Cine espiritual para todos

Sully, Las inocentes y Hasta el último hombre a la cabeza del mejor cine espiritual

29.12.16 | 23:45. Archivado en Selecciones

Ha sido un año con muchas películas inspiradas por la fe però con bastantes de ellas faltas de calidad narrativa, elocuencia estética y profundidad espiritual. Sin embargo, podemos recoger como cosecha un ramillete de títulos necesarios que conviene revisitar.
10. “Poveda” de Pablo Moreno
Comenzamos esta lista con un homenaje, en esta última plaza, al cine pequeño que hace cosas interesantes. En la pantalla la historia de un santo del convulso comienzo de siglo XX en España. Un cura pedagogo, pastor y anticipado a su tiempo, que comprendió la gran herida de una época donde la incultura abrió el abismo de las batallas. Un visionario creyente del papel de la mujer en el giro imprescindible de la violencia al cuidado. Tras la cámara un realizador que acostumbrado a la austeridad hace de la necesidad virtud y mueve los hilos de un tapiz sencillo pero donde la mirada reposa. Ante las cámaras un grupo de actores que creen en el proyecto de un montaje, más bien televisivo, al que las televisiones no quieren apoyar. Un brindis por este trabajo honesto, en sus limitaciones, que merece más oportunidades.

9. “Falling” de Ana Rodríguez Rosell
La directora de “Buscando a Eimish” (2012) filma desde la conciencia. Esto no quiere decir que sean películas concienzudas en el detalle técnico o en el guion. “Falling” es una historia de un amor perdido, olvidado, malcurado. Él llamado -como el Jesucristo de Narnia- Aslan, con un Birol Ünel que traspira autenticidad, ella llamada Alma, con una Emma Suarez grande, que está a la altura de la almodovariana Julieta. El culpable de la ruptura viene de nuevo a provocar al amor enterrado en Alma. Cuando todo parece una operación de reconquista, los clichés de lo esperado en telenovelas saltan por los aires. Nada es ni sencillo, ni tan predecible. ¿Puede salvarse el amor? O mejor ¿puede salvar el amor? Mientras, en el duelo interpretativo, cuando los dos protagonistas, en su mano a mano, cara a cara, no pueden mirarse el uno al otro, levantan imperceptiblemente los ojos al cielo.

8. “Spotlight” de Thomas McCarthy
Película importante y dolorosa que se estrenó con el año y que cosechó los Oscar a mejor película y guion original. La historia sobre el equipo de investigación del diario Boston Globe nos presenta su indagación sobre los abusos a menores por parte de sacerdotes en una de las diócesis más importantes de EEUU. Narrada como una descripción objetiva, muestra los pasos que va haciendo el grupo de periodistas para desvelar el silencio de las víctimas y los mecanismos de encubrimiento de la iglesia católica y de la sociedad en general. "No hay nada oculto que no haya de descubrirse, ni nada secreto que no se tenga que conocer" (Lc 8,17). La verdad siempre tiene una función curativa tanto para las víctimas como para las instituciones religiosas y para toda la sociedad. Corruptio optimi pessima, la corrupción del mejor engendra lo peor. La responsabilidad de los que tienen que velar sobre los débiles cuando encubren sus abusos exige la conversión y la reparación. En este sentido, Spotlight es un buen mensajero.

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"Silencio" de Scorsese, una obra maestra del cine espiritual

23.12.16 | 19:16. Archivado en Crítica audiovisual


Probablemente junto con “El árbol de la vida” de Terrence Malick nos encontremos con una de las películas de más densidad teológica en perspectiva cristiana. Lo que la coloca al lado de obras maestras de la altura de Dreyer, Bresson o Tarkovski.
El apropiado “silencio” antes de su estreno ha generado una expectativa en crítica y público que no defrauda. Para los más alejados de la fe resultará una película extraña, inquietante y con probabilidad incómodamente confesante. A los creyentes que esperan una película de vida de santos misioneros y mártires les resultará decepcionante por ambigua y falta de luz cegadora, de una conversión tumbativa. Pero al que quiera pensar y creer, quizás le sumerja en un silencio habitado.
Scorsese es un cristiano anómalo, en cierta forma un cristiano oculto. Por este motivo cuando el arzobispo Paul Moore, tras comentar y defender su película “La última tentación de Cristo” (1988), le regaló la novela de Endô, le estaba y nos estaba haciendo un gran servicio. El proyecto de hacer una película de “Silencio” ha acompañado al director de “Malas calles” (1973), “Taxi Driver” (1976), “Toro salvaje” (1980), Casino (1995), “Gangs of New York” (2002), “La invención de Hugo” (2011) y “El lobo de Wall Street” (2013) durante casi 30 años. Ha sido un tiempo tanto de controversias legales como de maduración estética y espiritual.
“Silencio” dura dos horas y cuarenta minutos. Se trata de una peregrinación espiritual que sigue fielmente a la novela. El director está mucho más preocupado por transmitir la experiencia espiritual que por crear una atmósfera afectiva para la narración fílmica, lo que exige al espectador adentrarse entre las nieblas y barros en el drama humano al que Dios asiste aparentemente silencioso.
Scorsese es un director de dramas con personajes torturados que andan buscando la luz. El Jesucristo de “La última tentación" no era una excepción. El Charlie de “Malas calles”, el boxeador Lake LaMotta de “Toro salvaje”, la peripecia de la joven viuda en “Alicia ya no vive aquí” (1974), o el prometedor abogado Newland Archer de “La edad de la inocencia” (1993) siguen el modelo de seres torturados, inadaptados entre el cielo y la tierra. Tras esta tensión trágica, en Scorsese late, tanto como en los autores que adapta, una búsqueda espiritual que se hace temática no solo en su filmación del libro del cristiano ordodoxo- heterodoxo Nikos Kazantzakis, sino también en “Kundun” (1997) desde el budismo y de nuevo con el P. Rodrigo, todo un arquetipo del cristianismo trágico unamuniano.
La factura fílmica es excepcional. La representación del Japón medieval con sus brumas entre la noche y fe, el barro de la pobreza de una sociedad injusta y violenta, el oscuro mar que amenaza como el poder despótico. Lo fétido no se huele pero se siente. La secuencia magistral de la tortura y muerte de los campesinos cristianos, crucificados en la orilla del mar que les ahoga y asesina, es de una contención estética que permite erizar la piel.

La actuación del aparentemente superficial Spiderman-Andrew Garfield en el papel del padre jesuita protagonista resulta más que una sorpresa agradable. Como ya ha demostrado en “Hasta el último hombre” (2016) de Mel Gilson se trata de un actor que tiene algo de los modelos bressonianos, un rostro capaz de mostrar un misterio. Issei Ogata en el papel del gobernador militar Inoue, escondido bajo la apariencia de un viejo samurái resulta de una gran potencia dramática a la altura de los personajes inolvidables de Akira Korosawa, viejo amigo de Scorsese. El director italonorteamericano apareció haciendo de Vincent Van Gogh en “Los sueños de Akira Korosawa” (1990). La presencia-ausencia del personaje del padre Ferreira, contenido y enigmático Liam Neeson en su aportación, resulta un factor agregador de sentido. Yôsuke Kubozuka en el papel del infiel y fiel Kichijiro cumple con creces su papel de espejo del protagonista. Mientras que el padre Garpe interpretado por Adam Driver supone un contrapunto para el seguro liderazgo de P. Rodrigo.
El drama interno del protagonista supone una transfiguración. El punto de partida es la generosa disposición del misionero que viene a evangelizar y cambiar el mundo bajo la bandera de Jesucristo. El primer giro vendrá ante el reconocimiento de la fe sencilla y valiente martirio de los pobres campesinos japoneses, los cristianos ocultos y verdaderos. El segundo giro de tuerca vendrá tras el denso y casi cómplice silencio de Dios, un Dios que calla ante el sufrimiento de los inocentes. La rosca apretará a fondo en la comprobación de la debilidad, cuando la confianza en sí mismo salta por los aires ante el miedo a la tortura en sí y en los otros, los pequeños hermanos. Y justo allí en medio del más radical silencio se oirá una palabra…
No es una casualidad que en un tiempo de densificación del dolor de los pobres, de fuerte secularización silenciosa de dioses, de renovada persecución fundamentalista de los distintos la actualidad de “Silencio” nos resulte inquietante. Scorsese se ha sabido aupar en la potencia de la obra de Endô para realizar una meditación espiritual sobre el rostro de Dios presente en Jesucristo. Desde este rostro se verifica toda mediación humana que antes que salvar necesita ser salvada. La apostasía en un paso para la purificación de la fe, la duda es una puerta para la confianza, el sufrimiento un crisol innecesario pero sobrevenido que hace descansar el pie en la definitiva roca firme.
Como creador el director añade en su obra algo más que un artesano de adaptaciones. El final de Scorsese, en su sutileza, será más rotundo y occidental, que el final de la novela de Endô. Que solo sea por este final añadido, vale la pena el camino. El infiel jesuita y su fiel sirviente Kichijiro se unen por fin. La última vuelta en un minúsculo símbolo dejado por una mujer.

