En el nombre del padre
17.11.06 @ 10:57:51. Archivado en Iñigo Gómez-Pineda
Así titulaba Antena 3 el reportaje sobre el clero vasco que ofreció ayer por la noche. Con una cámara oculta trasladaron al espectador la actitud que adopta parte de la Iglesia en vascongadas. Los párrocos que aparecieron en escena a lo largo del magnífico reportaje fueron sorprendiéndome cada vez más a medida que se desarrollaba el programa.
Un reportero junto con una viuda víctima de ETA, acudía a varias iglesias para que se dijera misa por su difunto marido. Pues bien, ninguno de esos párrocos quería decir el nombre y apellidos de su marido, y mucho menos que había sido víctima de los asesinos de ETA. Uno de ellos espetó la siguiente perla; "somos hombres políticos antes que curas". Ante sentencias como esta que provienen de quien se supone debería comprender el dolor de las víctimas mejor que nadie, uno no sabe que pensar.
Lo que vi ayer refleja una situación que aunque real, no deja de ser desconocida para la inmensa mayoría de españoles y entre ellos no pocos vascos. Esta realidad no es otra que la cercanía del clero vasco a las posiciones nacionalistas y por ende a el mirar para otro lado cuando de víctimas etarras se trata.Destacar por encima de todos los personajes que ayer figuraron, la del tristemente famoso Monseñor Setién. Sin pelos en la lengua utilizaba palabras como "españolistas", "Iglesia vasca e Iglesia española" y así varias expresiones propias de Otegui y sus secuaces.
La Iglesia no ha de estar politizada en ningún sentido, pero de lo que si estoy seguro es que tiene que estar apoyando a las víctimas, y en este caso solo hay unas. En el momento que se identifican dos bandos se está perdiendo perspectiva ya que eso no es real, aquí no hay ni guerra, ni bandos ni nada que se le parezca. Aquí hay asesinos y víctimas inocentes. Hasta que la sociedad no tome conciencia de que este es un problema de todos los españoles-colores políticos aparte-, y de que la única solución posible a esta situación es la derrota de ETA sin condiciones y con el cumplimiento íntegro de las penas que les corresponda a los asesinos, estaremos dando palos de ciego.
La cobardía que muestra la Conferencia Episcopal ante esta situación no es digna de la institución a la que representa. El apoyo incondicional a las víctimas del terrorismo por parte de la Iglesia-algo que se presupone-, no es para nada real y no tiene visos de serlo.
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