El diablo no quiere un mundo sin cristianismo, sino un cristianismo sin Dios, con hombres que se crean autosuficientes… este es un fragmento del libro de Fabrice Hadjadj, La fe de los demonios ‘o el ateísmo desesperado’
El espíritu malo es siempre favorable a los ejercicios espirituales, siempre que no se trate de una espiritualidad de la Encarnación. Pero también es favorable a un apostolado muy activo, siempre que no sea el de la caridad.
«Mientras conceda más importancia a las reuniones, a los panfletos, a la política, a los movimientos, a las causas y a las cruzadas que a las oraciones, a los sacramentos y al amor al prójimo, será de los nuestros» [escribe C.S. Lewis, en Cartas del Diablo a su sobrino].
De lo que se trata es de dejarnos creer que ser cristiano es un título, y, por ende, llevarnos a producir un cristianismo a nuestro gusto, con su Cristo travestido de tradicionalista o de progresista, dolorido o hedonista, conservador o revolucionario, cristo de Apolo o cristo de Pablo o cristo de Cefas, que podamos ser más católicos que el Papa, o más papistas que la Iglesia. Lo esencial es detraer del cristianismo su misterio de gracia. La fe de los demonios consiste no en abolir, sino en realizar una fe a la medida de la época, de las necesidades, de los caprichos. Nada mejor que formar, ya sea una gran Iglesia del mundo, como si el Eterno tuviera una necesidad absoluta de estar en boga, ya sea una pequeña Iglesia de privilegiados, como si sólo tuviera necesidad absoluta de nosotros.
(...)
[El diablo] no quiere acoger la misericordia de Aquel que es; por eso se satisface con la misericordia de la nada. ¿Te duele el alma? Niega la existencia del alma. ¿Te duele Dios? Niega el misterio de Dios. ¿Te duele el mal? Niega que se trata de un mal. El gran engaño en nuestras sociedades descristianizadas consiste en recuperar la compasión para volverla contra Cristo.
Esa misericordia negativa, imitación de Dios sin Dios, es una razón bastante buena para ir al infierno. Es un acto de independencia. En lugar de una libertad que recibo al dar mi consentimiento a una alianza, una libertad que yo me otorgo cortando los puentes, porque la ruptura también puede ser indisoluble, y la nada, en cierta manera, puede aparecer como un absoluto. Dios me ha creado sin que yo lo quiera. Pues bien, yo haré, en revancha, algo que él no quiera.
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Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
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