Contracorriente

Los pecados sociales no quedan sin castigo en este mundo. Mons D. Iguacén

26.01.10 | 08:28. Archivado en espiritualidad de encarnación
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Por Mons. D. Damián Iguacén, Obispo emérito de Tenerife
El valor de la vida no está en la calidad, en la vitalidad y el vigor físico o en la integridad síquica, de tal manera que hay que eliminarla si carece de determinadas cualidades. No hay personas más personas que otras. No hay seres humanos que han nacido para esclavos y otros para señores

La vida humana está hoy amenazada por el hedonismo de las llamadas "sociedades del bienestar", en las que se exalta la vida mientras es placentera y ya no se respeta cuando está enferma o disminuida o no rinde, ni produce.

Extracto del libro Santa María de la Vida

Se justificará la selección de semillas o de animales, pero jamás una selección de razas de personas.

El valor de la vida no se puede medir por el rendimiento. Hay que trabajar y mucho por mejorar la calidad de vida, esto lo quiere el Señor. El riesgo está en qué entendemos por calidad de vida. Mejorar nunca es eliminar: ¿La calidad de vida sólo está en la salud, el dinero, el saber, el divertirse? "Una democracia sin otros valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia, puesto que, sin una verdad última que guíe y oriente la acción política, las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines del poder.
(...)
El ochenta y cinco por ciento de los habitantes del mundo pasan hambre, mientras hay alimentos para más del doble de la población actual.

Tanta sangre derramada, tantas injusticias, están clamando al cielo y nos están interpelando. Los pecados sociales no quedan sin castigo en este mundo. Todas las víctimas del hambre y de las injusticias son hermanos nuestros, no lo olvidemos. El Señor nos preguntará como preguntó a Caín: "Y tu hermano ¿dónde está?". No podemos contestar como él: "¿Acaso soy yo guardián de mi hermano?". Claro que de alguna manera somos guardianes de nuestros hermanos necesitados.

(...)
Miles y miles de niños que tienen de todo, menos educación, que se les está criando solos, con la compañía de un móvil, un videojuego, internet y una llave para entrar y salir de casa libremente.

Setenta millones de niños abortados. Y no olvidemos la cantidad de niños con depresiones, ansiedades, fobias, violentos, resentidos. Se calcula que los niños esclavos representan más del diez por ciento de la mano de obra mundial. Una vergüenza, un crimen.

Aunque no seamos responsables directos de esta situación, podemos ser cómplices, cuando está en nuestra mano la elección de los responsables políticos y sociales. La cuestión social ha de estar muy presente en la conciencia cristiana. Desde luego, si hay verdadero amor en nuestro corazón, sabremos resolver todas las situaciones; el amor es muy ingenioso. Tenemos también un arma eficacísima: la oración. Orar podemos todos. "Pedid y recibiréis", dice el Señor. Es un mandato del Señor. Estamos en desobediencia cuando no oramos por las necesidades del mundo.

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