Una apuesta por los "bioindicadores"
10.04.08 @ 02:57:59. Archivado en Con palabras

Ciertos seres vivos son especialmente sensibles a posibles alteraciones del medio ambiente: las libélulas permiten conocer el estado de las aguas, las abejas pueden detectar la contaminación atmosférica urbana y mediante corales y pingüinos se puede conocer el alcance del cambio climático. Ciertos científicos apuestan por estos “bioindicadores” frente a equipos costosos de medición y análisis. Y es que en la naturaleza se encuentra solución a casi todo.
Cuando se produce una variación en las condiciones del entorno, algunos seres vivos responden cambiando sus funciones vitales o su composición química o genética, algunos incluso acumulan el agente contaminante.
Gracias a las modificaciones mencionadas anteriormente determinados seres vivos se pueden convertir en unos excelentes indicadores biológicos a la hora de evaluar la calidad ambiental del suelo, el aire o el agua. Tres son sus principales características: útiles, fiables y económicos.
Ejemplos de bioindicadores
Muchos pescadores tienen muy presentes a los mirlos acuáticos, las libélulas, las nutrias o las ranas comunes, puesto que este tipo de animales necesitan aguas muy limpias para encontrarse a gusto. Si aparece algún tipo de elemento contaminante, que puede pasar desapercibido por los humanos, estos seres huyen del lugar.
Por otro lado, el proyecto europeo “Eurobionet” pretende evaluar la calidad del aire usando plantas como la Nicotiana Tabacum, una variedad del tabaco que sirve para detectar daños por ozono troposférico (un contaminante secundario producido por otros contaminantes procedentes de coches o industrias, que no se debe confundir con el estratosférico que protege la Tierra de las radiaciones solares).
Los insectos también son buenos indicadores del deterioro ambiental. Científicos del Centro Iberoamericano de la Biodiversidad de la Universidad de Alicante (CIBIO) han utilizado insectos de la familia de los tenebriónidos (tipo de escarabajo), adaptados a medios secos y áridos, para determinar las zonas de la provincia de Alicante que sufren un mayor peligro de desertificación.
El Ayuntamiento de Córdoba y la empresa Apoidea, dedicada a la utilización de estaciones de monitoreo con abejas, como bioindicadores ambientales de referencia, trabajan en un proyecto de evaluación de la contaminación urbana. A las patas de estos insectos se adhieren las partículas del aire, lo que permite conocer la concentración de metales pesados, pesticidas o radiactividad en las áreas por donde se mueven.
Gracias al programa de seguimiento de la reserva marina de las Islas Columbretes (Castellón) se ha descubierto que la Cladocora caespitosa, un tipo de coral, ha visto elevada su tasa de mortalidad, debido al aumento de la temperatura del agua. Los investigadores encargados de este programa reconocen que no puede afirmarse rotundamente que sea consecuencia del cambio climático, pero también señalan que este coral es un buen bioindicador de dicho fenómeno.
Como veis la propia naturaleza nos brinda la posibilidad de conocer las alteraciones que sufre nuestro entorno por medio de la sensibilidad de ciertos seres vivos. Esta puede ser una herramienta para los investigadores mucho mejor que cualquier máquina o dispositivo. Os repito sus principales características: útiles, fiables y económicos, a lo que he de añadir naturales. Además en muchas ocasiones muestran alteraciones que nosotros, los humanos, no podemos percibir.
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Nancy Casal
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