Contracorriente

Es lícito robar en caso de necesidad extrema

16.11.09 | 17:03. Archivado en Empobrecidos, espiritualidad de encarnación
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Editorial de Id y Evangelizad nº66
Es mejor pedir que robar aconseja un dicho frecuente. ¿Seguro que –además- podría decirse que este es un principio cristiano? Porque las realidades, los pensamientos... no se hacen cristianos por frecuentes. Las realidades frecuentes son precisamente eso: frecuentes. Poco más.

A finales del segundo milenio los obispos brasileños dijeron que la situación de hambre hacía legítimo el asalto a los supermercados. La doctrina no era nueva... ¿o el Evangelio sostiene otra cosa? Son famosas las palabras de los santos padres recordando que en caso de necesidad los bienes son comunes y llamando inicuas a las riquezas o ladrones o hijos de ladrones a los ricos.

De forma que el Concilio Vaticano II afirmó aquello de que «quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí».

Hace unos días una señora llegaba a la fila de cajas de un supermercado con un carrito lleno y le dijo a una cajera: Mira hija, esto me lo voy a llevar, tengo cinco hijos pasando hambre; haz lo que tengas que hacer pero yo me llevo esto. No es difícil imaginar las caras de perplejidad. Váyase, váyase ya, fue lo que le dijo el superior inmediato de la estupefacta cajera. Y ahora, amigo lector, quizá seas tú el perplejo.

Para mayor perplejidad resulta que hasta el Código penal reconoce que no es delito robar para comer. Lo llama hurto famélico. Parece que toda la maraña judicial, incluidos los abogados mal llamados católicos, no tienen mucho interés en el asunto. Ni las universidades católicas; ni las otras. Ni los jueces estrella tan progres ellos. Ni esos jueces de altura tan beatos ellos.

Toda la red asistencial de las familias con los parados y explotados, toda la red asistencial de Cáritas y las órdenes religiosas debe ser complementada con una acción solidaria que plantee la necesidad de la justicia. Es imprescindible que no se explote al trabajo, es imprescindible que el sistema económico no cree interesadamente paro (que es lo que se está haciendo). Un parado, normalmente, no es un jeta que quiere vivir de la limosna de otro o de esa forma de limosna camuflada que son las migajas del Estado; frecuentemente ladrones ambos: el Mercado y el Estado. Un parado, un trabajador, es el motor de la economía... y merece respeto. Respeto absoluto. Por eso es moral -aunque no sea legal- tomar los bienes necesarios. Eso no es robo. Eso ha dicho un Concilio... ¡a ver cuándo lo dice el Congreso de un partido político o de un sindicato!

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1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por sofía 16.11.09 | 21:08

    Bravo. Así se habla.

Domingo, 19 de febrero

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