El autor confiesa que esta serie sobre islas desiertas es excusa para hablar de una novela de aventuras que lo conmocionó de niño: La isla misteriosa de Julio Verne, escrita en 1874. Quizá la primera novela que leyó, hacia los 10 años. Es una muestra magistral de las islas desiertas que no están desiertas.
A juicio de algunos años de admiración, usa la metáfora insular para anunciar las virtudes de la ingeniería en tanto organización científica del entorno físico. Esta profesión podría ser la más exitosa de todos los tiempos, y en todo caso, indispensable en nuestra época de ciencia aplicada.
Para escribir La isla… Verne dice haberse manchado la ropa de sustancias reactivas de tanto observar y experimentar fenómenos químicos, por lo cual la declaró una “novela química”. Y, en efecto, hay muchas proezas en la disciplina de los átomos y sus estados.
La obra también camina sobre la tradición de R. Crusoe: una reconstrucción de la historia en el curso de una vida o de una estadía en la isla. Permea (o denuncia) cierto colonialismo, por aquello de que los náufragos se autodenominan “colonos”. Pero el afán científico supera lo político en la obra de Verne.
La novela parece un reality show de supervivencia, una competencia (en este caso grupal) contra el ambiente salvaje, que siempre tiene las de ganar. Y, de hecho, en la isla verniana se hubiera impuesto sin la ocurrencia de eventos, justamente, misteriosos.
Colonos o náufragos
Unos escapados en globo son desviados por feroces vientos a un punto muy lejano del Pacífico sur. Es un grupo heterogéneo, todos hombres y un perro: un periodista, un marinero y su hijo adoptivo adolescente, un esclavo liberado y, sobre todo, un brillante ingeniero del ejército bajo A. Lincoln.
El globo fue la única forma de salir de una prisión confederada durante la Guerra de Secesión en EE.UU. Trepan espectacularmente el vehículo y parten sin saberlo hacia una megatormenta que los eleva y transporta en pocos días hacia tierras (mejor dicho, mares) y trozos de océano poco explorados, “caen”, en el sentido de que se desploman, en el agua y luchan por alcanzar un islote y luego la Isla. La isla desierta.
Llegan, originalmente, sin el ingeniero. Ciro Smith (y el perro Top) fue arrancado de la cesta y se le cree muerto. Los colegas náufragos se las han visto negras para comer y desenvolverse. Consumen a duras penas moluscos y peces crudos porque los elude el fuego: se mojaron y deshicieron las cerillas. No saben dónde están. Les cuesta horrores abrirse paso en la jungla boscosa.
Pero Smith aparece por obra de una especie de milagro y no recuerda cómo pudo sortear un mar enfurecido y escarpadas costas de piedra. Ciro es el ingeniero con visión prospectiva, algo de sabio, algo de pragmático, tiene ese equilibrio entre la teoría científica y la fenomenología de las cosas utilitarias. La ingeniería es una física aplicada, aunque para Verne se ajustaba más a una “química” aplicada.
¿Fuego? Ciro toma las lentes de dos relojes de bolsillo, vierte agua y sella con barro mezclado. Esa lupa hace arder la yesca en minutos, al inicio tensos. Calcula la posición geográfica por las estrellas y la trigonometría. Para los curiosos, las coordenadas de esta isla fantástica son: 34°57′S 150°30′O, a unos 2.500 km al este de Nueva Zelanda.
¿Un lugar donde vivir? Con la ayuda decidida del resto de los “colonos”, Smith fabrica nitroglicerina y libera un agujero gigante en la pared de granito frente al mar. Procesan papel, controlan el curso de ríos, enfrentan piratas. El ingeniero (y el espíritu ingenieril del grupo) recorren la Edad de Piedra (trampas, fuego); la Edad Media y la Moderna, a medida que controlan mejor el entorno. O creen ellos porque el adjetivo “misteriosa” no es arbitrario en el título.
Misterios
Ocurren eventos muy extraños: un animal que hubiera matado a Top en una laguna deja de moverse súbitamente y flota, muerto, por alguna acción repentina y fulminante; una tortuga gigante volteada por los náufragos parece haber sido devuelta al mar. Una muy útil caja de herramientas y armas aparece “de la nada” en la playa arenosa. Piratas que se han escondido en la Isla ven su barco explotar como por torpedos que no existían en 1874. Perdidos en el mar, en un bote construido para escapar, retornan a la Isla gracias a la luz que encendió alguien… pero ninguno del grupo.
Y sin embargo esas extrañezas son nimias al lado de lo que sigue: una aparición que nos electriza, por lo inesperada. Este personaje es la ingeniería con toda la disponibilidad posible, mientras que Ciro y sus amigos son la ingeniería mínima, la reconstrucción civilizatoria con instrumentos teóricos, no materiales.
Uno muchas veces se pregunta qué pasaría si volviéramos a nacer o a ser niños, pero con la mentalidad actual, con lo que sabemos. Me parece que ésa es la pregunta verniana de La isla… ¿qué pasa si llegamos a la isla desierta con lo que sabemos ahora (sea 1874 o 2007), hasta dónde llegamos en el camino civilizatorio? ¿Cada día que pasa se hace más largo o más corto ese camino?
Verne presenta un personaje-sorpresa al final, quien contesta parcialmente algunas preguntas. No contaré más. En este sentido, la isla desierta o semi-desierta cumple la función de escenario para la recreación de la historia, para la comprobación eficiente de la ciencia y otras maravillas de la modernidad que estalló en el último cuarto del siglo XIX.
Ah, y otra cosa que comentaremos más adelante: la figura del “tutor oculto” y otros casos de islas desiertas que no están desiertas.
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Continuación asunto barco, tripulación para ir en busca de posible islote. Se precisa patrocinadores, pero no marcas comerciales, estas últimas totalmente descartadas. Publicidad no.
Arriba de la página dice: "Temas sin utilidad práctica",probablemente tengan razón. Sin embargo ahí va mi idea/intención: busco barco y tripulación para ir en busca de posible islote en Oceáno Pacífico. ¿Existe tal islote?, no lo sé, tengo simples y lejanas referencias. no aseguro nada. ¿Vale la pena el viaje?, para mi sí, los demás han de decidir. Barco que busco: ni idea, nunca he navegado. Tripulación: ni idea, que no sea mucha sólo la necesaria, profesionales y gente bien avenida a la que le guste la aventura y lleve por delante que nada se promete. Interesados dejar comentarios.
Sigue explorando islas desiertas y descubrirás (como lo protagonistas de la novela) que no lo son tanto. Buscar islas desiertas, y tratar de entender lo que ellas significan, puede ser una manera de espantar la soledad. Si no, pregúntenle a Robinson, o al náufrago de una reciente película, que entendieron la importancia de tener compañía.
Fernando otra isla...”La isla desconocida”...”Hombre, ya no hay islas desconocidas, quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, están todas en los mapas, En los mapas, están solo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida...”
Saramago.
Un genio de la anticipación pero también hijo de su tiempo Verne escribió esta obra en el último cuarto del siglo XIX, iniciándose la segunda etapa de la revolución industrial en Europa;ya en camino de superación de la cuestión obrera,el “progreso” del “hombre civilizado”,a través de la aplicación científica redundaría en un mejor nivel de vida para la humanidad la que acabaría imponiéndose al medio y a las otras especies...pero el Hombre jugando a ser dios comete el pecado de hibris y Moira (en este caso la naturaleza) al final le “pasa la cuenta”.
En eso tampoco se equivocó Don Julio (tsunamis de por medio).
Domingo, 19 de febrero
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal
Jordi Jaumà Bru| Febrero 2012 | ||||||
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