Picante lucidez
02.01.08 @ 05:47:24. Archivado en Palabras y cosas
La filosofía es un río inagotable que nace y muere con cada individuo. Ella misma podría pasarse la vida autopensándose, interrogándose "ella misma". Nada tan útil y tan inútil, según se le mire. Se acerca a la Razón y olvida el corazón, su verdadero padre.
Buscando lo universal, queda presa en el yo del pensador o del discípulo o del lector, que es una forma de refugiarse en aquello que pretende trascender.
Y "lo trascendente", su más cruda obsesión, quiere salirse de los signos e ir a la realidad, pero descubre que sólo puede expresar la realidad con signos.
Cuando la filosofía alcanza la plenitud personal termina la historia personal. Entonces lo “trascendente” viene a ser el asomo de las palabras en la otra historia, la que se escribe en plural.
Este tránsito, tan súbito, apenas permite construir el andamiaje, no la obra, porque el desideratum del autor siempre es una posibilidad no expresada, o no expresable. Su camino es continua e inevitablemente improvisado e incompleto.
Es verdad que la historia aporta un sustento de orden, y cada vez en mayor medida, pero ese fundamento se deshace ante preguntas tan elementales como porqué morir o porqué no durar más.
Antes de la filosofía está el filosofar. Acto individual o ético, que es decir lo mismo. Estos trabajos individuales se suman a un concierto filosófico ensamblado con palabras y luego reexpresado en distintas artes y actitudes.
El concierto es el eco pasado de una furia: no tener tiempo para decir lo más importante. Y un agradecimiento: perseguir el último momento diciéndolo sin embargo.
La filosofía, si se consulta y coteja toda, no puede sacarnos de la propia angustia que produce. Cuando halla la "lucidez" genera una comezón muy parecida al desasosiego. Cuando aprehende la "cosa en sí", apresa el mismo "fenómeno" de siempre... trastocado un poco por el recuerdo y la invención, sí, pero al final tan "intrascendente" como aquél que ignora con desinterés el mediocre.
La filosofía ha quedado atrapada entre dos selvas. La de la ciencia, por un lado, cuyo lenguaje es matemático y la de la ética, por otro, que impone las leyes del individuo frente al conocimiento. Es ninguno de tanto ser ambos. Lo de siempre, pero nuevo.
La filosofía, según el principio del verbo antes que el sustantivo, termina emparentada con la narrativa, con la historia y monólogos de un autor que estilizó su autobiografía intelectual y emocional, que la descompuso en ideas y señales que son tanto él como el mundo.
Por tanto, cuando a través de los pensamientos, teorías o lucubraciones de un autor, presiento el fantasma de una ontología; cuando miro a la primera pareja morder la fruta del conocimiento; cuando escucho a Fausto decir: "No te quiero Mefistófeles, pero acepto tu trato"; cuando detrás de todo se quiere colmar lo incolmable, me digo: "Este es un filósofo, bienaventurado y condenado, el ignorante más docto, el lúcido más angustiado".
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(Imagen: "La Condición Humana" de René Magritte, 1935).
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"Nada" y luego de unos segundos:
"Todo".
Esa sería mi respuesta a tu pregunta, M. Track.
Me asombra hoy ver como la filosofía y la física se imbrican en posturas como las de Bohm, por ejemplo.
Tal vez sean la filosofía y el filosofar...las únicas esperanzas que le quedan a la humanidad....
Que tengas un buen año...
Lana
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Fernando Núñez Noda
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