Ya este Curso para Sofistas se aproxima a su final. En la entrada pasada continuaron las argumentaciones sobre los puntos aparentemente contradictorios del texto. A continuación presentamos los cuatro alegatos finales de la Defensa, a ver si el poeta es exonerado de culpa por el Tribunal de las Máquinas.
5) “Rectas curvadas”. En su teoría general de la relatividad, Einstein presenta un universo cuyo “peso” deforma el espacio-tiempo en múltiples dimensiones físicas. Las características de esta polidimensionalidad y el comportamiento de la energía en su ámbito son sumamente difíciles de exponer y sobre todo para mí, un cronista metido en los laberintos de la argumentación cientificista.
El tipo de geometría utilizado en este universo no es euclidiana, es decir, no la abarca la geometría cartesiana tridimensional. El universo einsteneano es un universo curvo y, tal como lo expresa el maestro bigotón, es “finito pero sin límites”.
Cualquier punto del universo astronómico está en el “centro” de su propia observación y todo lo demás parece expandirse, moverse, doblarse. Podría decirse que el universo es infinito a partir de cada observador, aunque la masa total del cosmos conocido no lo sea.
Si trazamos una recta desde un punto A, la línea podría incluso retornar al punto A por el lado opuesto, sin dejar de ser recta para el observador. Si damos una vuelta a ras de una superficie circular lo suficientemente grande, nos parecerá seguir una línea recta. La gran amplitud del planeta muestra el trayecto como bidimensional, plano, recto, cuando es más bien curvo. En el universo hiperdimensional una recta trazada desde un punto A en la aparente tridimensión, dará literalmente la vuelta a su vecindad y retornará a su origen A como un bumerán.
La luz es un haz “recto”, pero al recorrer enormes distancias se dobla siguiendo la curvatura del espacio-tiempo. En 1919 la teoría einsteniana fue comprobada durante un eclipse solar en Sudáfrica. Una estrella que se veía al lado del astro rey, estaba en realidad “detrás” suyo. Su luz se doblaba por la gravedad del sol y su imagen se movía unos puntos de arco a la derecha para el observador terrícola.
La expresión “recta curvada” significa en el caso que nos ocupa, por tanto: “sucesión de punto que parte de un origen A, tal que se extienda físicamente en el espacio-tiempo, es decir, no sea imaginaria”. Según el modelo del espacio-tiempo curvo, para el cual la geometría no es euclidiana, esta recta A tiene que ser curvada si se extiende hasta el infinito.
6) “Recorre estáticamente”. La definición de un objeto de conocimiento X no es el significado de X, sino un significado más y respecto a un conjunto social. Las palabras “estaticidad” y “recorrido” tienen una característica común: son relaciones entre objetos físicos o mentales. Ahora bien, el sentido común las considera antónimas porque una denota movimiento y la otra inmovilidad. Sin embargo, esta antonimia se basa en cierto criterio egocentrista.
Si digo “el tren donde viajo está fijo para mí” significa que el tren y yo llevamos la misma velocidad. Las oraciones: “la tierra gira a mil seiscientos km/h” y “la tierra está fija” son correctas y el sentido común pone automáticamente el contexto. La ley de la inercia dice que los cuerpos, si no actúa una fuerza externa, estarán en reposo o siguiendo trayectorias constantes. La tierra, el sol e innumerables cuerpos celestes son ejemplo de ello. “La tierra gira” y “los cielos giran” son simultáneamente ciertos. De hecho, nuestro sistema horario se basa en la relativa fijeza de nuestra civilización.
Todo cuerpo “estático” del universo está, a su vez, en un movimiento superior que el observador “estático” no percibe sino infiere. Podríamos depurar la expresión del poema y decir que se traduce en: “planeta fijo-flotante que recorre-está fijo en rectas curvadas a través del espacio-tiempo”.
7) “Bidimensional esfera del planeta”. En el egocentrismo (que es la forma posible de observación directa) es imposible ver el planeta como una esfera ya que, además de no ser una esfera sino un esferoide achatado en los polos, esta conclusión surge por inferencia.
