Víctor Codina, plantea 4 by-pass en la vida eclesial a los que me permito añadir unos comentarios EN MAYUSCULA.
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By-pass es una expresión inglesa que significa juntar dos partes de un camino, hacer un puente, dar un rodeo para evitar inconvenientes o peligros. (...) Se ha hecho famosa esta expresión en lenguaje médico para designar una cirugía de corazón que, dando un rodeo de la parte dañada que obstruye el flujo sanguíneo, une venas y hace puentes para permitir que la sangre pueda de nuevo fluir. Siempre es un remedio artificial y provisional, diferente del flujo normal de la circulación sanguínea de un cuerpo sano y vigoroso. Tampoco es una solución muy duradera.
Pasemos a vivencia y práctica de nuestra religión. Podemos preguntarnos si no se dan en la Iglesia algunas situaciones de by-pass, en las que damos rodeos para evitar provisionalmente abordar un problema y a las que ya nos hemos acostumbrado tanto que ya no nos damos cuenta de que es algo anormal. Vamos a limitarnos a poner algunos ejemplos.
PROMOCIÓN TEOLÓGICA Y PASTORAL DEL LAICADO
En estos últimos años ha crecido enormemente la conciencia del laicado en la Iglesia y en muchas Iglesias crece el número de laicos y laicas que se dedican a la teología y que asumen responsabilidades pastorales e incluso se convierten en dirigentes de comunidades sin sacerdotes.
Sin duda es sumamente positivo este despertar del laicado en la Iglesia, ya que supone una Iglesia Pueblo de Dios, donde los bautizados se sienten discípulos y misioneros. El acceso de laicos y laicas a la teología sistemática es un gran valor para la Iglesia, acostumbrada a que la teología sea algo exclusivo de clérigos, varones y celibatarios. Un laicado experto en teología ofrece unas posibilidades hasta ahora inéditas de favorecer un diálogo interdisciplinar entre teología y sociedad, teología y cultura moderna, teología y familia, teología y mujer, etc. El que laicos y laicas asuman funciones pastorales en la Iglesia es algo también positivo es estos tiempos de crisis de vocaciones sacerdotales: presiden los domingos celebraciones de la Palabra, son ministros de la eucaristía, son asistentes pastorales…A estos laicos y laicas hay que sumar la acción pastoral de las religiosas, que asumen responsabilidades pastorales e incluso parroquiales en ausencia del clero.
Sin embargo podemos preguntarnos si toda esta riqueza no es un auténtico by-pass eclesial que nos impide tener en cuenta que la eucaristía es el centro de la Iglesia, cumbre y centro de la actividad eclesial, que no hay Iglesia sin eucaristía, que la eucaristía hace la Iglesia, que los que presiden la comunidad son los que deben presidir la eucaristía, que no es normal que las comunidades permanezcan sin la celebración eucarística del misterio pascual, ni es normal que dirijan la comunidad personas que no han recibido el ministerio ordenado y el don del Espíritu ligado a la imposición de manos.
Y LO QUE ES PEOR, CENTRA LA PROMOCION DE LOS LAICOS A LABORES INTRAECLESIALES, QUE NO SE CORRESPONDEN A SU VOCACION ESPECIFICA, QUE ES LA CARIDAD POLITICA, LA TRANSFORMACION DE LA SOCIEDAD. CONVERTIMOS A LOS LAICOS EN PSEUDO-CURAS.
PASTORAL DE LA CONFIRMACIÓN
La confirmación ha pasado en los últimos años de ser un sacramento casi olvidado y marginado a concentrar la máxima atención de los agentes de pastoral, sobre todo para la pastoral juvenil. Para algunos la confirmación viene a ser el sacramento de la juventud, el momento en el que los jóvenes afirman libremente su fe y renuevan el bautismo recibido de niños.
no será que la Iglesia prefiere potenciar la confirmación, con todas sus ambigüedades teológicas y pastorales actuales en vez de revisar la iniciación cristiana en su conjunto porque en el fondo no quiere cambiar la praxis generalizada del bautismo de niños? La praxis del bautismo infantil, ciertamente antigua, venerable y teológicamente bien fundamentada, se generalizó en la Iglesia de Cristiandad, pero hoy no responde a una Iglesia que ya no vive en situación de Cristiandad, ni es respuesta pastoral adecuada a las exigencias de un mundo secularizado y pluri-confesional, donde la fe ya no se transmite de padres a hijos, ni cuenta con el apoyo social.
