21.06.08 @ 06:58:11. Archivado en Palabras y cosas

Siempre he sentido una trascendencia del derredor, una vida propia de la escenografía de primer plano. Algo inmediato, la visualización geométrica en función del tiempo vivido. Vivencial, no puramente mental.
Por eso entonces la geografía inmediata, la topología de lo cotidiano y práctico. Constituye una fuente inagotable de detalles narrativos: las cosas, los niveles, los agregados, la perspectiva, la movilidad... sobre todo, la gravedad asentada, esas decenas de objetos en sutiles balances, formando figuras, compuestos y composiciones, trivialidades, fondos, caminos, atmósferas (yo antes creía que la atmósfera estaba en el aire y ahora entiendo que se asienta mejor en los muebles, en el piso e incluso en la parte del techo que no vemos).
La “geografía del tiempo” se basa en el movimiento, en la observación del moverse e incluso en la quietud pensando romperla.
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02.01.08 @ 05:47:24. Archivado en Palabras y cosas
La filosofía es un río inagotable que nace y muere con cada individuo. Ella misma podría pasarse la vida autopensándose, interrogándose "ella misma". Nada tan útil y tan inútil, según se le mire. Se acerca a la Razón y olvida el corazón, su verdadero padre.
Buscando lo universal, queda presa en el yo del pensador o del discípulo o del lector, que es una forma de refugiarse en aquello que pretende trascender.
Y "lo trascendente", su más cruda obsesión, quiere salirse de los signos e ir a la realidad, pero descubre que sólo puede expresar la realidad con signos.
Cuando la filosofía alcanza la plenitud personal termina la historia personal. Entonces lo “trascendente” viene a ser el asomo de las palabras en la otra historia, la que se escribe en plural.
Este tránsito, tan súbito, apenas permite construir el andamiaje, no la obra, porque el desideratum del autor siempre es una posibilidad no expresada, o no expresable. Su camino es continua e inevitablemente improvisado e incompleto.
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28.09.07 @ 07:15:33. Archivado en Palabras y cosas
Ya sé en lo que pensó al leer el título: en el terrible cáncer, que es una multiplicación descontrolada de células y tejidos… pero no, nos referimos a otra enfermedad y epidemia, la de los teléfonos móviles celulares. Para algunas personas es lo más natural del mundo pero para otras, como el autor, son fuente de terror sicológico.
No soy amigo del teléfono, en ninguna de sus presentaciones. Me parece un instrumento intrusivo y agrego inconveniente, que presagia preocupaciones o "correderas". No sé porqué pero así me ocurre. Obviamente reconozco su valor, pero la apreciación racional no se corresponde con la emocional: simplemente lo detesto.
El teléfono fijo tiene la ventaja (otros lo ven como desventaja) de su limitada movilidad. Pero el móvil celular, Dios mío, va con nosotros como un perro faldero o, peor, una sanguijuela, algo que adherimos a nuestro cuerpo. Particularmente lo llevo en mi cinturón, como un arma del viejo oeste y no puedo eludir su tintinar o reverberar o vibrar.
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07.08.07 @ 00:17:06. Archivado en Palabras y cosas
Desde los autores del imaginario mesopotámico hasta “El sueño boca arriba” de Cortázar, pasando por Cervantes y Sor Juana Inés de la Cruz, los espejismos del dormir han tenido impacto en las religiones, las costumbres y en el arte. Sea “sueño profundo” o el llamado “sueño lúcido”, los espectáculos de entrecráneo han provisto imágenes, personajes y situaciones a innumerables líderes, místicos y artistas.
Los antiguos egipcios escribieron catálogos de sueños que inspiraron la vida diaria y la relación con los dioses. Ahogarse en el Nilo, que el rostro se transformara en Leopardo o comer pan blanco presagiaban tragedias. Un papiro del siglo XIII aEC menciona más de 100 tipologías (acciones como hacer cerveza, tallar piedra, tejer y, sobre todo, que aparecieran tales o cuales cosas). Por ejemplo, ver a un difunto significaba larga vida.
