Un día de marzo abrí el navegador en mi computadora. La página predeterminada estaba ausente. No había dirección URL y el cursor titilaba al inicio. Sentí –no sé porqué- una brisa fría y recóndita.
Al tope de la página un título, escrito en minúscula letra gris, casi imperceptible: “solotexto.holos”. Abajo el buscador. Constaba de un campo textual y un botón sin inscripción alguna. En el centro del extremo inferior, en letras grises, los signos “+”, subrayado, cual hipervínculo y “β”.
Después del URL ausente, me sorprendió el nombre: “solotexto.holos”. No anticipaba su intención o significado. Hice clic en “+” y me llevó a un abecedario. Entré al azar por la letra C... apareció una columna de millares de palabras y frases en hipertexto hacia abajo. A un clic se desplegaba el artículo, y todos los términos estaban activados, por separado, a respectivos clics de un tratamiento exclusivo e intensivo.
Mejor nos vamos de paseo.
Sí, porque la vida constituye nuestro ámbito de existencia y, sin embargo, no podemos definirla. Describirla sí, pero matematizarla… poco. Está en todas partes pero se escapa, se escurre entre las páginas del diccionario.
¿Movimiento? Hay formas de vida inmóviles, atrapadas en frías criptas de hielo o piedra. ¿Conciencia? Cómo saberlo, pero se sospecha que muy poco conocimiento de sí mismas tendrán estas esporas y bacterias. ¿Autorregulación? Bueno, conocemos máquinas que responden a estímulos y se ajustan a ciertos rangos de valores.
¿Reproducción? Hay animales, vivos, que no se reproducen (como las mulas o las hormigas obreras) y en una discusión más amplia, ocurren en el universo astrofísico procesos generativos y cíclicos que “procrean” nubes de polvo y luego estrellas y otra vez polvo y de nuevo soles… ¿Voluntad? Quizá, pero como en una Prueba de Turing, a lo mejor un sistema automático llegará a imitarla muy bien, al punto de confundirnos.
Domingo, 27 de mayo
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal