CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 4 abril 2008 (ZENIT.org).- La «cultura de la eficiencia» que rige en las sociedades occidentales aparca a los ancianos, considerándoles un «problema», cuando en realidad son un «recurso» imprescindible para toda la comunidad, advierte el sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede para Asuntos Generales.
Un tema de extrema actualidad -apuntó el prelado, centrándose en «El papel de los ancianos en la Iglesia y en la sociedad»--, porque la vida humana tiende a prolongarse, mientras que la sociedad, persiguiendo «el éxito y el beneficio», margina a los mayores considerándoles «una carga».
Actualmente, sobre todo en las grades ciudades, «donde los ritmos diarios son acelerados, frecuentemente es la cultura de la eficiencia la que domina, por lo que los ancianos al final se encuentran solos», «aparcados en la familia» o incluso en situación de «completo abandono», lamentó.
Con un llamamiento a las sociedades occidentales, monseñor Filoni advirtió de que «aquello que aparentemente parece un "problema" -precisamente la situación de no pocos ancianos- hay que transformarlo en cambio en "recurso positivo" para toda la sociedad».
Y es que los ancianos son «custodios de una "memoria colectiva"» que puede ayudar a contemplar con esperanza el presente y el futuro; son «intérpretes privilegiados de ideales y de valores comunes que rigen la convivencia civil»; son «capaces de comprender la complejidad de la vida desde los acontecimientos que han tenido afrontar» y enseñan a «evitar los errores del pasado», sintetizó el «ministro de Exteriores» del Vaticano.
Para esta etapa «hay que prepararse» --señaló--, pues «al anciano miran con admiración y confianza los jóvenes cuando en él reconocen un modelo a imitar y una persona prudente a la que consultar las cuestiones importantes de la vida»
Ello implica necesariamente promover una «educación en el respeto del anciano y una valoración de sus potencialidades», recordó.
«La vejez es un tiempo favorable -subrayó el prelado italiano-- en el que las personas enriquecidas y maduras por la experiencia vivida pueden dar una contribución específica a la vida y a la misión de la Iglesia y de la sociedad».
Por ello hay que procurar a los ancianos «el debido respeto y la necesaria confianza que les permita expresarse --recalcó--, sintiéndose acogidos y amados».
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Esta lectura le encanta a mi madre,de 92 años:
Dime unas palabras de aliento ahora que estoy viva y no un conmovedor poema cuando me muera.
Comparte conmigo unos cuantos minutos ahora y no una noche entera cuando muera.
Regálame una sola flor ahora que estoy viva y no me envíes un gran adorno floral cuando muera.
Prefiero escuchar un solo acorde de tu guitarra ahora que no una conmovedora serenata cuando muera.
Prefiero escucharte un tanto nerviosa diciendo loq ue sientes por mí ahora que estoy viva y no un gran lamento porque no lo dijiste a tiempo...
Escogí esta nota, ya que me parece una lastima que se utilice la palabra "carga" para definir a personas independientemente de su condición social u ocupacional y aunque aparentemente las personas de la tercera edad ya no tienen un lugar funcional en la actual sociedad es indispensable recordar que fueron y, mientras vivan, son la base de esta sociedad, todo radica en dejar de darle valor a un persona por lo que "produce" (por llamarle de laguna forma), y mejor valorarlo por el simple hecho de ser persona y aportar sus ideologías y costumbres que lejos de perjudicarnos nos recuerdan la responsabilidad que tenemos como jóvenes porque algún día estaremos de su lado y seremos testigos de los que hayamos construido a lo largo de nuestra vida
Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
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Asoc. Humanismo sin Credos
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