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La cárcel es un demonio inspirador

24.06.06 | 08:45. Archivado en Del devenir
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Nada peor que una prisión para quien no se dedica a las letras, podríamos decir. Porque para poetas y novelistas lo inevitable de las cuatro paredes, el largo tiempo disponible y quizá la necesidad de ejercitar la imaginación incitan un frenesí creativo que ha dado grandes obras.

El apóstol Juan (aunque algunos expertos afirman que es otro Juan) escribió el Apocalipsis, prisionero en la isla griega de Patmos.

Marco Polo redactó sus peripecias de Cipango en una fría y pétrea cárcel de Génova. Miguel de Cervantes, a finales del siglo XVI, le dio al mundo la mater novela de todos los tiempos desde una oscura reclusión. Se sabe que Francisco de Quevedo, contemporáneo del manco de Lepanto, también conoció el encierro, precisamente por la ironía de su pluma.

De Sir Walter Raleigh, el hombre que llevó el tabaco a Europa, se dice que conspiró contra el rey Jaime I y fue condenado a cadena perpetua. En la mazmorra de un castillo se dedicó a reseñar su Historia Universal. Voltaire, un siglo después, fue "encanado" por ridiculizar a un duque. En esos once meses de privaciones escribió el poema épico "Las Heráides", de gran celebridad posterior.

Giacommo Casanova quien, entre cortesana y cortesana, escribió bastante, protagonizó una espectacular huída de la “cárcel del plomo” de Venecia. El irlandés Oscar Wilde produjo dos poemas de trágica y profunda belleza, "La Balada de la Cárcel de Reading" y la "Epístola In Carcele Di Profundis". Estaba acusado de homosexualismo por un marqués autor de las leyes del boxeo.

Aunque no propiamente preso, Bolívar redactó su "Carta de Jamaica" como exiliado en esa isla. José Martí sí llegó a estar prisionero y sus escritos se multiplicaron con los confinamientos.

Hasta Bertrand Russell, el filósofo, matemático e intelectual inglés conoció una prisión de Londres hacia 1915. Allí concibió su "Introducción a la Filosofía Matemática", que completó en los seis años de encarcelamiento.

Dos venezolanos: Rufino Blanco Fombona y Andrés Eloy Blanco estuvieron muy activos con la pluma y los barrotes. El primero construyó su pensamiento político en oscuros sótanos del siglo XIX. El segundo se vio obligado a cincelar en las paredes de los calabozos gomecístas (no tenía papel ni lápiz).

Pero quizá el episodio más espectacular le pertenece al genio ruso Fiodor Dostoevski, en la segunda mitad del siglo XIX. Condenado a muerte por conspirar contra el zar, es llevado al pelotón de fusilamiento. A punto de escuchar la orden de fuego aparece un mensajero que anuncia un cambio de sentencia: en vez de muerte, trabajos forzados en Siberia.

Cumplió sólo cuatro años y, si bien en la cárcel no escribió mucho, la experiencia general lo impulsó a publicar "Crimen y Castigo", "Los Hermanos Karamázov" y, en fin, algunas de las más grandes novelas de la historia literaria. ¿Cómo se llamó el libro que publicó luego de salir? "Historias de la Casa de los Muertos". Por algo sería.

(Ilustración de Roberto Weil para la edición de Sivensa Global, #25, 1995).

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por sanserif 03.10.07 | 17:59

    Habría que mandar a más de uno a que se inspirara.

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