Este Curso para Sofistas continúa. En el bloque pasado se presentaron los dos primeros alegatos de la defensa del poeta ante el Tribunal de las Máquinas. Seguimos con los número 3 y 4 respectivamente:
3) “Incorpórea materia”. Nuestro conocimiento de la estructura atómica de la materia se realiza por inferencia, no por experiencia directa. Decir: “La materia consta de átomos” (uno, en la imagen) no implica más que inducción a partir de efectos físicos observables.
Partiendo de esto, intentaré demoler la contradicción invocando el célebre razonamiento de Berkeley respecto a la irrealidad de la materia. Según el precepto, la materia existe porque es percibida. Si está en el universo y jamás tenemos conocimiento de ella, para nuestro antropocentrismo no existe.
Cualquier manifestación de la misma no es más que un efecto sobre el cerebro. Si vemos una piedra, no vemos la piedra en sí, sino un contenido mental que llamamos “imagen de la piedra”; si tocamos la piedra, su textura o dureza son impresiones sensibles que se manifiestan en el cerebro a través de impulsos nerviosos algo sofisticados y así sucesivamente. La materia en otras palabras, no existiría si no fuera objeto de percepción.
Este idealismo absoluto no es, del todo, satisfactorio y a decir verdad groseramente limitado. Pero nos conduce a considerar lo siguiente: si lo personal es, hasta cierto punto, lo real, entonces en la “realidad” sicológica la materia no existe excepto como término de un sistema cognoscitivo sujeto-objeto.
Desde esta perspectiva incluso lo que caracteriza la “materia” (partículas sub-atómicas) es conocido por inferencia o relación mental. La materia, como algo duro y pesado, no existe.
Hundamos el dedo en la llaga. El concepto de materia ha sido subordinado al de energía, esto es, que la materia es una forma concentrada de energía y que la masa de un cuerpo es la medida de la energía que consume internamente. A esa capa se sobrepone una perceptiva y a ésa un nombre (otra capa) in infinitum.
La diferencia, por ejemplo, entre una mesa y una corriente de aire es la mayor acumulación de átomos en aquella. Luego razonamos: si la mínima división de un cuerpo material es el átomo y familia ¿por qué no se consideran “materia” ciertas acumulaciones atómicas menos densas, como el aire? ¿Será el prejuicio de considerar la materia como “dura” y “pesada”? Si responde afirmativamente, procede la pregunta: ¿no es la sensación táctil un proceso, a la postre, mental?
Podemos sentir y en menor medida tocar el aire, pero no “sentarnos” sobre él... la condición gravitatoria de “peso” rige nuestro cerebro sometido a 1 g. Igual ocurre con la corporeidad.
El enunciado “incorpórea materia” no puede considerarse correcto, pero tampoco falso, ya que si la “materia” es una falacia también lo es la corporeidad, por lo cual la frase significaría, más o menos, “forma de energía que prescinde de corporeidad”.
4) “Apoyada sólidamente más flotante”. Si un cuerpo se apoya, significa que experimenta una relación gravitacional de cuadrado inverso con un objeto de mayor masa que lo atrae. Si se observa cuidadosamente el enunciado veremos que contrapone dos puntos de vista: uno de observador ubicado en el objeto “apoyado más flotante” y otro ubicado fuera de éste.
Si nos ubicamos en el objeto físico flotamos con él, porque nada de igual densidad (léase concentración de energía) rodea su ámbito. La tierra flota (atraída por el sol y repelida por su tendencia centrifuga) a unos mil seiscientos kilómetros por hora sobre su eje y a unos 150 mil km/h alrededor del sol.
Desde la perspectiva exterior, y apelando el principio: “la masa es una forma de energía”, observamos que la tierra está apoyada sólidamente en una tensión equilibrada de fuerzas cósmicas. Se entienden el sustantivo y el adjetivo “sólido” como dotados de una alta densidad atómica y se asocian con impresiones táctiles de dureza. “Sólido” apela a una forma específica de “materia” pero, dado que la masa es una forma de energía, el error del enunciado es expresivo, no físico.
El concepto de “sólido” como “concentrado en átomos” es una interpretación deficiente y se debe a un prejuicio del sentido común alimentado por años de mecanización. Las palabras son meras comodidades...
De forma inconsciente, por convención, tomamos el adjetivo “sólido” como deducible del sustantivo “materia”. En el ámbito de la comunicación diaria esta sinonimia es perdonable y hasta útil, pero en el rigor físico se incurre en una contradicción menos perdonable que la atribuida a nuestro cuestionado poeta.
Si la materia es un grupo de partículas ¿no es el aire “materia” en el sentido primo del concepto? ¿Y el agua? “No -dirá la parte acusadora-, porque el aire no es sólido”. Y le pregunto: “¿no quedamos en que sólido es atributo de algunas formas de “materia” y no “materia” una condición de la relación “solidez”? Porque es imposible que exista la “solidez” antes que la “materia”.
Por ello un objeto físico puede “flotar” apoyado firmemente en el espacio-tiempo continuo y su oscilante urdimbre. El error es expresivo porque, en rigor, significa: “si solidez es condición de materia a escala humana, el espacio interestelar entre cualquier par de cuerpos puede considerarse “sólido”, sometido a gravitación y dador de apoyo por ser, como la materia, una forma de energía”. Defender a este acusado es arduo, mas lo intentamos.
(Imagen: átomo por Tinka Sloss del proyecto NASA ESIP, con plena autorización de su autor. Ver.).
Sábado, 18 de febrero
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal
Jordi Jaumà Bru| Febrero 2012 | ||||||
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