Como padre has tratado de inculcar a tus hijos la virtud del hedonismo, la convicción de que el placer no es “malo” ni “sucio”. Sin excesos, claro, como corresponde a alguien esencialmente conservador, pero nunca ausente de un buen portafolio personal sibarístico para enfrentar un mundo difícil. Una vez captaste la oportunidad de medir, aunque fuese subjetivamente, el grado de hedonismo de tus hijos: Luis Emilio, de 13 años y Marcella, de 15. Pasabas un fin de semana en la casa de playa, en el porche que se abre al Caribe impetuoso, cruzado el cielo por alcatraces y una brisa implacable que empujaba a Luis Emilio al suave respaldo de una silla de extensión y a Marcella plácidamente contra una hamaca. Te acercaste con tu esposa para preguntarles que querían comer, si se les ocurría algo.
El celebrado autor Nicolás Negroponte (Ser digital, 1996) hace una diferenciación entre el mundo digital y "el mundo atómico", llamado también "análogo" o "analógico".
La prensa viene en papel y la radio en ondas sonoras, por ejemplo, pero en la interfaz web ambas son bytes, de modo que pueden coexistir. Incluso el intervalo entre el hecho fisico-social y su salida a un medio analógico es digital. ¿Cómo? Bueno, visite un periódico o una emisora de radio actual. La cámara es metálica pero capta información en bits. El micrófono recoge ondas sonoras pero llegan como bytes a un disco duro. Luego se editan con software y se transmiten por Internet o por antenas.
Los bits son los grandes intermediarios informacionales. Un puente digital entre un mundo físico-social atómico y personas atómicas que reciben estímulos analógicos.
La tendencia actual es digitalizar toda la información: el sonido, los textos, las fotos, el video, incluso algunos estímulos tactíles, como la vibración... La digitalización ha invadido también las telecomunicaciones, de modo que la telefonía y la televisión están migrando de las ondas hertzianas a los minúsculos bits. Skype, Youtube, radio IP.
Hay una “realidad” física y social en los árboles, en nuestro cuerpo, en la plaza de apurados transeúntes. “Física” porque incluye fotones, espacio-tiempo, el oxígeno que respiramos, tierra, sonidos, acero, gravedad.
“Social” ya que tiene (o no) sentido por acuerdo entre grupos, familias, gremios, ciudades, uniones aduaneras, etc. En el ámbito más amplio, la “realidad social” está contenida en la información que percibimos, decodificamos y por la que actuamos.
Sobre una montaña se coloca la palabra “montaña” e infinidad de adjetivos posibles: alta, verde, nublada. Cada concepto, cada signo es propiedad y potestad de los grupos, sólo funciona si se comparte y se dispone de un margen común de significación.
La información es el contenido informativo que se percibe y asimila. “Comunicación” es el proceso de traslado de esos mensajes de persona en persona.
La filosofía es un río inagotable que nace y muere con cada individuo. Ella misma podría pasarse la vida autopensándose, interrogándose "ella misma". Nada tan útil y tan inútil, según se le mire. Se acerca a la Razón y olvida el corazón, su verdadero padre.
Buscando lo universal, queda presa en el yo del pensador o del discípulo o del lector, que es una forma de refugiarse en aquello que pretende trascender.
Y "lo trascendente", su más cruda obsesión, quiere salirse de los signos e ir a la realidad, pero descubre que sólo puede expresar la realidad con signos.
Cuando la filosofía alcanza la plenitud personal termina la historia personal. Entonces lo “trascendente” viene a ser el asomo de las palabras en la otra historia, la que se escribe en plural.
Este tránsito, tan súbito, apenas permite construir el andamiaje, no la obra, porque el desideratum del autor siempre es una posibilidad no expresada, o no expresable. Su camino es continua e inevitablemente improvisado e incompleto.
Domingo, 27 de mayo
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal