´Próximo Homenaje a Pablo Sorozábal Serrano
17.09.09 @ 09:49:44. Archivado en Noticias
EN RECUERDO A
PABLO
Un breve recorrido por
sus composiciones musicales
su obra poética
sus fotografías
CENTRO CULTURAL NICOLÁS SALMERÓN
c/ Mantuano, 51
Martes, 22 de septiembre de 2009
19:30 horas
Nuestro agradecimiento a todos los amigos que nos han ayudado en la preparación y han participado en este acto; al Excmo. Ayuntamiento de Madrid, al C.C. Nicolás Salmerón y a la SGAE, por su ayuda para llevar a cabo los estrenos musicales.
EN RECUERDO A PABLO
PALABRAS PARA PABLO
Isabel Escudero
EL HIMNO QUE FABRICAMOS JUNTOS.
Agustín García Calvo
Canta: Príncipe Galín de Galicia
SERIE DE FOTOGRAFÍAS
LA MAÑANA
(del poemario La calle es mentira)
Lectura: Antonio Rodríguez
TRÍO PARA VIOLÍN, CLARINETE Y VIOLONCELLO (1958)
Allegro moderato
Andante cantabile
Allegro con fuoco
Ana Uríbarri – violín
Pablo Sorozábal – clarinete
Nerea Sorozábal – violoncello
SOLAMENTE
(del poemario La calle es mentira)
Lectura: Antonio Rodríguez
SERIE DE FOTOGRAFÍAS
PIEZAS PARA PIANO (1952)
Pieza exótica
Nocturno
Pieza burlesca
Pilar Muñoz – piano
LA CALLE ES MENTIRA
(del poemario La calle es mentira)
Lectura: Antonio Rodríguez
SERIE DE FOTOGRAFÍAS
DÚO PARA CLARINETES. A TERESA.
Moderato
Andantino
Allegro moderato
Roberto Serrano – clarinete
Pablo Sorozábal – clarinete
CASI UNA OPERETA
(del poemario La calle es mentira)
Lectura: Stella Manaut
DÚO PARA CLARINETES
(adaptado para flauta soprano y violoncello)
Allegro moderato
Andante cantabile
Allegro con grazia
Flauta soprano ganassi: Irene Sorozábal
Violoncello: Nerea Sorozábal
SERIE DE FOTOGRAFÍAS
EPITAFIO
Lectura: Antonio Rodríguez
CANTOS DE AMOR AMARGO
poemas de Miguel Hernández
I - Eterna sombra
II- Muerto niño
Elena Montaña – soprano
Pablo Sorozábal – clarinete
Alejandro Moreno –revisión del manuscrito y dirección
Violines
Paulino Toribio, Ana Uríbarri, Raul Galindo, Eva López, Román González , Fernando Solar, Oscar Sainz, Mónica Lamela
Violas
Celia Hernández , Alicia García-Arroba, Claudia Do Mihn
Violoncellos
Nerea Sorozábal, Guillaume Biette
Contrabajo
Eduardo ………
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ETERNA SOMBRA
Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.
Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.
Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.
Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad de rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.
Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.
Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.
Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.
Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.
Soy una abierta ventana que escucha,
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.
MUERTO NIÑO
Muerto niño, muerto mío.
Nadie nos siente en la tierra
donde haces caliente el frío.
MIGUEL HERNÁNDEZ
(Últimos poemas, 1938-41)
EPITAFIO
Pablo Sorozábal
Mi entierro ha sido emocionante.
No han asistido las autoridades,
puesto que yo no tengo nombre
o, por decirlo con mayor precisión,
es mi nombre quién no tiene Yo.
El viento, sin embargo, hizo acto
de presencia y le voló el gorro
a una anciana que limpiaba la tumba
de al lado con un trapo triste.
Mis dos hijos derramaron algunas
lágrimas, y a su madre, años
ha allí, quizá no le agradó el reencuentro,
pues el caso es que siempre tuvo
muchísimas cosas que reprocharme:
mis mentiras y mis verdades,
mi inmadurez, mi ignorancia de eso que es,
dicen, la vida, mi pedante
manía de intentar cambiar el mundo
con palabras y melodías,
y lo que es infinitamente peor:
ni por asomo conseguirlo.
Mi último pensamiento, ¿sabes?
fue tu forma en el sofá de la sala,
la atroz justicia de tu falda,
la adolescente furia de tus medias,
inciertas como el relámpago,
rehenes del Gran Turco de mis ojos,
que no ofrece rescate alguno.
Pero también pensé en esos locales
que tu y yo a veces frecuentamos,
recién abiertos, fríos, desolados,
impromptus de mi inconfesa sed
de tocar tu bufanda, tus zapatos,
la lluvia que en tus cejas tiembla,
el viento que tu pelo desordena,
el vivo compás de tus pasos
por las aceras secas y mojadas,
los colores de tu silencio,
el hiriente relumbre de tu sombra,
la indemne tristeza de tu voz.
