Schubert, sonatas para violín y piano
13.05.08 @ 23:31:25. Archivado en Discografía
F. SCHUBERT: Sonatas para violín y piano Op.137 Nos.1,2,3 & Op.162.
Andrew Manze (violín) Richard Egarr (fortepiano). Harmonia Mundi 2007.
Por Roi Cibrán
Habida cuenta de la facilidad creadora de Franz Schubert (1797-1828), que propiciaría la conclusión de un extensísimo catálogo, asombroso si se tiene en cuenta su temprana muerte, no debe extrañarnos que parte de su obra permanezca ignota para el gran público. Es el caso de muchas de sus composiciones juveniles, raramente programadas en las salas de conciertos y grabadas en ocasiones excepcionales. Las tres sonatas Op. 137 y la Op.162 (D. 384, 385, 408 y 574 respectivamente), pertenecen precisamente a dicha categoría. Compuestas cuando el autor transitaba de los 19 a los 20 años, han sido relegadas, pese a su indudable valor, al ámbito docente, constituyéndose en material muy frecuentado por aquellos violinistas que cursan música de cámara. La denominación más extendida para estas piezas es la de sonatina, y con ella fueron publicadas por vez primera en 1836. Por su parte la Op. 162 vería su primera impresión en 1851 como Dúo para violín y piano. La propia terminología empleada nos remite a una cierta devaluación, probablemente al compararlas con las diez sonatas para la misma formación de Beethoven o a la escala empleada por Schubert en obras posteriores. Sin embargo el autor las concibió como sonatas, y su rango es perfectamente homologable a piezas similares contemporáneas.
En la época en que estas partituras vieron la luz su creador se encontraba bajo la influencia declarada de W.A. Mozart. Son los tiempos de la sinfonía nº5 o de los cuartetos para tocar en familia. Su huella es evidente en las cuatro sonatas, a la que se deben sumar aportes de Haydn, Salieri y, cómo no, del propio Beethoven. No obstante el joven Schubert va tejiendo con estos mimbres un lenguaje propio. El sabor de la sonata K 304 se nos manifiesta en el arranque en unísono de su D.384, los paralelismos con el salzburgués también son evidentes en cada Andante de su Op137, y la sombra del genio de Bonn asoma en el Scherzo de la sonata Op 162. Y a pesar de todo la marca de Schubert se va haciendo más y más evidente, aquí tenemos ya su facilidad para deleitarnos con deliciosas melodías de imaginación inagotable o su gusto por el colorido armónico trufado de llamativas modulaciones.
El dúo Manze (violín)- Egarr (fortepiano) cuenta con un apabullante currículo cimentado en el repertorio barroco y clasicista. Sus grabaciones de las sonatas de Bach, Haendel, Corelli, Pandolfi, Rebel, Biber, y Mozart más recientemente, son un referente ineludible en la actualidad, dentro la órbita interpretativa historicista, y han sido merecedoras de innumerables premios. Su apuesta por Schubert se sale de su medio habitual, justificable precisamente por el latido clasicista que anima estas sonatas. Y es precisamente en ello donde revelan sus virtudes, allí donde el juego cambiante de la articulación clarifica la intención y el fraseo. En todo caso no podemos dejar de señalar cierta limitación en aquellos momentos en los que la expresión parecería requerir de un aliento más amplio. Con todo, la presente grabación transmite una encantadora frescura que hace francamente recomendable su audición, además de poseer la innegable virtud de recuperar unas piezas hasta la fecha injustamente aparcadas.
Roi Cibrán
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