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Inmediatez y falta de juicio

07.02.18 | 11:02. Archivado en Opinion

El lenguaje del whatshap
Inmediatez y falta de juicio

¿Qué se puede asociar a la vertiginosidad de la actual comunicación exprés por medio de los móviles?. Nada bueno. Cierto que ya la mayoría de los dispositivos móviles son pequeños y hasta grandes equipos informáticos. Podemos realizar un sinfín de tareas: escribir, leer, tomar apuntes, calcular, escuchar música, componer, estudiar....podemos aprender de cocina, de bricolage y un sinfín de actividades relacionadas con el ocio, el entretenimiento y la diversión. Bienvenidas todas ellas. Nos centraremos en examinar el alcance del fenómeno de la comunicación exprés, esa verborrea que aparece antes en nuestros pulgares que en la cabeza. Los pulgares del whatshap son ágiles, raudos, se precipitan sobre la pantalla, se cruzan, se chocan, se saltan, apenas son perceptibles en los mas expertos ...quizá de aquí a cincuenta años la evolución de los pulgares whatsaperos sea tal que alcancemos las quinientas palabras por minuto, mucho más rápido que las más avezadas manos mecanógrafas de antaño. Los pulgares se estilizaran en grado sumo, como alfileres punzantes, como las pinzas de un cangrejo de río. Es más, de aquí a doscientos años, cada mano tendrá un pulgar doble y entonces alcanzaremos las mil palabras por minuto. Pero tampoco es este el problema que nos planteamos. Quizá en otra fase evolutiva, no necesitemos ni siquiera de los pulgares y sea la vista la que disocie con una rapidez inusual una serie de palabras, más o menos preconcebidas, y se lancen a la pantalla con gran velocidad, total de aquí a entonces no serán las palabras sino los conceptos los preconcebidos, y habrá más emoticonos que cobrarán vida propia y se asociarán al gusto y pensamiento de cada cual de manera que cubran con unos pocos cientos las posibilidades comunicativas universales.

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El problema ya no es la agilidad comunicativa sino el contenido. ¿Hasta donde podremos llegar con la evolución o involución del lenguaje whatshapero?
Nuestros estados de ánimo ya parecen estar bastante explícitos con las caritas de los emoticonos, esos estúpidos diablillos que acortan aún más el triste vocabulario de unos y otros. Que nadie se rasgue las vestiduras pero la simplificación de sentimientos, estados anímicos y hasta de pensamientos está cada vez más extendida gracias a las caritas del whatshap. Pronto las consultas de psicólogos y de psiquiatras se desarrollarán por medio de las caritas y a distancia:
-Como se encuentra?
-😡
-Hace mucho que le pasa?
-😳
-Bien, pues tiene que estar 😀porque si no 👎
-😀
-Son 150€
-🙃🙃🙃

Acaso podemos imaginarnos los escritos de Freud a base de emoticonos, o la elocuencia del sufrido Diego San Pedro en su Cárcel de Amor, o las delicadas transparencias del alma en los textos de Marcel Proust, o los sonetos satíricos de Quevedo, o los sublimes versos de Garcilaso.
Dicen que la poesía es la sintexis más exquisita del lenguaje, quizá los emoticonos hayan superado a la poesía. 🙃🙃🙃

Y sin necesidad de llegar a la extrema simplificación de los emoticonos, los textos del whatshap dan para elaborar una pequeña tesis del triste deambular del lenguaje. El problema surge con la inmediatez. La inmediatez por lo general es directamente proporcional a la estupidez. Sin reflexión, sin cavilación, lo primero que a uno le sale de la punta de los dedos gordos, sin mediación del cerebro, ese es el lenguaje del whatshap.
Cabalgan los "palabros" en todas direcciones: a la familia, al amigo que está de vacaciones, al vecino..., al compañero de trabajo, al jefe, al alumno....y un largo etc. Y si esto fuera poco, los grupos. Los grupos de whatshap ya son la diarrea verbal, la incontinencia expresiva, el vómito de la descomposición mental. La majadería que no digo yo se le ocurre al otro, el exabrupto, la gracia más recóndita o el guiño más previsible, sin embargo todos estamos ahí alguna vez alimentando la barriga de ese, al parecer, desnutrido u obeso grupo que nos arrastra.

