
Con lenguaje "diplomático", el Vaticano le ha venido a decir a la ONU que el hambre sigue aumentando, que se dejen de cumbres y ayuditas y construyan un sistema económico justo que no ROBE las riquezas de los países empobrecidos. Amen.
El arzobispo Celestino Migliore, nuncio apostólico y observador permanente vaticano, intervino el día 4 de abril en Nueva York, en la 62 sesión de la Asamblea General de la ONU, durante el debate sobre el los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015.
Autorizados estudios, explicó, demuestran que a pesar del notable crecimiento económico en muchos países en vías de desarrollo, el objetivo global de reducir el hambre y la pobreza «ha permanecido inalcanzable».
«La extrema pobreza, el hambre, el analfabetismo y la falta de la más fundamental asistencia sanitaria están todavía muy extendidas, e incluso empeoran en algunas regiones».
La Santa Sede, recordó el representante del Papa, sigue estando activamente empeñada en aliviar estos problemas, «que son una ofensa a la dignidad humana» y «no dejará de subrayar tales necesidades fundamentales, de modo que permanezcan en el centro de la atención internacional y sean afrontadas como una cuestión de justicia social».
En este sentido, la delegación vaticana considera necesaria «una mayor solidaridad internacional si se quiere lograr limitar la creciente brecha entre los países ricos y los pobres, y entre los individuos dentro de los países».
Aún reconociendo la importancia de las ayudas, el arzobispo Migliore subrayó que es «todavía más decisivo» un «sistema comercial internacional más justo», también afrontando las prácticas que distorsionan el mercado yendo a perjudicar a las economías más frágiles.
Es por tanto fundamental, explicó, «revisar los mecanismos comerciales y financieros por un lado, y poner fin al mal gobierno y a los conflictos intestinos por otro».
La educación, constató, «está en la base de todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)» y «es el instrumento más eficaz para hacer que los hombres y mujeres puedan lograr una mayor libertad social, económica y política».
Desde este punto de vista, recordó que «miles de instituciones educativas de la Iglesia católica están situadas en las ciudades más degradadas y en aldeas remotas, en la periferia de las grandes metrópolis y en lugares en los que los niños están obligados a trabajar para sobrevivir».
A pesar de los progresos en la reducción de la mortalidad infantil, denunció, no se ha hecho mucho por la salud de las madres y para combatir el vih/sida, malaria y tuberculosis, sobre todo por falta de recursos y de acceso también a los servicios sanitarios fundamentales.
Por esto, el nuncio aseguró que la Santa Sede, a través de sus instituciones, «seguirá proporcionando asistencia sanitaria de base, con una opción preferencial por los sectores de la sociedad más marginados».
«Más que conversaciones y cumbres, el logro de este objetivo exige empeño y acción concreta -declaró--. Nuestra lucha global contra la pobreza extrema, el hambre, el analfabetismo y las enfermedades no es simplemente un acto de generosidad y altruismo: es una conditio sine qua non para un futuro mejor en un mundo más justo para todos».
Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni