La Edad de la (Sin) Razón
09.02.08 @ 03:37:39. Archivado en Del devenir
Los últimos 20 años podría llamarse la Era de la Incertidumbre. Nunca el hombre había tenido tantos conocimientos e instrumentos, pero tampoco una cantidad tan vasta de preguntas sin respuestas.
Tras la caída del Muro de Berlín a finales de los 1980s se pensó que "un Nuevo Orden Mundial" inauguraría este nuevo milenio. De hecho, se destacó en particular una obra de 1992, titulado “El fin de la historia” de Francis Fukuyama, según el cual el mundo libre regiría, la democracia sembraría unidad política, sin guerras, fundada en un ciberespacio de liberadora tecnología, todo bajo la mirada atenta de una sola superpotencia: los Estados Unidos.
Habría bloques, por supuesto, pero el libre mercado sobrepasaría el proteccionismo. La ONU, entonces, asumiría una especie de reinado mundial, una Confederación de países al estilo de Isaac Asimov…
Uff, George Bush padre, cómo te equivocaste (y recientemente el hijo también, pero en otras cosas) al anunciar ese “Nuevo Orden”. Unos pocos años hicieron polvo tales “megatendencias” al punto que, incluso, los expertos terminaron por sustituirlas por microtendencias (más manejables).
El fin de la Guerra Fría sólo dio paso a un desorden que puso en jaque a todos los organismos multilaterales: la ONU, la OTAN y ni qué decir de la entonces joven Organización Mundial de Comercio. La democracia se ha impuesto pero igual ha hecho poca diferencia en los países pobres, que son la mayoría. El libre comercio es torpedeado por pobres y ricos y nadie anticipó la irrupción de China.
Nada detuvo por años el genocidio en Bosnia, luego vino Irak 1, el eterno conflicto en Palestina, Etiopía, Sudán, Haití, Chechenia... En vez de paz, para principios de los 90 había (según la World Watch) 34 conflictos armados en el mundo. Con Europa unificada, China, India, la recuperada Rusia, el radicalismo islámico y el resurgimiento de algunos movimientos jurásicos revolucionarios, el mundo se dirige hacia una multipolaridad más caótica que coherente.
Los años 90 y el principio de siglo agregaron más caos: el cambio climático, el 11S, los atentados en Europa, Irak 2, la gripe aviar y pare usted de contar.
Este repaso histórico se los ofrezco porque recuerdo que hubo certezas cuasi religiosas (como aquellas que pronosticaron erróneamente el fin del mundo) de una causalidad histórica específica, de una inevitabilidad.
La incertidumbre, de principio
¿Y entonces? ¿Qué podemos aprender de esto? Quizá una convicción que ha asaltado la mente de filósofos, físicos y literatos: que el mundo y la realidad son esencialmente impredecibles e inciertos. Que ningún conjunto de datos o técnica para procesarlos podrá decirnos con seguridad qué ocurrirá.
Esto deja en problemas a los gerentes, cuyo trabajo no sólo consiste en llevar un efectivo registro del pasado, sino en ejercitar técnicas de predicción que permitan anticiparse a los cambios.
Tomemos las computadoras, que parecen ser aparatos relativamente predecibles desde su desarrollo electrónico en los 1940s. Hay ejemplos legendarios de hombres de empresa o medios que pasaron de iluminados a ridículos con perlas como: “Las computadoras del futuro pesarán no más de 1,5 toneladas” (Revista Mecánica Popular, 1949) o “No hay razón para que alguien tenga una computadora en su casa” (K. Olsen, presidente de Digital Equipment Corp, 1977).
Incluso Bill Gates mismo, celebrado visionario, dijo en 1981 que "640 Kb [de memoria RAM] debe ser suficiente para cualquiera” cuando actualmente 2 Megabytes (4.000 veces más) todavía no parece suficiente para el Windows Vista.
Ciertamente se debate sobre cuál es el principal ingrediente del éxito: la planificación cuidadosa o la intuición, ello es, lo que llamamos comúnmente "el olfato". Para esto no hay respuestas concluyentes, aunque hay consenso en aceptar que ambos procesos son necesarios y no debe imponerse uno sobre otro. Hay que usar cada uno en el momento necesario.
La intuición puede parecer impulsiva y arbitraria, pero a veces es la fuente misma de la acertividad. Einstein, por ejemplo, no desarrolló su teoría de la relatividad como producto de fatigosas ecuaciones, sino que tuvo la intuición del mundo visto desde un rayo de luz y de allí desarrolló las matemáticas necesarias.
Seguiremos revisando este tema en futuras entradas.
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(Imagen: Composición de FNN).
Comentarios:
Mientras que el camino para llegar a un "interior/exterior" (un yo /un nosotros) más armónico...está del lado que llamas intuición, olfato.... vinculado al afecto y lo emotivo....(tan poco rentable en nuestros días).
Saludo afectuoso,
Lana
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Fernando Núñez Noda
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