La siguiente es una guía por analogía para quienes aspiran construir o destruir realidades con la fuerza sofisticada de las palabras:
Alguien escribió un extraño texto:
“Dispersa concreción de eternos momentos indivisibles. Incorpórea materia que, apoyada sólidamente mas flotante en rectas curvadas, recorre estática en su bidimensional esfera un planeta externo y subjetivo”.
Según opinión de algunos expertos revisores, el párrafo anterior puede ser una de estas tres cosas: a) La prosa más absurda de un poeta medio “tocado”; b) El intento de crear una sucesión ininterrumpida de contradicciones o c) Un texto relativista de insuficiencia voluntaria.
El juego consiste en que un tribunal insólito, digámoslo así, el tribunal de las máquinas, decreta que ese fragmento no tiene sentido y que debe ser abolido. Quien participa en el juego debe defender a su autor y probar o convencer al jurado que la prosa, incluso si no puede validarse científicamente, tampoco puede decretarse como “absurda”. ¿Cómo hacer para defenderlo, de modo que se haga parte de la cultura y no de la hoguera? ¿Cómo rescatar esa pieza oratoria del sinsentido al que la Fiscalía lo quiere condenar? ¿Podemos dar sentido a una oración que expone las “deficiencias” que se le señalan?
He imaginado esa defensa. Aquí está mi alegato, es decir, el resultado de jugar este Juego Lógico:
“El sentido común reclama nociones aparentemente indudables y crea un lenguaje que representa tal conjunto “indiscutible” de conocimientos. A niveles inconscientes se llega a pensar que las palabras son tan ciertas como las relaciones que representan.
" ´Dos objetos iguales a un tercero son iguales entre sí´, es un ejemplo de lo anterior. Pero tal como han mostrado desde filósofos hasta simples “acróbatas” del lenguaje, es posible invalidar a placer un enunciado decretado “cierto” por el sentido común. La falacia es más sencilla que la ciencia. En este caso usaré –entre otros- el método de resaltar la ambigüedad típica de las palabras, establecer su carácter puramente convencional y demostrar la coherencia última de la poesía.
Nuestro poeta, autor del párrafo inicial, es cuestionado con encono por el sentido común, que es la religión secreta de las máquinas. Pasemos a considerar las contradicciones exxpresadas en los cargos que se le imputan al texto de marras.
Examine los cargos en la siguiente entrada.
(Imagen: composición de FNN).
Sábado, 18 de febrero
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal
Jordi Jaumà Bru| Febrero 2012 | ||||||
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