El pasado mes el periódico EL PAIS publicó un reportaje en su semanal titulado ¨Este saquito salva vidas¨ que, en vez de estar redactado por un periodista con análisis y cierta profesionalidad, parecía estar redactado directamente por el personal de relaciones públicas de la empresa Nutriset.
El saquito salvavidas contra el hambre del que habla el reportaje es un revolucionario ¨invento¨ (así lo denomina reiteradamente el texto) que consiste en barritas energéticas de cacahuete mezclados con un complejo de vitaminas y minerales. El ¨invento¨, obviamente, no es fruto de un laborioso trabajo de investigación. No, el invento se le ocurrió a un científico francés en 1999 mientras untaba una tostada con nocilla para su desayuno y fue patentado por la empresa Nutriset para su comercialización en los países del tercer mundo bajo el nombre de Plumpy'Nut, que es la unión de las palabras en inglés para gordito y cacahuete. Cualquier cosa parece servir a las multinacionales europeas para sacar beneficio del Hambre en África. Cualquier cosa parece servir a las multinacionales europeas para sacar beneficio del Hambre en África.
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Pero para Charlotte Dufour, experta en cuestiones de seguridad alimentaria y consultora externa de la FAO, “limitar el tratamiento y la prevención de la malnutrición a este tipo de alimentos, puede dar la impresión de que el hambre es una enfermedad que se trata con medicamentos”. El hambre tiene causas políticas, y todo lo que no sea atacar sus causas es perpetuarla y hacer negocio con ella. “Concebir el hambre como una enfermedad tiene efectos nefastos a nivel político”, continúa Dufour, “puede excusar a los gobiernos de sus responsabilidades”.
El reportaje de El PAIS tampoco menciona los debates éticos que ha despertado entre los científicos la aplicación de estos productos llamados RUTF (siglas en inglés para "alimento terapéutico listo para usar"), que ha llevado incluso a la revista Science a dedicarle un artículo el pasado octubre.
Una de las voces críticas viene de la India, el doctor Agrun Gupta advierte del peligro de que la alimentación terapéutica se convierta en la alimentación normal: “Una vez se empieza a usar los RUFT como estrategia preventiva, según lo defendido por las agencias internacionales, la nutrición infantil se torna en un gran mercado”. Según Grupta, “las intervenciones y políticas que promueven la distribución de estos alimentos sólo beneficiarán a unas pocas y grandes corporaciones”. En India ya se están utilizando eficazmente mezclas de alimentos locales para tratar la desnutrición. Pero mientras los grandes organismos y ONG apuesten por productos como el Plumpy´Nut, el negocio está servido.
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Pero es que el mecanismo de hacer negocio a costa del hambre va mucho más allá de vender ¨cacahuetes gorditos¨ patentados por un euro a los niños hambrientos. Los máximos exportadores de cacahuete del mundo son los países de África subsahariana, los mismos supuestamente beneficiarios de programas de la ONU como ¨NoHunger¨. Las instituciones económicas internacionales como el FMI y el Banco Mundial presionan a los países africanos para dedicar largas extensiones de su tierra al monocultivo del cacahuete, cuyo mayor importador es Europa. El cacahuete africano, en vez de ser utilizado para la seguridad alimenticia del propio país, es comprado por empresas europeas a precio irrisorio, transformado en ¨cacahuete gordito¨ bajo la patente por empresas como NutriSet y vendido, en caso de hambrunas, por un euro la ración.
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Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
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Asoc. Humanismo sin Credos
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