Nuestra sociedad civil
18.07.06 @ 07:33:43. Archivado en José A. Zarzalejos Buesa
Hace unos meses, cuando el debate político en España empezaba a alcanzar altas cotas de irresponsabilidad, D. Antonio Garrigues Walker denunciaba desde las páginas del diario ABC el silencio al que está condenada la sociedad civil en nuestro país desde hace varios años. “Tenemos, en efecto, una sociedad civil pobre. Está poco desarrollada y la que existe no está bien estructurada ni bien financiada, con lo cual su capacidad de acción y de influencia es verdaderamente escasa”. Urge pues reactivarla y fortalecerla. La contribución ciudadana al debate político y social no puede quedar reducida al voto en unas elecciones. Debe ser continua y demandante, constituyéndose en una referencia necesaria a la hora de hacer política en España.
El papel de los jóvenes en esta labor de fortalecimiento es crucial. Nosotros somos la generación de finales de los 70, principios de los 80, la que nació bajo el orden constitucional y la democracia, y la que debe exigir a nuestros gobernantes un mayor compromiso con el futuro de España, que es el nuestro. En la última década nuestro país viene registrando profundos cambios sociales y económicos que requieren una sociedad civil sólida, capaz de protagonizar y dirigir este proceso, ya que de lo contrario, corremos el riesgo de que lo que a priori y por definición es positivo para un país, termine siendo un elemento desestabilizador. La estructura jurídica y territorial de España, las políticas sociales relacionadas con la inmigración, la estrategia económica nacional o la educación son parcelas en las que deben abrirse espacios para la contribución ciudadana. El sistema está viciado cuando son las corrientes partitocráticas las que definen y perfilan en exclusiva las bases del desarrollo en nuestro país.
Esta movilización de la sociedad civil, tan necesaria para la defensa del sistema democrático frente a los radicalismos, debe también ser secundada por los medios de comunicación nacionales, cuya responsabilidad en el clima social de España es enorme. A ellos tenemos que demandarles también un compromiso con la verdad y la moderación. Confiemos pues en la capacidad de reacción de la sociedad civil española, pues es ella, somos nosotros, los llamados a tomar las riendas de este país en un futuro no tan lejano.
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