Por Jose Ramón Peláez, sacerdote y master en DSI.
Todo lo que se tira en hogares y restaurantes de Reino Unido y Estados Unidos da para alimentar a 1.500 millones de personas
Cuando el trabajo es un valor y la solidaridad que nace de él fuente de moralidad, las personas con vergüenza no tiran el pan. Es más, ha existido la costumbre de besarlo antes de dejarlo sobre la mesa si se caía involuntariamente: porque el pan es de Dios, y no lo es solo por sus connotaciones eucarísticas, sino como fruto del trabajo y un don que debe ser compartido con todos los hermanos, como rezamos en el Padre nuestro. Tirarlo era y es una grave ofensa a los hambrientos, a los que primeros se les ha arrebatado el fruto de su trabajo, y después se les niega el puesto a la mesa que les corresponde en justicia.
Hoy se tira el pan, y el resto de la comida, por el capricho de que no me gusta, y por un inconsciente desprecio de los satisfechos a los bienes necesarios que faltan hasta la muerte a la mayor parte de la humanidad. Y no sólo se tira en las casas sino que todo el mercado mundial de alimentos, desde la agricultura al supermercado, todo está programado para tirarlo. Se habla de las toneladas destruidas para subir el precio de las cosechas, pero son muchas más las que se destruyen por los gustos estéticos o los aranceles técnicos impuestos por el mercado y las legislaciones.
Antes de llegar a nuestras mesas ya se ha tirado una buena parte del pan, de ese pan que nuestras abuelas -llenas de un sentido moral- nos mandaban besar si se caía. De este modo podemos comprar pan sin corteza, sin la primera y la última rebanada… que ya habrá sido desechada por el fabricante, que nos la cobra en el precio; y no solo a nosotros, sino también a quienes trabajaron para que exista y siguen pasando hambre, en un sistema agrario que cada vez explota más a los productores. Por todo ello podemos decir que tirar el pan, hasta comprarlo ya sin corteza, es un pecado político.
Y como ahora los cristianos del mundo opulento nos callamos, y los padres, los catequistas, los sacerdotes… ya no hablamos de estas cosas, Dios está queriendo que las griten la piedras; que sean los ecologistas, los vegetarianos… quienes las griten. Llama la atención conocer estudios como el del Trsitam Stuart, investigador de la Universidad de Sussex (Inglaterra), que practica desde su adolescencia el freeganismo: Para cuando acabé el instituto aprendí que podría vivir de la comida que tiraban los supermercados y otros establecimientos, confiesa en el prólogo.
(...)
Por eso debemos plantearnos la lucha contra las causas del hambre, que son causas políticas, en instituciones bien conocidas, con nombre y apellidos por más que se escondan bajo la invocación genérica a los mercados. Unas causas en las que tienen un papel importante nuestras formas de vida, nuestros caprichos y hasta nuestros hábitos; nuestra flojera y consumismo, que, por no sacrificarse y evitar esfuerzos hasta prefiere el pan sin corteza.
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Receta de pan bimbo sin corteza
INGREDIENTES:
150 gr. agua
15 gr. levadura fresca
250 gr. harina de fuerza
1 cucharadita de sal
aceite para engrasar
1,5 l de agua
Ponemos el agua y la levadura en el vaso. Programamos 2 min. -37º- vel 1
Añadimos la harina y la sal, ponemos 2min 30 sg.- vel. espiga
Retiramos la masa, formamos una bola y la enharinamos.
Dejamos que repose 1 hora dentro de un recipiente engrasado que nos quepa en la varoma. Tapamos el recipiente con un paño.
Añadimos al vaso el litro y medio de agua y colocamos la varoma con el recipiente (vale un molde pirex o de aluminio. Programamos 45 min- varoma- vel 1
Sacamos del molde y dejamos enfriar.
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Hay recetas de pan sin corteza. Si Bimbo tira la corteza del pan ciertamente no lo sé, y dudo que tú lo sepas.
Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni