(PD).- La pregunta, tal vez intrascendente para cualquiera que no sea astronauta, de si al- gún día será posible cultivar verduras frescas en la Luna se responde actualmente en los laboratorios de la Paragon Space Development Corporation, empresa estadounidense especializada en el desarrollo de tecnología espacial --sobre todo para la NASA-- que se prepara para poner a prueba uno de sus proyectos más interesantes: la agricultura lunar.
La agencia espacial estadounidense ha dicho que tratará de volver a la superficie del satélite hacia el 2020, y le gustaría que para entonces los astronautas pudieran comer comida fresca. Sería un cambio: están acostumbrados a hacer cosas como inyectar agua caliente en un pollo deshidratado antes de cenar.
Pero ¿interesa realmente solo a los astronautas? Tal vez a corto plazo. Pero una empresa que piensa a una década vista, y que califica de inminente algo que va a suceder en el 2012 --el examen clave del proyecto--, no está pensando solamente en que los astronautas coman bien. "Colonizar la Luna o Marte puede parecer algo lejano, pero la investigación hay que empezarla ya", afirma Jane Poynter, presidenta de Paragon.
Son empresas, científicos y directivos que están pensando en cómo hacer más amable la vida de los futuros colonos espaciales.
14 DÍAS
El inminente y capital momento se producirá con la instalación del primer invernadero a 300.000 kilómetros de la Tierra. No es más alto que una botella de refresco (de dos litros), pero aun así es un invernadero.
Miniatura. Se trata de un recipiente en forma de tubo, abombado en la parte superior e incrustado en un trípode de aluminio. Otra empresa, Odyssey Moon, se encargará de transportarlo y dejarlo en la superficie lunar en el 2012, y entonces los técnicos de Paragon estarán pendientes para ver si las semillas de col que llevará en su interior germinan, y si la planta se desarrolla hasta el punto de producir algo comestible.
Y aquí el porqué de la col: sencillamente, porque germina y florece en 14 días, lo cual la hace perfecta para el experimento.
Al diminuto invernadero y a toda la parafernalia que lo rodea le han puesto un nombre tan sugerente como preciso: el Oasis Lunar. Su pariente más cercano es el proyecto que desde hace cinco años tiene lugar en el polo Sur, también un intento de hacer agricultura en condiciones extremas.
Técnicos de la Universidad de Arizona han puesto allí en funcionamiento un invernadero que permite que el personal que trabaja en las bases científicas y militares de la Antártida disponga semanalmente de lechugas, fresas, tomates y pimientos frescos. Todo ello en condiciones que, según uno de los responsables, son "una buena analogía" de las que reinan en la Luna.
De modo que si algún día hay que emigrar, si llega el fin y hay que dejar el planeta, al menos el tema de las lechugas estará resuelto.
Domingo, 27 de mayo
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal