En entradas anteriores hemos revisado ejemplos del rigor que ponen ciertos personajes de ficción al advertirle a un eventual viajero en el tiempo sobre los riesgos de intervenir en el pasado. “No toques nada” (Abraham Simpson) o el regaño del profesor de “Volver al Futuro” al confiado adolescente. Palabras más o menos, le dice que cualquier cambio sustancial en una cadena de sucesos los altera irremisiblemente, de modo que ya no serán lo que eran en el futuro.
Si uno viaja al pasado como testigo, algo como la máquina del tiempo de Wells antes de detenerse o la regresión a la semilla de Alejo Carpentier, no hay problema porque nada se modifica. Igual ocurre en los viajes a las navidades pasada de Dickens.
Pero cuando ocurre la “paradoja de los abuelos”, es decir, la intervención del viajero en su nuevo presente, la historia se altera y se crea un universo paralelo. Uno que nunca interactuará con el punto de partida del viajero.
Jueves, 16 de febrero
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal
Jordi Jaumà Bru