En la entrada anterior de este Curso para Sofistas, el Tribunal de las Máquinas presentó detalladamente los cargos acusatorios contra el texto de un extraviado poeta. Ahora le toca a la defensa:
1) “Dispersa concreción”. Si tomamos “concreción” como generalidad, es decir, como género de todos los procesos de concreción particulares, podemos imaginar procesos de concreción que sucedan simultánea o variablemente unos de otros. Separados, pero cercanos, como el amasijo de protogalaxias posterior al Big Bang. La concreción, en vez de estar en un punto único, ahora se distribuía y, como siempre fue desigual, creó un tejido... algo que no es una singularidad.
La “dispersión” sólo implica que varios sucesos que participan de la cualidad “concreción” ocurren a diversos intervalos uno de otros. La frase equivale a un simple conjunto c1, c2, c3... cn tal que su género es C, donde las c minúsculas son procesos particulares y la C mayúscula es la “concreción”.
2) “Eternos momentos indivisibles”. En matemática se entiende infinito como:
a) Un conjunto cuyo cardinal es una sucesión no determinable por extensión; por ejemplo, los números naturales N o, en general, cualquier serie convergente.
b) Una progresión que sea un infinito numerable, es decir, que a cada individuo de la población se le pueda asignar un número natural distinto.
c) Un conjunto de incontables e imprecisas posibilidades como, por ejemplo, los cocientes de una división entre 0.
Llamemos a los tres conjuntos anteriores, respectivamente, “a”, “b”, y “c”. Bien, hagamos un sacrilegio:
“a” + “b” = “c”, siendo a = b = c.
¿Ilógico? No. Un conjunto infinito tiene el mismo valor que varios conjuntos de su mismo tipo (no se pueden sumar las extensiones sin fin).
En otras palabras, a = 1, 2, 3, 4, ...; b = 2, 4, 6... y “c” = 3, 5, 7, 9, 11... . Lo que los caracteriza no es el origen, ni la función que desarrolla la sucesión, sino el no-fin como límite lógico, por lo cual se denotan “∞” (símbolo de infinito).
Decir “∞ + ∞ = 2” sería considerar “∞”, meramente, una cantidad finita, dado que sólo lo finito se puede añadir a lo finito y dar un resultado diferente a ambos sumandos.
Cualquier ecuación entre a, b, y c debe dar “∞”. Por ejemplo, a - b = c; c + b = a; a x c = b; a = b = c, etcétera.
De este razonamiento se desprende que, si considero la “eternidad” como un momento de duración infinita o, por otro lado, una sucesión infinita de segundos, podemos “reducirla” o asociarla con el tipo de entidades capaces de aceptar la denotación “∞”.
Luego “un eterno momento indivisible” solo peca de tautología, no sinsentido, porque afirma que no tiene principio ni fin la duración de la eternidad. Por lo tanto, un “eterno momento indivisible” es una entidad lógica que puede denotarse “∞” (símbolo matemático de infinito).
Al decir “momentos” ya pluralizo, pero en un sentido psicológico, varias entidades del tipo “∞”, por lo que, cualquiera sea su cantidad, el resultado siempre será “∞”. El enunciado es, sin más, una multiplicidad que se construye para provocar, para lograr que las máquinas perciban las profundas contradicciones de lo obvio.
Sigamos adelante con los alegatos.
Viernes, 17 de febrero
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal
Jordi Jaumà Bru| Febrero 2012 | ||||||
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