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14.07.07 @ 09:11:15. Archivado en Palabras y cosas
Buena parte de la narrativa y acaso la mitología se basa en sueños, en relatos sobre la experiencia al dormir o sueños disfrazados de historia. El milenario Lao Tzé dice que el mito y el sueño son como el dragón: más allá de la comprensión, pero juntos.
Hay poemas y relatos completos que, excepto dos o tres pinceladas, fueron agitados espectáculos de entrecráneo. Hay conceptos e inventos surgidos desde la fase REM del dormir, cuando el cuerpo descansa pero la mente se desata.
La epopeya de Gilgamesh, de 4.000 años de antigüedad, contiene innumerables sueños en los que el guerrero y su Némesis-transformado-en-amigo, Enkidu, tratan de intuir la voluntad de los dioses. En una de esas alucinaciones teogónicas éste vio “una espantosa criatura con cara de león y alas y garras de águila” que lo atenazaba y se lo llevaba volando.
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15.06.07 @ 21:39:38. Archivado en Palabras y cosas
Mejor nos vamos de paseo.
Sí, porque la vida constituye nuestro ámbito de existencia y, sin embargo, no podemos definirla. Describirla sí, pero matematizarla… poco. Está en todas partes pero se escapa, se escurre entre las páginas del diccionario.
¿Movimiento? Hay formas de vida inmóviles, atrapadas en frías criptas de hielo o piedra. ¿Conciencia? Cómo saberlo, pero se sospecha que muy poco conocimiento de sí mismas tendrán estas esporas y bacterias. ¿Autorregulación? Bueno, conocemos máquinas que responden a estímulos y se ajustan a ciertos rangos de valores.
¿Reproducción? Hay animales, vivos, que no se reproducen (como las mulas o las hormigas obreras) y en una discusión más amplia, ocurren en el universo astrofísico procesos generativos y cíclicos que “procrean” nubes de polvo y luego estrellas y otra vez polvo y de nuevo soles… ¿Voluntad? Quizá, pero como en una Prueba de Turing, a lo mejor un sistema automático llegará a imitarla muy bien, al punto de confundirnos.
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01.02.07 @ 14:06:14. Archivado en Palabras y cosas
Reporta la revista Discover que en 2006 hubo importantes hallazgos sobre un tipo muy particular de células: las llamadas “neuronas-espejo”, cuya función es desencadenar acciones (una especie de memoria “caché” cerebral) como dibujar un triángulo o abrir ampliamente la boca. Pero la naturaleza nos juega un truco: las neuronas pueden activarse cuando vemos a otras personas realizar tales acciones.
El bostezo es un clásico. Hay decenas de experimentos en los que se reta al participante a aguantar las ganas de imitar al otro bostezante, sin éxito. Es una reacción tan primitiva, tan elemental, que la repetimos sin darnos cuenta. Allí parecen estar las neuronas-espejos desatando acciones por reflejo, como una programación que puede engañarse.
Otro rasgo importante es que, como en la vida social, las “espejo” reaccionan también a sonidos.
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18.01.07 @ 06:18:50. Archivado en Palabras y cosas
El autor confiesa que esta serie sobre islas desiertas es excusa para hablar de una novela de aventuras que lo conmocionó de niño: La isla misteriosa de Julio Verne, escrita en 1874. Quizá la primera novela que leyó, hacia los 10 años. Es una muestra magistral de las islas desiertas que no están desiertas.
A juicio de algunos años de admiración, usa la metáfora insular para anunciar las virtudes de la ingeniería en tanto organización científica del entorno físico. Esta profesión podría ser la más exitosa de todos los tiempos, y en todo caso, indispensable en nuestra época de ciencia aplicada.
Para escribir La isla… Verne dice haberse manchado la ropa de sustancias reactivas de tanto observar y experimentar fenómenos químicos, por lo cual la declaró una “novela química”. Y, en efecto, hay muchas proezas en la disciplina de los átomos y sus estados.