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Hasta el último hombre. Pacifismo salvaje

08.12.16 | 19:45. Archivado en Crítica cinematográfica

Esta película puede herir la sensibilidad del espectador y éste es el riesgo de llegar hasta el extremo. Mel Gibson sigue siendo un narrador eficaz y extremoso, lo demostró en “Braveheart” (1995), en “La Pasión de Cristo” (2004) y en “Apocalypto” (2006). Su compromiso con el mensaje cristiano es radical, rotundo, omnipresente. Sabe buscar al público y al espectador no le deja indiferente ni cómodo. Más bien le pega un puñetazo en el estómago y le muestra épicamente lo valioso.
Hacksaw Ridge cuenta la historia de Desmond Doss, impresionantes los registros de Andrew Garfield, un objetor de conciencia por motivos religiosos que va a la II Guerra Mundial como ayudante sanitario. La historia es un díptico de preparación y culminación. El prólogo nos muestra a la familia del protagonista, un padre borracho y herido mentalmente por la I Guerra Mundial, convincente Hugo Weaving, y una madre sufridora (Rachel Griffiths). Allí en la violencia del maltrato forja sus convicciones pacifistas y como una luz aparece la bella enfermera que interpreta Rachel Griffiths. Doss emerge como un personaje contradictorio duro e ingenuo, fuerte y alegre, especial y tenaz. Comenzada la guerra se alista y en el campamento de entrenamiento conoce a sus compañeros guiados por el sargento Howel, sugerente Vince Vaughn. Hasta aquí todo tranquilo, bien narrado y señalando la fuerte convicción cristiana, adventista, del presunto héroe. La biblia será su bandera.
Con la segunda parte hay que resistir al vómito. La acción nos lleva a la brutal batalla Okinawa. 250.000 muertos entre las tropas del Pacífico de EEUU, los soldados japoneses y sus habitantes. En pleno frente para tomar la colina de Hacksaw, se encuentra Doss y su compañía. Allí los vemos ser despedazados, desventrados, mutilados, desfigurados. Sangre y fuego. Alaridos y espasmos. Rabia y dolor. Violencia hasta la médula, literal, y hasta los intestinos, literal. Y el bueno de Doss recogiendo uno a uno a los heridos, cuando todos se retiran, el pretendido cobarde muestra su valor trascendente. Recoge incluso a los enemigos. Lo fuerte es que se trata de una historia real. Una batalla inútil, la guerra terminaba unos días después con el bombardeo atómico de Hirosima y Nagasaki.

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The Vessel: la sombra de Malick es alargada

08.12.16 | 17:58. Archivado en Crítica cinematográfica


The Vessel es claramente una obra de la escuela de Malick. Uno de sus discípulos, Julio Quintana, compone este film-parábola sobre la intensidad de la desolación y el sacrificio de la esperanza. Con las mismas consideraciones formales cuenta con la belleza de los planos que se convierten en símbolos, la intensidad de la tragedia, el dialogo tenue contrapunteado con la voz en off y la intensidad de la banda sonora.
Tras diez años de la tragedia de un maremoto una aldea portorriqueña sigue en la tristeza de la devastación. Tras la muerte de 46 niños de la pequeña escuela, las mujeres se niegan a quitarse el luto y a tener hijos. Resistiendo el temporal el sacerdote local, impresionante Martin Sheen incluso en su castellano, intenta, tan repetida como fracasadamente, aportar un poco de luz, desde una iglesia a la que ahora ya no entra nadie.

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La pasión de Agustine (Léa Pool): una monja que lo revoluciona todo

02.12.16 | 15:41. Archivado en Acerca del autor


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