Por Fernando Bogónez, sacerdote diocesano de Valladolid.
Ante las dificultades económicas y sociales de tantas familias y víctimas de la crisis, los obispos españoles han querido transmitir una palabra de aliento y de esperanza por medio de una Declaración tras la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal.
En el texto podemos leer nada más comenzar que «la crisis económica que vivimos tiene que ser abordada, principalmente, desde sus causas y víctimas, y desde un juicio moral que nos permita encontrar el camino adecuado para su solución». Las causas de la grave situación en la que nos encontramos tienen su origen en «la pérdida de valores morales, la falta de honradez, la codicia, que es la raíz de todos los males, y la carencia de control de las estructuras financieras, potenciada por la economía globalizada».
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Otro sector es la población emigrante procedente la mayoría de países empobrecidos, que colaboraron y colaboran, con su trabajo y con sus servicios, a nuestro desarrollo y bienestar, y a quienes ahora no podemos abandonar a su suerte. Por último aquellos que ya vivían antes en la miseria han visto agravada su situación. Ante este escenario de la sociedad los obispos formulan una pregunta «¿qué hombre queremos promover con el estilo social que estamos procurando?». La respuesta es obvia y estamos sufriendo las consecuencias en nuestra carne. La Iglesia cree que «el desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos, y hombres políticos que vivan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común» (Caritas in Veritate, 71). El espectáculo cotidiano de millones de seres humanos que sufren debe tocar nuestro corazón de creyente y nos debe empujar en nuestro interior a aliviar la miseria y sobre todo sus causas. Los obispos ven urgente y solicitan una respuesta inmediata en la que se impulse «un nuevo dinamismo laboral que nos comprometa a todos a favor de un trabajo decente que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer» y, en particular, se exige «un trato humano y solidario con los emigrantes, pues la recién aprobada Ley de Extranjería restringe los derechos que afectan decisivamente a su dignidad como personas».
El texto de la Declaración finaliza animando a comprometernos. En concreto a luchar por un desarrollo integral, que requiere una renovación ética de la vida social y económica que tenga en cuenta el derecho a la vida puesto que «la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo». Se pide renovar, como Iglesia, el compromiso con los pobres que en un mundo globalizado sufren la peor parte de la crisis.
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la recién aprobada Ley de Extranjería restringe los derechos que afectan decisivamente a su dignidad como personas». Esta parte no la entiendo, la dignidad???? no creo que a nadie nos la quiten, otra cosa es que cumplan "las espectativas" de dichas personas dentro de dicha ley". En España se incumplen todos los derechos, desde la vivienda, la ley de discapacidad, la de sanidad y la de la educación y sobre todo lo único que nos hace vivir "dignamente" el trabajo. No es fácil coordinar todo tal cual lo están dejando, pero estoy de acuerdo en mejorarlo. Un saludo
Estoy de acuerdo, y muchos estamos en ello.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni