NOBEL-LITERATURA
Pinter firma un duro alegato político contra EEUU y recita a Neruda
Agencia EFE
Miércoles, 7 de diciembre 2005
El británico Harold Pinter convirtió hoy
el tradicional discurso del premiado con el Nobel de Literatura en
un duro alegato político contra Estados Unidos, lleno de ironía y
referencias históricas, y en el que recitó a Pablo Neruda.
Ausente por prescripción médica, debido al tratamiento contra un
cáncer al que está siendo sometido, Pinter recurrió, como estaba
previsto, a una grabación en vídeo, pero no por eso su voz sonó
menos contundente en la sede de la Real Academia Sueca, e hizo honor
a su conocida fama de escritor comprometido.
"Arte, verdad y política", como tituló su discurso, empezó
hablando sobre la verdad en el drama y la vida real: en el primer
caso, lo que importa es su búsqueda y da igual falso y verdadero,
irreal y real; en el otro, sí, y es preciso distinguirlos.
Pinter confesó que sus obras nacían de "una línea, una palabra,
una imagen" y que entendía el proceso de creación de personajes
literarios como "incierto, incluso alucinatorio, aunque a veces
pueda ser una avalancha imparable".
El considerado miembro destacado de la generación de Jóvenes
Airados británicos expresó también sus ideas sobre el teatro
político, que debe huir de sermones y miradas unidireccionales.
Tras un par de alusiones a dos de sus últimas obras, "Mountain
Language" (titulada en su versión en español "El lenguaje de la
montaña") y "Ashes to Ashes" ("Polvo eres"), Pinter introdujo una
reflexión sobre el lenguaje político y la mentira, a partir de la
que desarrolló el resto del discurso.
La mayoría de los políticos, según él, no están interesados en la
verdad, sino en el poder y en su mantenimiento, "para lo que es
esencial que la gente permanezca en la ignorancia", incluso sobre
sus vidas; "por eso lo que nos rodea es un vasto tapiz de mentiras
del que nos alimentamos".
Pinter negó por falsos los motivos que originaron la guerra de
Irak para luego hacer un repaso descarnado de la política exterior
estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, cuyos "crímenes", a
diferencia de las "atrocidades" de la URSS, no sólo no han sido
documentados, sino que "de ningún modo se les considera como tales".
Buena parte de este repaso histórico se centró en la "tragedia"
de Nicaragua en la época de la Revolución sandinista, que el
dramaturgo considera un caso significativo de la política de EEUU.
Aunque criticó la arrogancia y las contradicciones de los
sandinistas, Pinter defendió sus logros en la reforma agraria y la
gratuidad de la educación y la sanidad, y cómo su condición de
"ejemplo peligroso" justificó los esfuerzos estadounidenses.
Como muestra de "tapiz de mentiras", citó la acusación del ex
presidente Ronald Reagan a Nicaragua de ser una "mazmorra
totalitaria", cuando no había escuadrones de la muerte ni tortura, y
la contrapuso al asesinato en El Salvador de monseñor Oscar Romero a
manos de un grupo militar entrenado por Estados Unidos.
Pinter citó otros ejemplos de esa "política que se extendió por
todo el mundo", como el caso de Grecia, Uruguay o Chile.
"Nunca ocurrió, nada ocurrió, incluso cuando estaba pasando, no
estaba pasando, no importaba, no era de interés. Los crímenes de los
Estados Unidos han sido sistemáticos, constantes, despiadados, sin
remordimientos, pero muy pocos hablaron de ellos", lamentó el Nobel.
Harold Pinter se preguntó si realmente existían la sensibilidad
moral y la conciencia, a la vista de casos como el de los presuntos
terroristas detenidos en la base de Guantánamo o la invasión de
Irak, "un acto de terrorismo de Estado".
De Estados Unidos dijo también que "le importan un bledo" la ONU,
la legalidad internacional o las voces críticas, y que contaba con
un "corderito patético y sumiso" llamado Gran Bretaña, e invitó con
sorna a la Corte Penal Internacional (CPI) a procesar a Tony Blair,
ya que George Bush fue "más listo" al no reconocer la autoridad de
ese tribunal.
Entonces recitó unos versos de "Explico algunas cosas", de
Neruda, sobre la Guerra Civil española, porque "en la poesía
contemporánea no he leído otra descripción tan poderosa y visceral
del bombardeo de civiles".
Pinter incluso se ofreció para escribirle los discursos a Bush y
leyó uno preparado para él en el que se burlaba de una sociedad
"compasiva que proporciona electrocución compasiva e inyección letal
compasiva".
Pinter cerró su discurso con una llamada al deber ciudadano de
"definir la auténtica verdad de nuestras vidas y nuestras
sociedades", "una obligación crucial que nos concierne a todos".
Si esto no entra a formar parte de nuestra visión política, "no
habrá esperanza de restaurar lo que casi hemos perdido, la dignidad
del hombre".