La obra también camina sobre la tradición de R. Crusoe: una reconstrucción de la historia en el curso de una vida o de una estadía en la isla. Permea (o denuncia) cierto colonialismo, por aquello de que los náufragos se autodenominan “colonos”. Pero el afán científico supera lo político en la obra de Verne.
La novela parece un reality show de supervivencia, una competencia (en este caso grupal) contra el ambiente salvaje, que siempre tiene las de ganar. Y, de hecho, en la isla verniana se hubiera impuesto sin la ocurrencia de eventos, justamente, misteriosos.
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05.01.07 @ 08:10:24. Archivado en Palabras y cosas
A LMM
En una entrada anterior hablamos de la “sincronicidad”, la coincidencia de eventos significativos sin aparente explicación. Ahondemos sin hundirnos demasiado.
En principio, hay sucesos que parecen confirmar la sincronicidad. Varios péndulos puestos a oscilar, más temprano que tarde coincidirán en sus ritmos, aunque difieran en tamaños y radios. Los aplausos en una sala, con el suficiente tiempo, son un simultáneo chocar de palmas; las aves parecieran coordinar el batir de sus alas; las luciérnagas sincronizan, acaso sin saberlo, sus encendidas, como un aviso de neón silvestre.
Hay en las series y arreglos sociales determinismos que pueden describirse o preverse, pero carentes de causas precisas. Carl Jung (quien acuñó el término) se refería a la sincronicidad como “un principio de conexión no-causal”.
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01.01.07 @ 02:25:35. Archivado en Palabras y cosas
El autor de este blog les desea a sus lectores, a los lectores y hacedores de Periodista Digital, a los compañeros blogueros y a todo aquél que pase por aquí casualmente, que 2007 sea un año venturoso y lleno de éxitos. A pesar de todo, mantengamos la esperanza.
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23.12.06 @ 07:13:11. Archivado en Palabras y cosas
La metáfora de la “isla desierta” me ha resultado de gran utilidad. Utilidad no utilitaria, claro. Consiste en separar un acontecimiento social de su entorno y estudiarlo en condiciones aisladas, genéricas, ideales. Es una reducción al absurdo para observar la conducta humana con un mínimo de civilización, es decir, ir a lo esencial y aprender de los fenómenos sin tanta interferencia moderna.
Con la isla desierta se ha soñado develar los más complejos acertijos antropológicos, como la conducta sexual, el liderazgo, la agresividad, la sanidad mental, etc. Tierra soñada, paraíso, lienzo de ficciones. Ha sido excusa para listas, listados y listines.
No “desierta” por árida sino por deshabitada. La ausencia de otros produce una experiencia humana en estado puro. La película El Naúfrado (2000) de R. Zemeckis lo muestra: el abandonado tiene que reconstruir la civilización desde el fuego y luego crear una contraparte: el balón de voleibol, el otro o la otra.
Por eso no hay tantas novelas o cuentos sobre soledades demasiado largas. La pobreza de recursos tampoco ayuda (a menos que estudiemos la reacción ante la pobreza de recursos), por lo cual la isla suele ser muy frondosa y noble. Sana, con abundancia de lo necesario, sin mosquitos.
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23.08.06 @ 21:20:58. Archivado en Palabras y cosas
Hay en la historia del pensamiento occidental o, porqué no, mundial, ilustrativas dicotomías y dualismos sobre esquinas opuestas de una misma controversia. En filosofía, por ejemplo, la discusión ontológica suele converger en una confrontación entre Heráclito y Parménides (movimiento vs estaticidad) y, en el terreno metafísico, a una entre Platón y Aristóteles (idealismo vs empirismo). Son poderosas herramientas intelectuales, pero también levantan un intento de “definitivismo” que no existe.
René Descartes y Sir Francis Bacon (aunque otros colocan a John Locke) son extremos famosos de la dualidad innatismo-experiencia, que Emmanuel Kant sintetizó en su monumental obra. Pero a Kant, sin opuesto aparente, se le adscribe a Platón. Y su opuesto sería Aristóteles, padre del cientificismo.
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