Bruno Alonso, militante obrero, diputado pobre.
12.07.07 @ 13:28:25. Archivado en lucha solidaria, Testimonios

Por qué será que el PSOE se niega a dar a conocer los testimonios de verdaderos militantes obreros, no sectarios, honrados... ¿será por que les ponen en evidencia? Independientemente de la ideología, eran hombres fieles al ideal, intrínsecamente religiosos.
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“Un buen militante socialista ha de estar dispuesto en todos los momentos a los sacrificios materiales y morales que sean necesarios para el triunfo de los ideales obreros. La lucha por la clase obrera y por el socialismo es un combate sin tregua que se libra día a día, minuto por minuto, que requiere la entrega completa de nuestra vida, la consagración absoluta de nuestra existencia. Bienestar, comodidades, familia, tranquilidad del hogar, libertad y hasta la seguridad de la persona han de sacrificarse, no a titulo excepcional sino cotidianamente, en cada instante y cada minuto”.
Autor: Esther Legasa
Bruno Alonso González nació el 6 de octubre de 1887 en la localidad cántabra de Castillo Siete Villas (Arnuero), en una modesta familia campesina. Con tres años su familia se trasladó a Santander. Con 12 años inició su vida de proletariado, entrando de aprendiz de herrero, trabajando desde las seis de la mañana y hasta las seis y media de la tarde. (...) En 1911 se caso con Marina Elejalde, con la que tuvo seis hijos.
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Con la Proclamación de la II República (1931) ejerció durante varios días el gobierno de la provincia, hasta que fue designado el nuevo gobernador civil. Durante ese breve período de su gobernación no ejerció represalias contra sus antiguos enemigos, aunque llamando a los que habían sido hostiles a la clase obrera, les dio un plazo de 48 horas para admitir en sus puestos de trabajo a todos los represaliados.
En las Cortes Constituyentes
Su composición era muy heterogénea: obreros; intelectuales; representantes de la clase media, de la gran burguesía industrial y financiera, y de los grandes propietarios. Escribirá:
“Hoy somos diputados y no sentimos esa emoción vanidosa que va unida al triunfo. No poseemos la elocuencia de los grandes oradores, ni estamos dotados de esa capacidad de los intelectuales insignes que ostentan como bagaje espiritual sus títulos y meritos académicos; pero tenemos, en cambio, una vida que dentro de su pobreza, se mantiene y se mantendrá pura e inmaculada, la cual nos ha permitido conocer mejor las ansias y la existencia de los humildes.
Bruno A. ocupó su escaño asistiendo a todas las sesiones del nuevo Parlamento. Fue austero. En Madrid vivía en una modesta fonda cercana al Congreso. Anotaba en una libreta los gastos originados con cargo a su sueldo de diputado de 1.000 pesetas. El sobrante, cuando lo había, lo entregaba a los compañeros necesitados.
Cuando los fines de semana, o aprovechando las vacaciones del Congreso volvía a Santander, se encontraba que le aguardaba a la puerta de su casa una cola de obreros para exponerle sus problemas. Debido a la pequeñez de su vivienda, los recibía en la calle.
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Respecto a los sucesos de Casas Viejas, en donde la guardia de asalto, mandada por el capitán Rojas, asesinó a una docena de campesinos de Cádiz. Bruno Alonso marchó para allá, cuando ningún diputado de la provincia, ni ningún socialista, se dignó a visitar el pueblo.
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"Cuando hemos visto en Zaragoza a pobres criaturas desnudas y miserables, a las que cierta caridad ofende dando una limosna, en vez de despojarse del lujo, nos hemos indignado contra los hombres que así llevan el dolor a tantos niños pequeños. Se quiere sustituir un acto de justicia con el ofrecimiento mezquino de limosnas que no hacen otra cosa que humillar a los padres de esas criaturas que defienden sus derechos de clase. (El Cantábrico, 12-5-1934)
Candidato por el Frente Popular en las cruciales elecciones de febrero de 1936, fue el único socialista montañés elegido en esta ocasión.
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Tras estar hasta abril del 1939 en un campo de concentración de Túnez, y reunirse con su familia en Orán, donde permaneció tres años, se le concedió la entrada en México en 1942. Allí regresó a su trabajo manual, primero lavando platos en el mismo restaurante donde otros compañeros suyos de partido acudían a comer y después en un taller mecánico.
En junio de 1970 escribió a José Maria Cirarda, Obispo de la diócesis santanderina, felicitándole por la valentía de su protesta ante la persecución policial sufrida por los trabajadores en el otoño de 1968. Monseñor Cirarda.
Falleció en México en enero de 1977.
Selección de escritos en la prensa de Bruno Alonso en
www.partidosain.com / biografías
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Rodrigo del Pozo Fernández
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