¡Oh fingida inocencia la de un café
con leche enfriándose, lento
sobre el mostrador de piedra pálida
mientras, herida, te escucho hablar
de tu pasión eterna por un nombre
que no es el mío aunque lo sea,
o del chico que canta muy bien tangos,
o el célebre escritor que admiras,
o el guapísimo violinista armenio!
¡Oh el espejo secreto de tus dedos,
finos y largos que sin querer
tejen mi tiempo y sin piedad me instruyen
en la ciencia exacta del horror
de saber que, si no estás, ya nada es,
nada nunca empieza ni acaba,
canalla ontología del vacío,
agónica cosmología
sin agua ni fuego, sin tierra ni aire,
huérfana de átomos y dioses,
pues que el ser, propiamente dicho,
sólo es la gracia intacta de tu talle,
la tiniebla de tu sonrisa,
la procaz castidad de tus rodillas,
los avatares de tu escote,
la burla o seriedad de tu palabra!
Ciencia cruel como ninguna,
jamás harta de ponerme en mi sitio,
aunque no impida los desmanes
que contigo en tu ausencia me permito.
Pero tu me comprendes, ¿verdad?
Y me perdonas. O acaso no. Mejor
así, quién sabe, tu eres docta
en el viejo arte de sobrevivir,
(es tu palabra predilecta)
mientras que a mi, que estoy ya desvivido,
solo sobremorir me queda.
¡Que rabia, sí, esto de haberme muerto,
ahora que andaba, como siempre,
alerta ante el impredecible y fugaz,
deslumbre de tu epifanía
maleva y diurna, que traviste el alba,
que trueca la mañana en noche,
la luz en ardiente sombra cerrada!
Pero báilame, amor, al menos,
un zapateado sobre mi tumba.
Pablo Sorozábal Serrano
Madrid, 16 diciembre 1934 — 6 septiembre 2007
HIJO DEL COMPOSITOR vasco Pablo Sorozábal Mariezkurrena y de la actriz y cantante barcelonesa Enriqueta Serrano, estudió violín y composición con su propio padre y con Francisco Escudero y piano con Manuel Carra. Fue, no obstante, de inclinación esencialmente autodidacta, tanto en música como en el estudio de la lengua y literatura alemana, inglesa y francesa, de las que llegó a ser un gran conocedor.
Compuso su primera obra, para piano, a los dieciocho años. Colaboró con su padre en “Las de Caín”, zarzuela con libreto de los hermanos Álvarez Quintero y en su catálogo encontramos obras de música vocal, entre las que destacan los ciclos de lieder “Cantos de amor y lucha”, “Cantos de amor y paz” y “Cantos de amor amargo”, música instrumental, de cámara, numerosas canciones y una ópera: “Tierra Roja”.
La practica totalidad de sus obras, lamentable e injustamente no fueron ni siquiera estrenadas, lo que le llenó de amargura y truncó la que podría haber sido una brillante carrera musical, en este sentido destacan las elogiosas notas que escribe Federico Sopeña a su único LP, hace ya mucho descatalogado, “Cantos de amor y lucha”, ( Zafiro ZL 113 1969).
En 1983 realizó la música del “Himno de la Comunidad de Madrid”, de cuya letra es autor Agustín García Calvo.
Compuso también la música para las obras de teatro “Ay Carmela” y “Kabaret para tiempos de crisis”.
Como traductor del alemán, inglés y francés destacan sus traducciones de Franz Kafka, del novelista y poeta alemán Theodor Fontane o de la célebre novela “Cabeza de turco” Günter Walraf, así como la traducción al castellano de varios volúmenes de la serie sobre compositores de la enciclopedia New Grove.
Con su libro de poemas “La calle es mentira” obtuvo en 1987 el Premio Ciudad de Irún. Su primera novela “Lloro por King Kong” ha sido editada por Tellus y su novela “La ultima palabra”, que recibió el Premio Pió Baroja 1986, fue editada por Anthropos y en élla se basó el guión de la película “Tierno verano de lujurias y azoteas”.
Colaboró estrechamente con diversas publicaciones, entre otras Cuadernos Hispanoamericanos, para la que escribió artículos y realizó traducciones.
Cultivó intensamente la fotografía, destacando a nivel profesional sus grandes series de retratos a literatos y músicos, como las realizadas a Amancio Prada, Chicho S. Ferlosio, Agustín García Calvo, Isabel Escudero, Carmen Martín Gaite, Alvaro Pombo y Juan E. Zúñiga.
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Paulino Toribio
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