Ciberneticón

Año-luz hasta cierto punto

07.05.08 | 05:29. Archivado en Espacio-tiempo y energía

"Una chispa contiene todo el infierno"
William Blake

A veces para entender magnitudes gigantescas hay que ponerlas a escala, compararlas con algo que entendamos rápidamente. Muchas figuras culturales son miniaturizaciones, símiles de cosas demasiado grandes o pequeñas para manejarlas por experiencia directa. La creación del mundo en siete días de la Biblia; las figuras de las constelaciones; las fases de la vida como primavera u otoño.

Para ilustrar, recurramos al venerable año-luz. Hay una región circundante más lejana que el degradado Plutón, la Nube de Oort, donde se forman los cometas. ¿Cuán lejos está? Pues a nueve billones de kilómetros del Sol. ¿No puede visualizar tal distancia? Qué tal 9,4 x 10 a la 12 kilómetros. ¿Tampoco? ¿Y 0,2 “pársecs”? ¿O un petametro? Nada, tales distancias poco nos dicen.

Las ondas de luz son lo más rápido que se conoce: alcanzan casi 300 mil kilómetros en un segundo. Es decir, poco menos que de la Tierra a la Luna. Como la luz recorre distancias en un tiempo determinado, decir un “año-luz” se hace comprensible: si en un segundo la luz casi alcanza la Luna ¿cuánto recorre en un año? Quizá ni haga falta contestar esa pregunta (aunque para los curiosos, es justamente nueve millones de millones de kilómetros, la distancia del Sol a la Nube de Oort), al saber lo que recorre en lo poco, ya nos imaginamos cuán lejos llega en lo "mucho" de 365 días.

Saliendo del Sol un rayo de luz atraviesa Oort durante una traslación solar de la Tierra. Mientras vamos de enero a diciembre, uno se recuerda de vez en cuando que la luz sigue su camino, como un haz que sobrepasa Marte, Júpiter, Neptuno, transita un espacio abismal de relativo vacío y, cuando celebramos el fin de año, arriba por fin a la Nube.

Pero eso es un paso al lado de salir de casa (el sistema solar) hacia el vecindario (la Vía Láctea). 4,2 veces la distancia Sol-Nube de Oort lo llevaría a la primera estrella en el camino: Proxima Centauro. Y así sucesivamente gastaría 30 mil años-luz en alcanzar el centro de la galaxia; 100 mil de punta a punta de la Vía Láctea.

Eso estimula muchos juegos de simulación: por ejemplo, el que un planeta en el centro de la Vía Láctea recibiría en este momento la información de los primeros humanos modernos, no de usted y de mí en esta contemporaneidad.

36 millones de años-luz agotaría un Aquiles lumínico para alcanzar un grupo gigantesco de galaxias llamado el Cúmulo de Virgo. Y si sigue sin impactar materia, llega al horizonte cosmológico de unos 15 millardos de años-luz, en los confines del universo observable.

En estos puntos tan extremos, el año-luz pierde por completo su carácter esclarecedor. Qué importa un mapa preciso, aunque sea del tamaño de una valla, si lo vemos desde un globo aerostático en la estratósfera.

(Imagen: representación artística de la Nube de Oort. Haga clic en la imagen para ampliarla).

NOTA: Una lectora llamada Paulette ha promovido, con el epígrafe de esta nota, una interrogante en Yahoo! Respuestas. Revíse aquí. Gracias.


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