En la saga de El planeta de los simios (1968), del francés Pierre Boulle publicada en 1963, los astronautas adelantan miles de años en el futuro y llegan a un lugar similar a la Tierra. La sociedad humana ha sido relegada a un estado animal salvaje, sin lenguaje, dominada por diversas castas de simios (chimpancés, orangutanes, gorilas). Hasta ahí no hay paradoja.
Pero si los universos paralelos existen, el asunto se complica. Acaso coexistimos con infinidad de líneas de tiempo distintas, que no se cruzan o lo hacen en escasísimas ocasiones. U ocurren pero en otras realidades o dentro de otras mentes...
En la epopeya simiesca (se hicieron cuatro películas posteriores y una serie de TV), el astronauta sobreviviente escapa y organiza una gran revuelta que termina por devolver una familia de chimpancés al pasado (su futuro inicial). Esos simios cambian por entero la historia humana desde entonces, es decir, son la causa de sí mismos en el futuro.
Viva la suspensión del descreimiento
Esa visión ha revivido en películas como Terminator de 1984 o Volver al Futuro de 1985, en las que sus héroes y villanos viajan (hacia atrás y en la primera también hacia delante) para cambiarlo. En la del androide una sociedad robot del futuro envía al presente un sicario cibernético. ¿Su misión? Eliminar a la madre del líder de una rebelión que viven en el futuro (presente) de las máquinas.
En la película de Robert Zemeckis el protagonista viaja por accidente al pasado y, al entorpecer el que su padre y madre se conocieran en 1955, pone su propia existencia en peligro (al punto de comenzar a desvanecerse). A pesar del aparente determinismo que plantea, al final el film acepta la hipótesis del pasado-futuro modificable. En este caso, sobre la misma línea de tiempo.
En el cuento de Julio Cortázar "La noche boca arriba" ocurre un salto prehispánico, pero no en la dirección que uno imagina. El autor se burla del “presentismo” vanidoso, esa afirmación de que nuestro tiempo (y más radicalmente, sólo el ahora) es el centro dinámico del Universo, la medida de todas las cosas. El viaje en el tiempo de ese cuento es mítico, pero a la vez concreto.
Hay un film, un tanto subestimado al principio, pero que ha ganado prestigio con el tiempo: Día de la Marmota, de 1993, protagonizado por Bill Murray. En vez de un viaje, ocurre allí una permanencia en el tiempo. No importa qué hiciera (incluso matarse), ni cómo lo terminara… siempre amanecía en la misma cama, a la misma hora, en el mismo exacto día, el cual podía cambiar pero que se iniciaba ad infinitum. Es un ciclo desesperante, que le hace vivir muchas vidas sin salir del mismo día y le cambia el mundo para ¿siempre?
Pídele al tiempo que vuelva, de 1980, es una historia edulcorada pero contiene una forma inusual de volver al pasado: un escritor (Chistopher Reeves) practica la auto hipnosis y la obsesión para viajar de los 1980s a 1912 y (re)conocer al amor de su vida: una actriz que lo llama desde el pasado. El caso es que el hombre lo logra pero, como en la aventura de Zemeckis, nuestro héroe es arrastrado al presente (¿futuro?) por un acontecimiento imprevisto y casi trivial.
Un verdadero abuso de la paradoja, ya no de los abuelos sino de los tatara tatara abuelos, lo comete Homero Simpson en un capítulo de su famosa serie. Allí descubre una máquina del tiempo poderosísima, camuflageada en una tostadora. Homero recordó una máxima de su padre: si alguna vez viajaba al pasado, que no tocara nada.
Nuestro héroe, con su torpeza habitual, retrocede hasta cuando las primeras criaturas marinas probaban suerte en el medio terrestre. Sin querer, aplasta al primer voluntario y previene que se desarrolle la vida tal cual la conocemos.
Homero vuelve al futuro, ve que su familia no es la de siempre (eran a veces monstruos o amorfos) vuelve al pasado pero siempre toca algo: una flor o contagia de gripe a un dinosaurio y crea un extinción en cadena.
Igual en "La máquina del tiempo" de Wells: puede trasladarse al ayer, pero no modifica los grandes acontecimientos. De modo que se lanza a un futuro no paradójico.
En próximas entradas, examinaremos otros ejemplos de viajes en el tiempo cinematográficos o literarios. Y también los más misteriosos y difusos (parece mentira), los de la física. Tampoco obviaremos viajes en el tiempo subjetivos, como la nostalgia o la memoria sublimada.
Por los momentos queda el mantra: si alguna vez usted viaja al pasado, por favor no toque nada.
(Imágenes: Fotograma de la odisea de Homero, el otro..
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Una nota bien expuesta. Felicito a la gente que trabajó en ella.
Yo soy una persona que le encanta encontrar información sobre los viajes en el tiempo y como se los ha insertado en la literatura y en el cine.
Les dejo un cálido saludo desde Bahía Blanca, Argentina.
Viernes, 17 de febrero
Saúl Blanco Lanza
Rosa María Rodríguez Magda
Juan Antonio Reig
Fernando Núñez Noda
Hiroit
Nicolás Ruiz Humanes
Nancy Casal
Jordi Jaumà Bru| Febrero 2012 | ||||||
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