¿Que supone la inmediatez?. Que vuelen los saludos, las risas, los chistes, las caritas, los deditos y las imágenes. Otro elemento a destacar, las imágenes. Tendrás en el whatshap mi cara, cuando me levanto, cuando bostezo, cuando te enseño los dientes o los agujeros de mi nariz, cuando me sueno los mocos, cuando me rasco la barriga o cuando te hago un guiño. El noventa y nueve por ciento de las imágenes del whatshap caen en el olvido a los cinco minutos de escupirse sobre las pantallas.
Si vamos de viaje, las maletas, los billetes, los tickets del Museo....hasta los gestos de azafatas y azafatos son cazados por la instantánea whatshapera. Al final cada móvil guarda varios miles de instantáneas tan fugaces como el bostezo de media tarde, tan efímeras como un pestañeo, Incluso llegamos a la peregrina idea de que lo que no se fotografía y no se comparte ni siquiera existe. Y un paso más allá en la estúpida pretensión de la instantánea lleva a algunos al abismo de un acantilado, a la profundidad de una gruta o a las aguas revueltas de un mar que lo engulle. Todo ello alimentado por otro concepto aún más estúpido si cabe, el selfie.
Siempre me gustaron las fotos sin bicho, creía que no hacía falta que delante de Notre Dame o de las pirámides de Egipto, o delante de la Giralda de Sevilla, figurara ni siquiera una silueta apenas perceptible de un familiar, un amigo, la novia, el novio, etc. Lo que hacen es emborronar la fotografía. Para qué, yo se que hemos estado allí y me basta. Sin llegar a estos extremos estoicistas, ahora es al revés, con el selfie lo primero que surge es el careto en primer plano de alguien, el protagonista de turno, la jeta incontrolada y risueña de un interfecto, lo demás es secundario. Hasta el extremo de convertirse en una amenaza para su integridad. Lo dio todo por sacar su rostro en la foto. Iba ataviado con un extraño artilugio llamado palo-selfie, que le salía medio metro del cuerpo, que le hacía caminar hacia atrás como un autómata poseído y cayó a un barranco donde nunca le encontraron. Algo falla en todo esto, aún no estamos preparados para convivir con una herramienta por un lado tan poderosa, tan extendida, tan ágil y de tan largo alcance y por otro lado tan proclive a lo banal y superficial.
Los grandes fotógrafos siempre han ido en busca de la instantánea ideal, aquella que despierta los sentidos, que aviva las llamas de la estética, que profundiza en un gesto cotidiano o que es representación de un universo singular. Las instantáneas del whatshap cierto que a veces son testigo y sustento de acontecimientos, revueltas y sucesos, que hay verdaderas obras maestras del video exprés. Los medios de comunicación se sirven de todo ello para documentar e ilustrar sus noticias. Cualquiera lleva en su bolsillo un móvil y por lo tanto una cámara de fotos y de vídeo. El poder de convocatoria y de difusión de los medios móviles es increíble, no cabe duda, pero también es testigo de un lenguaje burdo, banal, paleto, simplicista y pobre.
Que va a ocurrir con la capacidad narrativa, con la capacidad de síntesis, si todas nuestras vivencias se fotografían hasta la saciedad y se salpican de mil y un comentarios. Horror, quiero escapar de este presente tan rico que me persigue, que me apabulla, y sumergirme en las hojas de un libro, o abstraerme en los sonidos, texturas y matices de una sinfonía, de un teatro, de una película...o simplemente mirarte a la cara y no ver un emoticono.
Tendrán que pasar unos años para que el torrente de información y verborrea se vaya acomodando y aquilatando. Nos cansaremos de las palabras en cascada, de las caritas insustanciales, de las fotos y de los vídeos harto cotidianos, escaparemos de esa feria y mercado de lo trivial, lo mundano y lo zafio y volveremos a los conceptos de comunicación más profundos, más personales, más inequívocos, más artísticos. Quizá los libros, la música, el cine ...de nuevo nos vengan a salvar.


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