Ciberneticón

VIAJE EN EL TIEMPO: más rápido que la luz

12.11.06 | 08:22. Archivado en Espacio-tiempo y energía
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¡Ah las ecuaciones! A veces no dan lo que uno espera y obligan a replantearlo todo. Según la física casi toda partícula conocida tiene una antipartícula. La del electrón es el positrón; la del neutrino es el antineutrino, etc.

La teoría cuántica de campos dice que la gravedad tiene una hipotética partícula de intercambio, llamada “gravitón”. Es “hipotética” porque no ha sido observada ni medida, todavía. Bien, ese supuesto gravitón tiene una antipartícula, llamada “taquión”, una pelotita de energía con masa negativa. Lo curioso de este extraño objeto es que aumenta su velocidad a medida que pierde energía, hasta llegar a viajar ¡más rápido que la luz! No lo dicen las mediciones, pero sí las ecuaciones.

Su velocidad puede llegar a ser "infinita". Especulan los científicos que si los taquiones (de existir) se mezclaran con la materia ordinaria, el principio de causalidad se vulneraría y algunos fenómenos podrían estar precedidos por sus consecuencias y viceversa. Los físicos lo dejan hasta allí, pero los creadores extienden estas posibilidades hasta pisar el césped del absurdo.

Contactos en la ficción

Un ejemplo clásico es la carrera contra las ondas electromagnéticas. Hay un libro del astrónomo Carl Sagan titulado “Contacto” (luego hecha película con Jodie Foster) en el cual la primera señal de extraterrestres (capturada por el programa SETI) es un discurso televisado de Adolfo Hitler.

Los anonadados científicos encuentran el mensaje real embebido en esas ondas audiovisuales, las primeras en ser transmitidas por antena y, por tanto, propagadas hacia el espacio exterior. Obviamente los supuestos alienígenos captaron esas señales e inmediatamente contestaron, empaquetando su mensaje con la diatriba del maniático nacionalsocialista.

Pero quedémonos con la transmisión televisiva. Imaginen un suceso en la Tierra (un juego de fútbol, por ejemplo) transmitido en vivo vía satélite. Las ondas del evento se desplazan a la velocidad de la luz y dan fe del suceso una vez que alcancen un aparato o un ser capaz de percibir y procesar tal señal.

Termina el juego y el equipo B le gana sorpresivamente al A. Si pudiésemos viajar sobre taquiones, en teoría pasaríamos las ondas como si fuesen tortugas y llegaríamos primero al destino, digamos, un planeta a cientos de años luz en la Vía Láctea. Al llegar allá iríamos muy rápido (bueno, más expeditos que la luz) a las taquillas de apuestas y le apostaríamos todo al equipo B. Entonces, en un tiempo que puede durar minutos o meses (de acuerdo con la distancia) llegarían las ondas con las imágenes y sonidos del partido, que ganará B y pagará 1.000 a 1.

Veamos el caso opuesto. Si una estrella cercana a ese sistema estallara, la luz de ese evento saldría disparada a la Tierra obviamente a 300 mil km/seg aproximadamente. Si volamos a nuestro planeta a velocidad-taquión llegaríamos antes de que se percibiera el evento, podríamos predecirlo y hacernos famosos. Una mina de oro para los apostadores y los falsos profetas…

No obstante, el taquión es acaso la forma menos probable de los viajes a mayor velocidad de la luz. Seguiremos (en próximas entradas) en esta exploración de cómo ir más rápido y más lejos en nuestro desafío al sentido común…

(Imagen: composición de FNN).


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