Contracorriente

Multiplicación de la Fraternidad, por Mons J.J. Aguirre

07.10.10 | 10:32. Archivado en Empobrecidos, Testimonios
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He leído hace poco un dominico sudafricano, Albert Nolan, que habla de la multiplicación de los panes y los peces ‘imagen de la eucaristía’ como una multiplicación de la generosidad de todos los presentes que aportaron lo que buenamente tenían y eso bastó para alimentar a la multitud ‘5.000 o 3.000 según las versiones de los evangelios’.

El evangelio dice que Jesús metió la mano en la cesta y repartió la comida y la cesta nunca se vaciaba. Pero la interpretación de Nolan también me seduce porque yo viví algo parecido en África, en una misión llamada Zemio, en donde por 3 meses la multiplicación de los panes y de los peces se convirtió en una verdadera multiplicación de la fraternidad de la comunidad cristiana.

Sucedió que 2.000 soldados congoleños perdieron una batalla contra el ejército ugandés vinieron a refugiarse en Centroáfrica. Venían soldados, niños soldados, mujeres que habían tenido contacto con los soldados y que eran expulsadas del los pueblos, algunas enfermas o embarazadas, muchas desesperadas…

(....)
La gente de la ciudad de Zemio, una población de unas 3.000 almas, estaban tan preocupadas viendo llegar a 2.000 soldados y conociendo los desmanes a los que se habían dado en un pasado no muy lejano, que muchos huyeron a la selva. En la misión estaba la Hermana Paula, salvadoreña, con dos mejicanas, dos padres polacos y dos colombianos. No son cooperantes humanitarios por los que sus gobiernos deban preocuparse si los rapta Alcaida. Están allí, simplemente viviendo su vocación de estar con los más pobres de ésta tierra, contar sus lágrimas día a día y hacer de su entrega, no una breve excursión humanitaria, sino un servicio al lado de su pueblo.

(...)
Les pedí que vinieran todos, padres y hermanas, a la Misa conmigo y allí nos pusimos en las manos de la Providencia, nos dimos coraje unos a otros, nos dijimos: “aunque pasemos por valles de tinieblas, no hay que tener miedo, porque tú vienes conmigo…” La Misa nos reconfortó. Era sábado y nos fuimos a dormir.

El domingo era la Misa dominical. Los católicos de Zemio vinieron y yo les leí el texto de la multiplicación de los panes y los peces. Les expliqué el texto y les hablé de los soldados. El Señor nos pide: “Dadles vosotros de comer”.

(...)
Le dije: “habrá también un almacén, los que lo deseen, que traigan comida, mandioca, fruta, calabaza, alubias, arroz… Cada movimiento de la parroquia vendrá cada día por turnos para cocinar lo que haya.”

(...)
Durante un mes se preparó de comer para unos 500 soldados, cada día. Se llevaban las cacerolas por las tardes y el comandante los llamaba por batallones. Los soldados bajaron la guardia, dejaron la agresividad y la violencia y se creó un hermoso clima de fraternidad.

(...)
Luego me dijo: “¿Recuerdas, monseñor, el almacén donde guardábamos la comida? Pues bien, el comité de gestión acabamos de pasar por allí y aún queda un montón de comida, de calabazas y arroz, de alubias y mandioca”. Le dije: ”Pascal, el hecho de toda esa comida restante, ¿te recuerda algo?

-“Claro, me dijo, los doce cestos del evangelio”.

(...)
¿El mayor milagro fue la multiplicación de los panes o la multiplicación de la fraternidad? Todo gesto de fraternidad ya es un pequeño milagro. Pero aquellos misioneros siguen allí después de varios años, ayer rodeados de soldados congoleños y hoy siendo atenazados por una banda de criminales despiadados llamados de la LRA.

Autor: Juan José Aguirre, obispo de Bangassou
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