper su lógica y hacerle pensar sin pensar

Como el oráculo délfico que “ni dice, ni oculta, sino sugiere dejando perplejidad (ainissomai, en griego).

Como cuando Unamuno quería tantoa sus lectores que les sembaraba inquietudes practicando la “obra de misericordia suprema, despertar al dormido”...

La parábola tal como la contó Jesús termina en el versículo 9: ¡Quien tenga oidos, que escuche! Todo lo que viene a continuación desde el v.18 al 23 es un ejemplo de cómo la predicación primitiva convirtió la parábola en alegoría, atribuyendo significaciones para descifrar contraseñas: que si el terreno rocoso significa..., que si las raíces significan..., que si las zarzas significan,,,esto y lo otro, etc...

Con razón recomendaba Francisco en Evangelii gaudium que no prediquemos la homilía así: “La predicación puramente moralista o adoctrinadora y también la que se convierte en una clase de exégesis, reducen la comunicación entre corazones que se da en la homilía...” (EG, n. 142).

Ante los escrúpulos del ex-prefecto Müller, recuerda el cardenal Schönborn que lo importante es “escuchar”: “El clero debe escuchar como tal vez no lo hemos hecho antes, y escuchar a todo el mundo, a las personas en relaciones regulares y en las llamadas relaciones irregulares”

Habrá que aplicar a las “teologías de funcionario eclesiástico” lo que decía Paul Ricoeur de las filosofías faltas de hermenéutica; “no se acaba de dejar morir a los ídolos y apenas se tiene oidos para escuchar a los símbolos”. Hoy diríamos a los “escribas o escribanos de curia”: “no se acaba de dejar morir el derecho canónico y apenas se tiene oidos para escuchar la gratuidad del Evangelio y nutrirse de lo sacramental”.


¿Por qué su carga se hace llevadera?

03.07.17 | 03:55. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Conmigo la carga se aligera (Mt 11, 30, Domingo XIV Ordinario)

"Caminen a mi lado, dice Jesús, quienes sienten el peso de la carga de la vida, que abruma a lo largo del camino.Yo me unciré a ustedes con un yugo que nos aúne para tirar juntos del carro de la vida. Asi el esfuerzo será llevadero y sentirán que la carga se aligera". (cf Mt 11, 28-30).

Dice el evangelista Juan en su primera carta (1Jn 5,3): Los mandamientos de Dios no deberían suponer una carga.
Habrá, sin embargo, quien piense que algunos mandamientos sí son una carga pesada, hasta insoportable. Por ejemplo, el mandamiento principal del amor parece una exigencia demasiado radical: ¡misión imposible!

Pero el evangelista Juan, el mismo que insiste en que el encargo de Jesús no es una carga, nos lo aclara al registrar para la posteridad las últimas palabras de Jesús en la cena de despedida, el día antes de su crucifixión. El encargo encarecido de Jesús, en aquellas palabras de testamento, fue el que se llama en el evangelio “el mandamiento nuevo”: Quereos mutuamente del mismo modo que yo os he querido.

¿Por qué nuevo? ¿En qué consiste la novedad del encargo de amarse mutuamente? ¿No era ya muy vieja la tradición de ese mandamiento en la Biblia hebrea?

La novedad del "mandamiento nuevo" consiste an amar “del mismo modo”, “como amó Jesús”.“El evangelista, que lo entendió bien, recomendaría no traducir entolé como mandato o mandamiento, sino como encargo entrañabñe, que no debe ser una carga (“sus encargos, entolé, no son un fardo pesado, bareia ouk eisín, como leemos en la carta de Juan: 1 Jn 5, 3).

Es que, en esa frase clave del testamento de Jesús, que proclamamos solemnemente cada Jueves Santo en la Liturgia de la Cena del Señor, es decisiva la expresión adverbial “del mismo modo” (en griego, hopos) .Si no entendemos su significado, nos parecerá imposible amar como Jesús. Pero Juan nos lo aclara: Jesús promete derramar sobre nosotros su Espíritu de Amor que nos haga capaces de amar con el mismo espíritu que Él amó. En vez de un imperativo imposible de cumplir, su encargo es una palabra esperanzadora que anima a amar.

Por eso insiste Juan en que se trata de amar del mismo modo, de la misma manera, con la misma fuerza (energeia y dynamis del Pneuma), del Espíritu de Vida, que actúa en nosotros capacitándonos para amar (Pablo diría "que nos energetiza con su dinamismo desde dentro de nosotros": cf. Col, 1,29). Es la fuerza del Espíritu, que capacita para amar.

Parafraseando al Jesús del cuarto evangelio, podemos escuchar así: “Ustedes, que se sienten incapaces de amar, podrán amar del mismo modo que yo les amé, si dejan pasar a través de ustedes ese espíritu, si se hacen canales que dejen pasar hacia los demás esa corriente de amor. Mi encargo no es una orden imposible (¿cómo se podría imponer, mandar, obligar a amar?); mi encargo es para animarles a amar, para decirles que es posible amar, si lo hacen del mismo modo y con el mismo Espíritu con el que yo lo hice. Y les prometo que voy a derramar en sus entrañas ese Espíritu, para que, con él, puedan amar”... . Sus palabras son una invitación a creer en el amor.

Y a la hora de aplicar este mensaje a la reforma perenne de la institución social eclesiástica, que el Papa Francisco apela a que se convierta en comunidad eclesial de amor, habrá que meditar de nuevo este domingo el encargo evangélico de llevarnos las cargas mutuamente y no imponer cargas.

Dice Jesús, en los evangelios según Mateo y Lucas, a los dirigentes religiosos: no impongan a las personas unas cargas que ustedes mismos no pueden sostener (cf. Mt 23,4; Lc 11, 46). Es una manera de decirles: en vez de aumentar la carga de los que caminan a su lado, ayuden a que disminuya el peso, compartan el esfuerzo de soportar juntos el tirón de la carga. Lo entendió bien Pablo, que transmitía el encargo de Jesús a la comunidad de la Iglesia de Galacia diciéndoles: “Llevaos mutuamente las cargas, ayudaos unos a otros a soportarlas” (Gal 6,5; cf. 1 Co 3, 8 y Mt 16, 27).


Sin vuestro "Amén", no puede haber Corpus Christi

16.06.17 | 15:38. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Sin “Amén”, no hay ”Corpus Christi”

Sin el "Amén" de la ofrenda, la fe y la praxis de la comunidad, no se realiza la transformación eucarística de la vida.

En las reuniones con los niños y niñas que se preparan para la Primera Comunión, dedicamos siempre los primeros diez minutos a repasar la lección primera: ¿Qué quiere decir “Amén”? ¿Qué estamos haciendo cuando contestamos diciendo “Amén” al sacerdote que nos muestra en alto la Eucaristía y dice: “Corpus Christi”?

Amén significa: dos cosas 1) “Así es”. 2) “Así sea”

Al contestar: “Así es” estamos haciendo un acto de fe, estamos reconociendo que “así es, como usted dice, que lo que voy a recibir es la vida de Cristo, para que esté El dentro de mí y yo dentro de Él, que Él viva en mí y yo en Él. Amén es la fórmula más corta del Credo, es el resumen, en una sola palabra, de nuestra fe.

Además, al contestar; “Amén”, estamos haciendo una oración, estamos expresando el deseo de “que así sea”, es decir, que yo me convierta en lo que recibo, que me convierta en Cristo y viva como Cristo para dar vida a otras personas. Eso es evangelizar, dice el Papa Francisco, dar vida.

Cuando esos niños y niñas presentan en la procesión de las ofrendas el pan y el vino, les recordamos: “Esto que traéis no es solo pan y vino, el pan y vino representan la vida diaria de vuestras familias, eso es lo que traéis a la misa para que le pidamos a Dios que envíe su Espíritu y lo consagre y transforme y convierta en vida de Cristo para la vida del mundo.

Cuando el sacerdote pronuncie las palabras de Jesús en la última cena, no dirá “Este pan es mi cuerpo”, sino que dirá en nombre de Cristoi: “Esto es mi cuerpo”.

¿Por qué dice “esto”, y no solo “este pan”? Porque lo que consagra no es solamente este pan y este vino, sino todo lo que ese pan y ese vino representan, lo que habéis traído a la misa: vuestra vida (Venís a la misa, dice el Papa Francisco con vuestra vida a cuestas)...

