Contracorriente

Robles Piquer recuerda a un gran militante cristiano.

30.03.08 | 19:39. Archivado en Testimonios
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Hemos recordado el primer aniversario de la muerte de Julián. De Julián Gómez del Castillo, naturalmente. Cuando se nos fue, Juan Velarde le dedicó en estas páginas una bella semblanza. Aseguraba que no «existe en España otro cristiano que haya defendido a los pobres y parias del mundo con tanta radicalidad».

Sigue siendo verdad. Y conviene subrayar esa palabra, cristiano, porque Julián llegó a la fe y al Bautismo a los 18 años, cuando Dios tocó su corazón a través de un sacerdote que había sido uno de los fundadores de las JONS y que le persuadió de que «también los cristianos debemos amar», enseñándole que «legiones de cristianos han amado heroicamente».

Había sido hasta entonces un agnóstico, como lo fue su padre, obrero y militante muy activo del PSOE y de la UGT, las fuerzas proletarias anteriores a nuestra Guerra Civil, que Julián vivió como muy diferentes a las que hoy llevan esos dos nombres. No creía que las de ahora estén a su altura; las de entonces -decía- pagaban por ser socialistas; las de ahora cobran. «La izquierda oficial lleva 40 años de vacaciones».

Su madre, creyente, hubo de tolerar la decisión de su marido sobre el agnosticismo de los hijos. Eran, los de su infancia y juventud, tiempos muy duros, los de un capitalismo rural, pre-industrial, donde el campesino sin tierra vivía al albur de unos terratenientes que remuneraban su esfuerzo con enorme tacañería. Eran, en fin, los brutales tiempos de la preguerra y de la Guerra Civil.

Julián tenía muy viva la memoria histórica. Y, desde ella, repartía con equidad las culpas de aquella barbarie.
Un día veraniego de 1946 vino a conocer la Universidad Menéndez Pelayo, que reanudaba sus cursos en el albergue provisional ofrecido por el Seminario santanderino de Monte Corbán. Allí, hace más de 60 años, comenzó nuestra amistad, cuando dos estudiantes catalanes y yo visitamos, de su mano, la mina de carbón que daba a su familia en Asturias un duro y modesto modo de sobrevivir.

(...) otras obras llegaron: la Hermandad Obrera de Acción Católica, la HOAC, que celebró su primera Asamblea en 1946 bajo el manto protector de la Iglesia; la amistad con su maestro Guillermo Rovirosa; el Movimiento Cultural Cristiano; la muy avanzada Editorial ZYX, que luego le fue arrebatada por algunos politiqueros, según su definición...

Ahora, la Casa de Emaús y la vivísima sede en Torremocha del Jarama, donde le hemos recordado en la Misa y en la evocación de su mensaje, en unión de Trini, de sus hijos, de sus amigos... Hay, incluso, un nuevo partido político, Solidaridad y Autogestión Internacionalista, que quiere luchar por la liberación de los pobres. En estas elecciones generales, SAIn concurrió en 13 circunscripciones y obtuvo 4.000 votos. A los discípulos de Julián no les parece mal comienzo.

Carlos Robles Piquer
Publicado en Alfa y Omega


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