DIACONADO PERMANENTE
Una de las grandes innovaciones del Vaticano II fue sin duda la restauración del diaconado permanente, que estaba reducido a ser a un paso previo al ministerio sacerdotal. Los frutos pastorales del diaconado permanente en la Iglesia han sido muy positivos, sobre todo para compensar la penuria de presbíteros y para inculturar la fe en ambientes campesinos e indígenas.
Pero podemos preguntarnos si esta euforia diaconal en el fondo no será una solución paliativa y artificial que sirve para contentarnos con este by-pass pastoral para no tener que plantear la cuestión del ministerio ordenado en la Iglesia. Estos diáconos, la mayoría casados, hombres maduros en su fe, "viri probati", que sirven a sus comunidades desinteresadamente y con gran amor ¿no podrían ser excelentes presbíteros en sus comunidades? (DE AHI EL PROBLEMA EN CHIAPAS Y EN OTRAS ZONAS INDIGENAS)
PARROQUIALIZACIÓN DE LA VIDA RELIGIOSA
Los religiosos clérigos han asumido parroquias para responder a las necesidades pastorales de muchas Iglesias locales sin clero diocesano suficiente. Esto sin duda significa un gran amor y servicio de la vida religiosa a las Iglesia locales y en estas parroquias regentadas por religiosos se produce mucho fruto pastoral.
Pero podemos preguntarnos si no hay el riesgo de que los diversos carismas religiosos de franciscanos, dominicos, mercedarios, carmelitas, jesuitas, salesianos, redentoristas, claretianos, …queden reducidos al servicio pastoral de las parroquias, privando a la Iglesia de la especificidad de sus carismas propios que seguramente tienen un ámbito más universal y menos limitado que las parroquias.
Pero además de ello, el llenar los vacíos de las parroquias del clero diocesano con religiosos ¿no retrasará el que la Iglesia universal se plantee la cuestión de los ministerios ordenados? ¿No será esta dedicación de religiosos a las parroquias un auténtico by-pass eclesial para evitar abordar el verdadero problema de fondo?
Y NO SE OLVIDE EL AUTOR DEL RIESGO DE APROPIACION QUE UNA ORDEN HACE DE UNA PARROQUIA Y LOS CONFLICTOS QUE INEVITABLEMENTE SURGEN EN LA COMUNION DIOCESANA Y CON EL OBISPO.
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En resumen, temo que estemos viviendo con toda normalidad e incluso potenciemos en la Iglesia de hoy soluciones de emergencia, que sin duda de momento producen frutos positivos, que incluso abren nuevas posibilidades hasta ahora cerradas, pero que, de hecho, encubren los problemas de fondo, retrasan soluciones más radicales y definitivas, hacen que nos acostumbremos a dar rodeos y a no enfrentar los verdaderos problemas, que nos contentemos con cirugías cardiacas que aunque de momento solucionen el problema, impiden que la sangre eclesial fluya con toda energía por las arterias y venas de la Iglesia del Señor. No es el viento y el fuego del Espíritu que en un nuevo Pentecostés renueva y vitaliza a la Iglesia, como Juan XXIII deseó al convocar el concilio Vaticano II. Y no olvidemos que el by-pass tampoco tiene larga duración…
Víctor Codina, S.J.
Doctor en Teología. Profesor en la Universidad Católica Boliviana de Cochabamba.
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Mi mail anterior debía haber empezado:"Estimado Rodrigo..."
Estimado P. Codina, excelente su artículo pues siendo realidades positivas las que se recogen, se ve certeramente el peligro que entrañan.
Un cordial saludo
José Ignacio
Domingo, 27 de mayo
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