La consagración es la consagración y transformación del pan, del vino, de la comunidad reunida, de sus vidas y trabajos, de sus penas y alegrías etc... Si no venís a misa trayendo y presentando todo eso para que el Espíritu lo consagre y transforme, no hay manera de celebrar efectivamente la Eucaristía (aunque haya pan y vino y sacerdote que pronuncie las palabras de Jesús).

Y si no decís de veras y con toda vuestra vida el “Amén” de la Comunión (Así es, así lo creo y pido que así sea, que me convierta en lo que recibo y que yo viva para dar vida), entonces la Eucaristía queda incompleta. Sin vuestra ofrenda y sin vuestro amén no hay Corpus Christi (porqe las palabras de la consagración no son magia de abracadabra).

Como tampoco hay Corpus Christi efectivo, sin el amén de una comunidad comprometida para transformar el mundo, desarraigar la corrupción, liberar a los oprimidos, acoger a los excluidos y trabajar por la justicia, la paz y el cuidado de toda vida. Sin ese amén no hay Corpus Christi, aunque haya procesiones barrocas, custodias lujosas escandalizantes y políticos de nombre creyentes presidiéndolas con traje de gala.


No tengan miedo a Nuevas Espiritualidades

06.06.17 | 23:12. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Sin miedo a nuevas formas de espiritualidad compartida, la comunidad interreligiosa medita y contempla compartiendo liturgia trinitaria.

Sin miedo a compartir inter-religiosamente la búsqueda espiritual, un grupo mixto cristiano-budista se reúne en la Casa de Oración para pasar tres días de Ejercicios corpóreo-espirituales.

Intercambian prácticas de “nuevas formas de espiritualidad” que, en realidad, no son tan nuevas; más bien de arraigo tradicional, como el uso de la memoria, la imaginación y el silencio en la contemplación ignaciana de los misterios evangélicos o en la contemplación icónica budista ante el retablo-mándala de Budas y bodisatvas del espléndido auto sacramental que escenifica el Sutra del Loto.

Para quienes venían de una tradición familiarizada con “los tres cuerpos del Buda”: histórico, glorificado y eterno” no fue difícil sintonizar con la meditación sobre la carta a la iglesia de Éfeso: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesús el Cristo, que, por medio de su Enviado, nos ha bendecido desde el cielo con toda clase de bendiciones del Espíritu.

Para quienes venían de una tradición de fe trinitaria (lejos de terrorismos monoteistas, relativismos politeistas y monismos panteistas) también ha sido fácil sintonizar con la meditación sobre los “tres cuerpos de Buda”, que sugería una manera de expresar en términos de cultura y religiosidad Mahayana lo central de una fe trinitaria en un Misterio Absoluto Único.

Estas experiencias de espiritualidad compartida trans-religiosamente son momentos fuertes de iluminación con Jesús en el Tabor o con Shakamuni en Pico del Águila. Pero, sin plantar tiendas en esas cimas, hay que descender del monte y retornar al camino de la convivencia cotidiana: agápe y dikaiosyne, para proseguir la práctica de la compasión liberadora.


Ante políticas de osario, soplo de vida: Ezequiel vs. Trump

02.06.17 | 07:12. Archivado en Justicia y paz, Iglesia católica

Si Kurosawa y Chaplin levantaran la cabeza... ¿llevarían a la pantalla la reencarnación de la estupidez dictatorial con imágenes de un Trump y un Putin fantasmagorizando patriotismos de siglos pasados?

Si Ezequiel levantara la cabeza... ¿describiría de nuevo en clave de Espíritu de Vida la resurrección de los huesos calcinados?

Ezequiel 37 es el pasaje más impresionante sobre la fuerza de huracán de la Ruah en toda la Biblia hebrea. Buena falta nos hace... Lo releeré para la homilía de Pentecostés de este año, aunque no toque en la liturgia, programada en abstracto.

