Reproducimos este artículo de una de las víctimas de los ataques sectarios:
Este año, en el transcurso de las elecciones al claustro, aparecieron carteles en el campus con el nombre mío y de otro chico que, con insultos y calumnias, pretendían humillarnos utilizando nuestras creencias religiosas. A todo ello se sumaron amenazas, “mobing” y un intento de agresión.
Durante tres años, en una fachada de uno de los edificios del Campus del Milán de la Universidad de Oviedo, se pudo leer una pintada que decía: “Muerte a la cultura y a la Iglesia”. Si era difícil de entender que alguien hubiera escrito algo así, no lo era menos que la pintada aguantara desafiante ese tiempo.
Mientras que algunos profesores radicales quitaban importancia al hecho, la autoridad del centro, por su parte, reaccionó pasivamente a la hora de quitar dichos carteles y sin decisión a la hora de condenar dichos actos. Esto, favoreció que se desarrollara un ambiente favorable hacia los violentos, que en cierta manera les legitimaba y, que a su vez, a nosotros nos desamparaba.
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Las exposiciones magistrales de las clases, se convertían en un auténtico discurso apologético de cómo la religión católica había sido la culpable de todos los males, en el mundo, de la historia.
(...)Quizás éstos jóvenes violentos eran responsables de la ejecución del delito, pero no eran los únicos culpables. La educación que, una parte del profesorado, lleva impartiendo en ese centro es el verdadero trasfondo del problema.
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Por Javier López Espinosa,
Historiador y militante cristiano
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Viernes, 17 de febrero
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