Contracorriente

La Politica es una forma exigente de la Caridad

09.10.08 | 13:50. Archivado en Politica, espiritualidad de encarnación
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

(ZENIT.org).- Extractos de la conferencia que dictó el cardenal Renato R. Martino, presidente del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz el 30 de septiembre

Quiero iniciar afirmando, con las palabras de Pablo VI, que la política es para los cristianos una forma exigente de la caridad. Esta afirmación me parece de suma importancia, puesto que se ha difundido -y pienso que no me equivoco si digo que en todos los países- entre la opinión pública, una actitud de antipolítica y, entre muchos observadores, la percepción convencida de la profunda crisis que la sacude, fruto de una compleja serie de factores.

La Iglesia no hace política, pero posee una doctrina iluminadora sobre la política, .

El catolicismo nunca podrá renunciar a un rol público de la fe religiosa y de las comunidades cristianas, pero distinguiendo lo que los fieles actúan en nombre propio y lo que cumplen en nombre de la Iglesia en comunión con sus pastores (cf. Gaudium et spes, 36).

Todo esto nos lleva a afirmar, de frente a las posiciones -hoy minoritarias- que afirman que la política es todo, y de frente a las posturas -hoy mayoritarias- que consideran a la política como algo de lo que hay que mantenerse alejados, la Iglesia, con su doctrina social indica que la política permanece un espacio esencial y un instrumento fundamental para construir una sociedad digna del hombre.

Esta doctrina tiene palabras simples, esenciales, pero fundamentales para dar nuevos impulsos y esperanzas a la política, he aquí algunas de ellas:
• una política que ponga a la persona humana siempre al centro, siempre en el respeto de sus derechos fundamentales, sobre todo del derecho a la vida;
• una política como servicio al bien común;
• una política inspirada por un humanismo integral y solidario;
• una política que valora subsidiariamente los cuerpos intermedios, sobre todo la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer;
• una política enriquecida por los valores de la verdad, de la justicia, de la libertad y de la caridad:
• una política capaz de regular con justicia y equidad las relaciones económicas, sobre todo el mercado, con una opción preferencial por los pobres;
• una política capaz de dar una dirección humanística a la técnica;
• una política que se detiene cuando encuentra valores que no dependen de ella y le son indisponibles;
• una política que no manda en exilio al Trascendente porque sabe que una sociedad sin Dios corre el peligro de volverse una sociedad contra el hombre;
• una política de paz y para la paz.

Finalmente quisiera subrayar que ante tales exigencias es urgente un compromiso más generoso de nuestras Iglesias en el plano educativo y formativo en el compromiso social y político. La Iglesia no hace política; la Iglesia no forma para la política; la Iglesia, sin embargo, debe formar y educar las conciencias en el compromiso social y político, conociendo, profundizando y aplicando cada vez más su doctrina social.

La Iglesia se interesa de la política no para afirmar sus intereses, sino porque quiere enriquecerla de valores para el bien del hombre. Y el cristiano que se compromete en política puede encontrar en ella también el camino para su santificación. Mi predecesor, el venerable Siervo de Dios, Cardenal Van Thuan propuso en una ocasión un breve, pero estimulante texto en el que compendió las bienaventuranzas del político.

«Bienaventurado el político que tiene un elevado conocimiento y una profunda conciencia de su papel.

Bienaventurado el político cuya persona refleja la credibilidad. En nuestros días, los escándalos en el mundo de la política...se multiplican haciendo perder credibilidad a sus protagonistas.

Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés. Para vivir esta bienaventuranza, que el político mire su conciencia y se pregunte: ¿estoy trabajando para el pueblo o para mí?

Bienaventurado el político que se mantiene fielmente coherente.

Bienaventurado el político que realiza la unidad y, haciendo a Jesús punto de apoyo de aquélla, la defiende. Ello, porque la división es autodestrucción.

Bienaventurado el político que está comprometido en la realización de un cambio radical, y lo hace luchando contra la perversión intelectual; lo hace sin llamar bueno a lo que es malo; no relega la religión a lo privado; establece las prioridades de sus elecciones basándose en su fe; tiene una charta magna: el Evangelio.

Bienaventurado el político que sabe escuchar, que sabe escuchar al pueblo, antes, durante y después de las elecciones; que sabe escuchar la propia conciencia; que sabe escuchar a Dios en la oración.

Bienaventurado el político que no tiene miedo. Que no tiene miedo, ante todo, de la verdad: "¡la verdad -dice Juan Pablo II- no necesita de votos!".


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Domingo, 27 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Mayo 2012
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031   

    Sindicación