La comunidad particular y la comunidad mundial necesitan repostar combustible espiritual. Anímicamente decaídas, políticamente despiezadas y espiritualmente en plena sequía, tanto la comunidad particular como la mundial necesitan más que nunca el soplo del Espíritu de Vida, admirablemente escenificado en este auto sacramental de los huesos calcinados y danza de vida que concibió Ezequiel por obra del mismo Espíritu.

A algunos predicadores decimonónicos, que criticaban la cremación, les gustaba aplicar literalmente la parábola de Ezequiel a la resurrección en el último día; hablaban de “reunirse las almas con los mismos cuerpos que tuvieron”. Pero el simbolismo del profeta no es de biología o anatomía, ni de escolasticismos de cuerpo y alma, sino expresión de la resurrección corporativa del pueblo por obra del Espíritu. Estamos ante el pasaje en que con más fuerza destaca en todo el Primer Testamento la Presemcia vivificadora de la Ruah, que anima al pueblo fiel con la promesa de la fidelidad divina resucitadora.

Ezequiel, poeta y profeta, pintó con trazos fuertes el espectáculo desolador político-religioso del pueblo y sus dirigentes, pero anunció la restauración de la vida tras la sequía de muerte espiritual.

Ezequiel juega doblemente con las palabras sobre la Ruah, en los versículos primero y último (Ez 37, 1-14) de la escena: el Espíritu del Señor sopla en su interior contemplativo y le abre los ojos para ver la escena en la que ese mismo Espíritu, activo en la historia, sopla arrasador como un tifón sobre el osario entero y lo convierte en una pista inmensa para la danza de la vida.

Ante el decaimiento anímico del pueblo desilusionado, el desmoronamiento del sistema político decepcionante y la sequía que agosta el campo religioso-espiritual deshidratado, el soplo del Espíritu proclama: “Como huesos secos no debéis quedar, como huesos aireados podéis revivir”. A lo que el osario entero responde a coro: “Podemos, podemos, aleluya”.

La Ruah hace revivir todo un pueblo entero de huesos calcinados, que se tornan danza viviente. Contrastan los “huesos secos y esperanza disipada” (v.11) con el papel del Espíritu Resucitador. La Ruah, que se deja escuchar en la interioridad contemplativa del profeta-poeta, es la misma que sopla vivificante sobre el mar de huesos secos y lo convierte en sinfonía danzante de vida.

Ezequiel ve que el pueblo entero, la Casa de Israel, se encuentra en estado anímico deprimente, “con los huesos secos y la esperanza disipada”(v.11). Pero el mismo Espíritu será el ejecutor de la transformación de esa situación, para que revivan restaurados en su tierra“ (cf. vv.11-14).

Nos llevaría muy lejos, hay que abreviarlo aquí, el contraste con la crítica de Ezequiel a los malos pastores y al liderazgo pervertido de sus dirigentes políticos y religiosos)

Así como los “huesos triturados” del penitente se tornan, en el salmo 51, “regocijo de salvación” gracias al espíritu nuevo de vida y a la creatividad del perdón, también en Ezequiel el Espíritu de Vida, que cambia corazones de piedra en corazones nuevos, inyecta esperanza para superar el desánimo psicológico, el desmoronamiento político y el enflaquecimiento religioso del pueblo

En medio de la perplejidad política ante la situación internacional en estos días, la celebración del Domingo de Pentecostés nos invitará a releer con esperanza el libro de Ezequiel y... a recomendar a los dirigentes políticos que lo mediten, siquiera sea unos minutos...


En la Pietá, el Descendimiento es Ascensión

22.05.17 | 02:17. Archivado en Mística, Iglesia católica

En la asignatura transversal sobre Arte y Teología, una pregunta con trampa desconcertó al alumnado interdisciplinar.
Pregunta el profesor: “Si Pilatos, cincuenta días después de la tragedia del Gólgota, manda abrir la tumba de Jesús y encuentran un cadáver en putrefacción, ¿que problema crearía este testimonio contra la predicación sobre el resucitado?

Un alumno de teología, fundamentalista y timorato, responde: “No era el cadáver de Jesús, sino otro que habían colocado allí por orden del consejo de ancianos. Fueron los mismos sobornados por los principales sacerdotes para extender el rumor de que los discípulos robaron el cadáver de Jesús, como se cuenta en Mt 28, 11-15”.

