
Por Joan Carrera Planas*
Publicado en Id y Evangeliza nº58
Cuentan de un profesor de religión bien intencionado que quiso instruir a sus alumnos, de elevado nivel económico, sobre la realidad social de la pobreza y la virtud evangélica del desprendimiento. Después de una larga explicación, pidió a cada uno que redactara una composición sobre el tema. Una niña encabezó así su trabajo: Había una vez una familia muy pobre: el padre era pobre, la madre era pobre, los hermanitos eran pobres, las sirvientas eran pobres, el chófer era pobre, el jardinero era pobre... ¡todos eran pobres!
La alumna del cuento, en lugar de imaginar una realidad diferente a la que ella conocía, se había limitado a añadir a la suya la idea, ciertamente teórica, de pobreza. Parece ridículo, pero éste es a menudo nuestro comportamiento: nos es más fácil sumar ideas contradictorias que modificar nuestra visión de las cosas.
En el campo de la religión, esto ocurre con mucha frecuencia. La falta de una catequesis básica; el confusionismo que nace del tratamiento mediático de los temas de la fe, tan superficial; el sentimiento que queda de una piedad ya desvanecida... crean una peligrosa confluencia.
A todos nos resulta mucho más fácil introducir en nuestra vida de siempre una referencia religiosa que convertirnos. Pero lo que pide el evangelio de Jesucristo es, precisamente, conversión. No todo el que me diga: “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial (Mt 7, 21).
Cada vez más, vista la descristianización ambiental, nuestras comunidades sienten la necesidad de centrar su tarea pastoral en la conversión. Tanto la recuperación del catecumenado como el establecimiento de una catequesis de adultos, con espíritu catecumenal, van en esta línea. También el cultivo adecuado de aquel núcleo de fe y de militancia llamado a mantener la conciencia misionera de cada parroquia o iglesia merece una absoluta prioridad.
Tal vez algún lector pensará que este subrayado de la pastoral de conversión cierre el paso a la comprensión de las manifestaciones más amplias de la religiosidad popular. No tendría que ser así. Precisamente cuando más asumida tengamos y más clara aparezca nuestra orientación misionera, más generosamente podremos acoger a los que de alguna manera se sienten atraídos por ella. Entonces el peligro de confusionismo será menor, nuestro discurso resultará más claro, podremos valorar los pequeños pasos porque se orientarán en la buena dirección.
Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni