Reconocimiento a nuestra Monarquía Parlamentaria
06.10.08 @ 09:30:00. Archivado en Colaboradores, Luis Yanguas
Cuando aquel lejano veinte de noviembre de 1975, el General Franco pasaba a mejor vida, las perspectivas de libertad del Pueblo español iniciaron un momento incierto y, a pesar de las directrices que dejó establecidas el General, nadie osaba aventurarse a conjeturar nuestro futuro político más inminente. Los españoles iniciamos entonces un periodo convulso de cambio y de estructuración de la democracia en el que debíamos participar todos a una, sin temores y con altas dosis de coraje. Los llamados “padres de la Constitución”, reunidos en el Parador Nacional de Gredos, consensuaron las líneas maestras de nuestra actual Carta Magna, aprobada después unánimemente por el Parlamento y votada por el 87% de los ciudadanos de España en nuestro referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978.
Dicha Constitución, arrolladoramente apoyada, establece en su artículo 1.3 que la forma política del Estado es la Monarquía Parlamentaria, separando los poderes legislativo, ejecutivo y judicial y nombrando al Rey Juan Carlos I Jefe del Estado y Jefe de las Fuerzas Armadas. Pasados ya treinta años desde aquel trance histórico en el que muchos no participamos porque ni siquiera habíamos nacido, los españoles debemos ser justos con nuestra historia reciente y reconocerle a la Corona como Institución y al Rey como Jefe del Estado, todos los privilegios y beneficios que han aportado a España como Patria común de todos los españoles. Si bien debemos reconocerle al Pueblo español el hecho de haber sabido protagonizar nuestra transición a la democracia de una manera admirable, no debemos dejar de reconocerle al Rey su enorme aportación en beneficio de la estabilidad constitucional y de las libertades individuales y colectivas de los españoles, pues si los españoles tuvimos que afrontar la tarea de reconciliarnos en una democracia en la que cupiéramos todos, el Rey dio claro ejemplo de inteligencia y de sensatez a la hora de restaurar la Monarquía en España al más puro estilo del liberalismo europeo, sin complejos ni ataduras.
Nuestra Monarquía Parlamentaria de hoy no solo encarna a la perfección los valores democráticos y constitucionales, sino que ha contribuido a situar a España en las más altas cotas de prestigio internacional, siendo nuestro Rey uno de los Jefes de Estado más respetados, reconocidos y condecorados internacionalmente.
La Corona, además, es la máxima garante de la unidad de España y nuestro Rey ejerce un papel “reinante pero no gobernante” que tiene una altísima dosis diplomática y que le lleva a haber recorrido, solamente en dos mil siete, más de treinta países y doscientos mil kilómetros de recorrido en aras de obtener todo tipo de beneficios políticos, económicos e institucionales para el Estado español. Y eso sin tener en cuenta la labor de la Reina, los Príncipes de Asturias y el resto de integrantes de la Real Familia, que es mucha y muy variada.
Nuestro Rey, que es hoy un Jefe de Estado moderno, avanzado, dinámico, adaptable y nada aferrado a una u otra ideología, nos dijo una vez que quería ser el Rey de todos los españoles, y sería un acto de grave irresponsabilidad el hecho de considerar a la Corona española actual una Institución inservible, rancia u obsoleta.
Algunos le achacan a la Corona el hecho de que no se implique demasiado en determinadas materias, otros se quejan de que nuestra Princesa de Asturias no es la más indicada para ejercer su papel. Hay quien, simplemente, tacha de inválida a la Monarquía por el hecho de ser hereditaria. Pues bien, creo no equivocarme si digo que el Rey y su Familia no solo se implican en todos y cada uno de los asuntos que afectan a los españoles, sino que también saben medir hasta qué punto deben implicarse con el objetivo de no pasarse pero tampoco quedarse cortos, lo cual es casi más importante. Por otra parte, doña Letizia ha venido a confirmar en suelo patrio esos vientos de cambio que desde hacía tiempo soplaban en Europa y que no hacían más que confirmar que para ser Princesa de Asturias actualmente no hace falta tener sangre Real. Lejos de ello, lo que realmente importa es tener una formación adecuada y aprender el oficio de forma que se nos pueda representar bien de la mano del Príncipe Felipe. Y creo no equivocarme si digo que, al menos hasta el momento, doña Letizia ha sido digna de admiración en lo que respecta a la nada fácil labor que le ha tocado vivir.
Quizás el factor menos justificable de cualquier Monarquía sea el hecho de que se trata de una institución dinástica y por tanto hereditaria, pero no olvidemos que ese hecho tiene su contrapunto en cuanto que precisamente por eso, nuestro Rey ha podido ser educado y preparado para desempeñar su papel desde el mismo momento en que nació. Y probablemente esto último compense lo anterior.
Comentarios:
Por cierto, si entrais en la red social Facebook, podréis encontrar muchos grupos, tanto españoles como extranjeros, que defienden nuestra noble institución monarquica.
Un saludo.
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