Otro alumno de filosofía, incrédulo y cientificista, responde: “Ese descubrimiento desmonta el argumento de la tumba vacía. Hoy se confirmaría con la prueba del ADN”.

Una alumna de informática, abriendo en su celular la aplicación “túnel del tiempo", responde; “La foto de la tumba está manipulada. En el twitter siguiente, vemos una instantánea del despegue de la Ascensión, en cohete hacia las nubes, vale para refutar la foto del cadáver en la tumba”.

Otra alumna, de estética y bellas artes, se gana sobresaliente respondiendo así : “Aunque el ADN confirmase que el cadáver es de Jesús, eso no niega la resurrección. Como tampoco niega la resurrección el hecho palpable del cadáver de Jesús sobre el regazo de María en la escena del Descendimiento. Si el momento de la muerte es el mismo de la resurrección, el hecho del cadáver es compatible con la realidad del Viviente. Lo comprendió genialmente Miguel Ángel al representar a la madre contemplando en los restos del crucificado la Presencia de El Que Vive”.

Tenía razón esta alumna, acreedora de Premio extraordinario. Efectivamente, la Piedad de Miguel Ángel es imagen dinámica de Ascensión, como el Cristo de Velázquez es icono sereno de Resurrección.

Haciendo búsqueda de imágenes en la historia del arte, hallaremos otras diferentes. Por ejemplo, la que vemos en la catedral de Notre Dame tiene más de Angustias que de Consuelo. Está con los brazos abiertos en cruz y la mirada hacia el cielo, como si clamase: “¿Por qué le han hecho esto? ¿Por qué nos has hecho esto, Dios mío? ¿Por qué has dejado que le hicieran esto?” Y el cadáver del crucificado, dejándose caer en diagonal hacia el suelo, anticipa un cierre de la tumba sin retorno.

Otras imágenes medievales representan el Descendiemiento con una postura de María inclinada en un abrazo hacia el cadáver del hijo, como cuando lo acunaba hace más de treinta años, pero ahora la sonrisa que amamanta se torna llanto desconsolado.

Por el contrario, la escultura de Miguel Ángel no es Dolorosa, ni Angustias, ni Soledad, sino Piedad de Fe que alumbra Compasión.

Por eso el cuerpo muerto no es trágico, rígido y violentado, sino plácido, sereno y apolíneo, como el Cristo de Velázquez. Por eso la madre no protesta dolorosa hacia las nubes, ni se inclina desconsolada ante el hijo muerto, sino conserva la misma verticalidad con que estaba, stabat mater, de pie ante la cruz. Ahora sigue enhiesta contemplando con fe, no un cadáver, sino un viviente. Su serenidad apacible puede competir con las mejores esculturas orientales de meditación iluminada, a la vez que de su lucidez nace una compasión ilimitada sugerida en el ademán inefable del rostro, ligeramente inclinado para identificar su mirada con los ojos, a la vez cerrados y abiertos, de El Crucificado que Vive.

Al contemplar el Descendimiento como Ascensión, nuestra mirada recorre el cuerpo de Jesús desde los pies a la cabeza. Superado el ángulo recto de la rodilla, único residuo de rigidez mortal, comienza una curva elegante de ascensión hasta la cima y, al cruzarse con la verticalidad de la madre, columna y torre ebúrnea, configura una cruz, que ya no es patíbulo, sino sede gloriosa.

Definitivamente, esta Piedad de Miguel Ángel y el Cristo de Velázquez son para mí las mejores imágenes de Resurrección y Ascensión.

Unamuno no habría logrado la maravilla del poema al Cristo de Velázquez
, si lo hubiera compuesto ante la imagen del Cristo Yacente de Santa Clara, al que en otra ocasión dedicó terribles versos...”. Pero para contemplar la blancura serena de La Pietá como reflejo de la Ascensión del hijo y anticipo de la Asunción de la madre, me ayuda la inspiración unamuniana:

Eres Tú de los muertos primogénito,
Tú el fruto, por la Muerte ya maduro,
del árbol de la vida que no acaba...

Eres Tú, la Verdad que con su muerte,
resurrección al fin, nos vivifica


Lunes, 18 de diciembre

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