De hecho no podemos “ver” una esfera, ni una pirámide, ni un prisma. Vemos un "cuadro" del mundo para luego inferir, basados en el principio de la persistencia física, el objeto físico o mejor dicho, su forma aproximada. Una imagen consiste en la recepción de fotones en el ojo y el proceso mental de construcción correspondiente.
Supongamos una manzana. ¿De cuantas formas la percibimos? Al menos de cinco, por supuesto: podemos verla, frotarla con nuestros dedos, olerla, degustarla y escuchar el crujido. Cada percepción es una conexión parcial que construye una totalidad. En la totalidad del objeto intervienen otros elementos.
Decimos “una manzana” e inmediatamente estamos conectando ese contenido mental con un concepto memorizado (la palabra “manzana”). La materia prima de la memoria y la imaginación es la percepción, pero no hay duda que en un momento dado, el objeto está más adentro que afuera.
Ahora bien, sólo vemos aquello suficientemente denso para hacer nuestro apreciado pero en el fondo limitado acto de visión. Un haz de luz no sería visible en un espacio vacío; si vemos destellos estelares es porque impactan la retina. El resto de las ondas electromagnéticas son invisibles, debido a sus altas o baja longitudes de onda. Bien, razonamos, si lo perceptible del objeto es sólo parte de la realidad de ese objeto ¿qué es la imagen del objeto cuándo sólo constituye una parte de la parte del mismo? Cuenta la leyenda que el filósofo latino Plotino, cuando un pintor ofreció hacerle un retrato dijo: “Si soy manifestación sensible de un arquetipo ideal ¿para qué hacer la imagen de una imagen?”
Lo mismo aplicamos en este caso. Suponga, una manzana, un conjunto de átomos con miles de elementos informacionales que no pueden percibirse, todos, a la vez. “Manzana” es una manzana mental, aprendida, moldeada por nuestra memoria e incluso nuestra imaginación, una manzana que no es ninguna manzana en particular.
Ver la manzana es solo una posible percepción. La percepción no es conocimiento sino más bien como se dijo, su materia prima: el dato en relación al conocimiento. El conocimiento del objeto viene dado por inferencia, relación mental, influencia emocional y hasta ciertas ocasiones fortuitas que dotan el objeto de cargas inconscientes.
Entonces, vemos la manzana, nos acercamos, con mucha hambre, la tomamos en nuestra mano y notamos que es de cera. Buena imitación, pero incomible. La imagen no nos dice: “soy de cera”, sino apenas: “tengo la forma y el color de una manzana”. De repente observamos, en la oscuridad, otra manzana. Nos acercamos apresurados y nuestros dedos chocan con la bidimensión de una fotografía. Otra vez actuaron más nuestras ideas aprendidas que los fotones emanados por el objeto. La imagen de un objeto y todas las percepciones posibles son representaciones mentales, actos de naturaleza tan cerebral como el resto de inferencias que reconstruyen el objeto.
Dejamos sentado, con manzana o con planeta, que nunca “vemos” una esfera, sino un círculo que suponemos una esfera basándonos en principios de inferencias. La frase “bidimensional esfera” puede ser mejor expresada: “cuerpo inferido como esfera pero aprehendido como bidimensional en un plano perceptivo”.
El plano perceptivo es, del objeto, un prerrequisito. La idea y los juicios sobre el objeto se realizan a posteriori, por medios deductivos o inductivos.
8) “Externo y subjetivo”. Esta frase nos muestra que es posible la convivencia semántica en una forma “a y b” donde a es opuesto de b.
Veamos ¿Qué es lo externo? Lo que está fuera de nosotros. ¿Cómo conocemos lo externo? Por percepción o inferencia. ¿En dónde están las percepciones y los pensamientos? En la mente del sujeto. Y ¿qué es lo subjetivo? Lo que está dentro del sujeto.
Lo “externo” como tal es incognoscible hasta que se hace “subjetivo”, por lo cual podemos, incluso someter a consideración del Tribunal un principio metafísico: lo subjetivo puede ser externo si la causa inmediata de la percepción o la inferencia existe fuera del sujeto. Por lo cual, “externo y subjetivo” denota un estado del objeto en el cual éste es causa directa de su propia cognición.
Dado el carácter mental o espiritual del conocimiento, no hay límites entre lo externo y lo interno cuando del mundo mental del individuo se trata.
(Imagen: composición de FNN).
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